En algún lugar, hay un hombre que no puede soportar el sonido de mi nombre porque se hace eco de todo lo que se niega a admitirse a sí mismo.
No creo que me odie, creo que odia la versión de él que aparece cuando yo existo, la que no puede esconderse detrás de excusas, o el tiempo pasado, o en la típica frase “esa fue una época diferente de mi vida", porque cuando lastimas a alguien y esa persona no desaparece en silencio, cuando no se encoge o se suaviza y no te hace más fácil el vivir contigo mismo, empiezas a buscar una manera de convertirla en la culpable.
Así que me mantiene a distancia en su mente, me llama dramática y difícil. Una historia que fue malinterpretada, porque las etiquetas siempre son más ligeras que la responsabilidad. Crea en su mente cualquier cosa que lo deje dormir sin reabrir la puerta a lo que hizo con plena conciencia y ambas manos.
Mientras tanto, yo lo he estado llevando de manera diferente. Aprendiendo a respirar de nuevo sin estremecerme ante la bondad repentina o dudar de mis propios instintos. Lo que él rompió no me convirtió en alguien cruel, me hizo precisa, cuidadosa de dónde pongo mi confianza, consciente de cómo el daño y la manipulación se disfrazan de encanto y confusión.
Él probablemente piensa que todavía estoy enojada, todavía definida por lo que me hizo, y lo estuve por un tiempo. Pero la verdad es que dejé de vivir en ese momento el día en que me negué a dejar que su silencio se convirtiera en mi responsabilidad.
En algún lugar, todavía está reorganizando el pasado, para que así este no señale devuelta hacia él. Y en este momento, ya yo no estoy interesada en ser parte de la historia que cuenta solo para sobrevivir a sí mismo y poder mirarse al espejo.
- Verona P.





