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Una vez que se pasó la prenda por encima de la cabeza, colocándose la camiseta de cualquier manera sin prestarle atención si estaba arrugada o al menos ladeada, se sentó en la cama en el punto exactamente contrario al que estaba ella, dándole completamente la espalda. Distante. Siendo ella misma, en realidad. Demostrando que las palabras de James le entraban por un oído y le salían por el otro, rebotaban inofensivamente contra ella, sin calar nunca en su forma de ser. - Dios.- inclinándose hacia delante, clavando dolorosamente los codos en sus rodillas, apoyó la cabeza durante unos segundos sobre las palmas de sus manos, tratando de pensar. O de no hacerlo, casi mejor. Dejarlo correr, como hacía siempre. Pero llegados a ese punto simplemente no se veía con las suficientes ganas de hacerlo. ¿Por qué siempre tenía que ser él el que tragase, el que cediese en todo? ¿Odiaba que la besara en público? Pues muy bien, no lo hacía. ¿No quería que le dijese a alguien que estaban juntos cuando todo el maldito colegio lo sabía? Vale, se quedaba callado como una tumba, poniendo excusas o inventándose mil y uno motivos para no quedar con alguna chica o lo que fuese, quedando como un idiota a los ojos de los que sabían la verdad. Poniéndose de pie como si algo le hubiera soltado un tremendo calambrazo, se volvió hacia a ella, supurando rabia por todos los costados de su cuerpo.- ¡Joder! ¿Quieres reaccionar de una puta vez? Te odio.- masculló entre dientes, casi mordiendo con saña las últimas dos palabras. Con la respiración agitada, esperó que el peso que seguía notando en el pecho desapareciera, que el alivio recorriese su cuerpo y quedarse en paz. Pero nada. Porque sabía que no la odiaba. Que si lo hiciera, las cosas serían mucho más fáciles y no le importaría que Autumn pasase de él o no. Negando suavemente con la cabeza, con la mirada puesta en el suelo de madera que estaba bajo sus pies y sin saber si ella se había vuelto tras sus palabras para mirarle, respiró hondo.- No, no es verdad. Te quiero. Te quiero Autumn.
James L. Norlander
Se levantó del suelo ayudándose de las manos, pero entonces notó el agudo dolor de una de sus palmas. La inspeccionó por el rabillo del ojo, más atenta a los movimiento de Dana que al dolor que se extendía por todo el brazo; el del codo tampoco había desaparecido. Nunca había visto así a la Ravenclaw, a decir verdad, jamás se había atrevido a replicar o atacar a Autumn, y aquello la sorprendió aunque a primera instancia, ni siquiera lo demostrara. Sus ojos estaba totalmente clavados en los de su prima, y ante las palabras, una de sus cejas se elevó nimiamente mostrando, así, su escepticismo a lo que estaba pasando. Las palabras llegaron a su mente, pero no parecían tener reacción alguna en Autumn que se mostraba impasible a cada ataque verbal de la Ravenclaw. ¿No era nada? ¿Entonces que hacía ella todavía aquí? ¿No le había dicho que desapareciera desde el primer momento? Sí, pero Dana tenía que mostrar el orgullo que llevaba dentro. Al parecer había crecido, el porqué era algo que escapaba totalmente de los conocimientos de Autumn y, le daba igual. ¿Y? Ella no quiere ser como su hermana, ni quiere ser tampoco como Aiden. No le gusta ser el centro de atención, no le gusta el quidditch, no le gusta nadie, odia el colegio y ojalá pudiera irse, desaparecer y que la dejaran en paz. ¿Qué sólo hacía pociones? Sí, ¿y qué? Es lo que más le gustaba y por eso no iba a sentirse mal. No contestó a Dana, no se permitió replicarle; desmotrándola que no le importaban sus palabras. Se sumió en el silencio y la frialdad de su mente. "Lástima." fue la palabra que se repitió en su mente, producida por la voz de Dana y después por la de su ídolo, Cassandra, madre de la Ravenclaw y tía de Autumn. Aquello casi hizo que apretara los puños contra su cuerpo, pero no lo hizo, se obligó a relajar la musculación y dejó que Dana se fuera; lo único que le había pedido que hiciera dos veces y no había hecho. Se volvió de nuevo, hacia la mesa que había destrozado una poción mal hecha y la miró con rabia, con las ganas de romper todo lo que se le viniera por delante. Nuevamente no se permitió aquel alarde de sentimientos. Tomó su varita y lo recogió todo con unos simples hechizos. No tardó mucho más en salir del aula, con la cabeza alta y el rostro casi convertido en mármol caminó hacia su Sala Común, perdiéndose entre las mazmorras laberínticas.
Autumn Dawnson
What hurts the most ~ Rascal Flatts
- ¿No te quiero?- una pregunta retórica que no espera que sea contestada. De hecho, prosigue, impidiendo que cualquier respuesta salga de la boca de ella.- No sé... lo que siento October. Únicamente quiero...- joderte la existencia, romper tu corazón en cachitos irrecuperables y que aprendas lo que significa de verdad la palabra odiar.- intentarlo. Ver lo que pasa. Si algo sale mal, nos olvidamos del tema.- vuelve a colocarse en la misma posición que antes, cara a cara, respirando el mismo aire que ella.- ¿Crees que podrás?- alza la mano para acariciarle la mejilla. Una mentira tras otra. Aunque se ha empleado a fondo como de costumbre, intentando que las mentiras abandonen sus labios de manera natural y fluída, a sus oídos han sonado forzadas. Pero sabe que ella se las tragará como una estúpida, pues está tan ansiosa de que la ame como lo hace ella que no reparará en los pequeños detalles.
Aiden Redfern
Durante el camino de vuelta a casa mientras veía pasar distraídamente las calles de Londres, a penas pudo pensar en otra cosa que no fuera el beso que Aiden había depositado en su mano y el sentirse atrapada completamente en aquel cambiante mar gélido.
Ni siquiera recordaba si había conseguido despedirse de los padres de su prometido, sumida como estaba en profundo letargo en el que la imagen del chico, su última sonrisa, cargada de ironía y seguridad, parecía grabada a fuego en su retina. Apoyando la cabeza contra la tapicería del coche, lanzó un suspiro tembloroso con el que se ganó la atención de su madre. - ¿Y bien, Raina?- volviéndose sobre el asiento la regaló una sonrisa cómplice.- ¿Qué te ha parecido tu prometido? Al final ha resultado razonablemente guapo… Abrazándose a sí misma, notó como su pálida piel se sonrojaba graciosamente. Sabía el mensaje que había detrás de las palabras de su madre. “¿Ves, niña tonta? Has estado a punto de despreciar un matrimonio más que ventajoso por un capricho infantil.” Incluso ella misma se sentía absurda. Volteando el rostro hacia el cristal, esbozó una sonrisa que sólo podría calificarse como retorcida hacia su reflejo. - Es mucho más que eso.- discrepó.
--- Raina L. Burke