Momentos atrás jamás me hubiera imaginado todo lo que viviría a tu lado. Eras solo un chico caminando a los alrededores de un salón vacío, cargando una cámara y una chaqueta verde. Sin propósito alguno dentro de mi vida, fuiste una sombra que aún no tomaba forma alguna, alguien al cual no encontraba interés alguno por conocer.
Un día de otoño, decidimos recorrer las calles vacías del lugar que dices llamar tu hogar. Me enseñaste tus lugares favoritos y me recitaste lo mucho que significaban para ti, para serte sincera, quede fascinada con lo colorido que sonaban tus palabras al hablar. Ese día casi no hable, deje que se te agotara el aire de tanto conversar. Y ahí, comenzó todo.
Después de mucho tiempo decidí abrir mi corazón y dejar que alguien tomara posesión de él, las personas cercanas a mí se sorprendieron tras saber que dejaría que sucediera tal acción, que luego conllevaría a una muerte segura. Lo pensé más veces de lo que te imaginas, nunca dejo que este tipo de cosas me sucedan. Toda mi vida he decidido ser sobreprotectora de quien entra y quién sale dentro de mí. Esta vez, solo me deje llevar.
Esta vez no buscaba nada de nadie y en tan poco tiempo conseguí conocer partes de ti que no pensaba que existían. Me regalaste tantas primeras veces, si bien nunca me había gustado alguien con tanta intensidad. Aun así, estoy consciente de lo poco que signifique yo en tu vida.
Me gustaba seguir recorriendo calles vacías y llenas. El amanecer era nuestro y sus colores vivos nos esperaban todos los domingos para guiarnos por el nuevo camino que íbamos a recorrer ese día. Pinturas y música formaban parte de aquella primavera en la cual tuve la oportunidad de sentir lo cálido de tu compañía. Siempre estabas tú por tu lado y yo por el mío, caminando sin rumbo alguno tu presencia era más que suficiente.
Un día decidiste enseñarme una parte de ti que anhelaba desde mucho tiempo atrás. Me recostaste a tu lado y me acogiste en tus brazos solo para darme un beso que me hizo ilusionarme. Continuaste haciéndolo por bastante tiempo y me abrí ante ti de la manera más sincera posible. Lo sabias, yo sé que sabias todo. Sé que entendías lo que estaba pasando y como me sentía, entonces ¿Por qué seguiste? Esa misma tarde me llene de nubes y estrellas que me rodearían toda una eternidad dándole vueltas a mi cabeza y llenándome de fantasías que jamás ocurrirían.
Poniendo mis pies en la tierra, desvanecí todo aquel pensamiento relacionado con ese día pero lo volviste a hacer. Me tomaste de la mano por debajo de la mesa sin justificación alguna, ¿Qué buscabas de mí? Sabías lo que sentía por ti, ¿Por qué lo hiciste? En una noche llena de melodías diferentes, me miraste a los ojos y lentamente te acercaste a mí para envenenarme nuevamente de tu presencia. Aún recuerdo lo diferente que se sintieron tus labios ese día y como fueron llenando este corazón que alguna vez estuvo vacío.
A veces me desesperaba el hecho de no saber lo que pensabas sobre mí. Tenía miedo de preguntarte y alejarte de mi lado. Es solo que me gustabas y mucho. Hacías que me despertara todos los días más temprano de lo normal para poder tomar un café sin azúcar ya que me sabía dulce solo con pensar en que te vería.
Pero no siempre el café fue dulce y con el tiempo opte por volver a ponerle azúcar a aquello que una vez me sabia exquisito.