-¿tan mal me veo?.- paso su mano por su rostro, creía que últimamente estaba muy pálida pero al parecer la anemia la tenía un poco mal. A pesar de eso no quería faltar a la fiesta de cumpleaños de Gaia. -Espero que te hayan gustado las flores que están allá.- y señalo un arreglo de rosas blancas en la mesa donde se encontraban los demás regalos.
Fue mas fácil evitar que el muchacho volmitara allí mismo, que encontrara a Gaia de nuevo. De todas maneras, llegó hasta alli y con sus orbes celestes de nuevo, reconoció a la pelirroja.— Oh, e-eran tuyas… —y una sonrisa cortes era su excusa por la interrupción, dándole una rápida vista al lugar designado para los regalos alli, y si, era un gran racimo de flores. —Hola Isabella, bienvenida —se encogió de hombros, para voltear hacia la pelinegra, mas que preocupada por todos eso. Se suponía que solo seria una pequeña reunión en casa de Theo, pero aquello se esparció como pólvora. Y fue allí que sintió en la alemana. La miró de soslayo, casi como si no quisiera constatar que aquello era efectivamente causado por la pelirroja. Le extendió el vaso de agua que le traía a la cumpleañera —Ten… diviertanse… —le sonrió a ambas, y comenzó a empujar al muchacho que seguía en trance hacia el baño. Tuvo que contener su respiración, su estomago ahora se sentía pesado.
Sonrió arrepentida por su comentario anterior, pero no lo suficiente para pedir una disculpa, inclusive si se trababa de Isabella Fletcher, pero sus mejillas adquirieron un tono rojizo por la vergüenza. Acomodo su cebello por detrás de sus oídos en un movimiento recatado y aparto la mirada hacia las flores mientras comentaba -Te ves muy pálida- con un hilito de voz mediando entre la culpa y la curiosidad. Miro las rosas blancas atentamente, dándose cuenta de que eran hermosas y que hace mucho tiempo que nadie le regalaba flores. No era que no le gustaran, era que le recordaban a los funerales y las habitaciones de hospital, aun así, logro dibujar una linda sonrisa en su rostro. -Son muy hermosas, muchas gracias…- y sintió como si estuviera haciendo algo incorrecto apenas escucho la voz de Josephine, como si fuera una niña pequeña en medio de una travesura y de pronto se sintió sumamente confundida.
Era tonta por nunca imaginarse antes a ellas dos en la misma habitación, a fin de cuentas, iban a la misma universidad y Aiden Fletcher era un conocido recurrente para ambas, así que Isabella lo era por asociación, no obstante, en la mente de Gaia las dos vivían en mundos completamente diferentes y completamente separadas. Tenerlas ahí era como un experimento social en extremo bizarro. Así que fue como si el alma se la salieron del cuerpo, no sabía que hacer y mucho menos qué decir, por eso no hizo nada hasta que Josephine le extendió el vaso con agua, que oportuno, tenía unas terribles ganas de ahogarse. Balbuceo un -Gracias- y un par de cosas más, incapaz de contestar la sonrisa, y la vio empujar al chico del que se había olvidado hasta ese momento. Quizá fueron todas las cosas que había comido esa noche, pero de pronto se sentía enferma. Deseo seguir a Josephine y hacerle una de esas preguntas idiotas; ‘¿estas molesta?’, pero no lo hizo. Cuando volvió a mirar a Isabella Fletcher quiso disculparse, a pesar de que no estaba segura de por qué, excusar el comportamiento de Josephine mientras que le explicaba que ella había organizado esa fiesta, lo mucho que los quería, a ella y a su hermano, y que ella la quería también, pero era algo que estaría fuera de lugar.
Lo peor de formar parte de x factor era que recibías llamados cualquier día a todas horas, por eso no se sorprendió al escuchar el ‘bip bip’ que significaba debía haber algún problema en algún lado, en aquel momento se sintió como una bendición. Como si acabara de despertar de un largo sueño, Gaia parpadeo un par de veces, dejo en baso de agua, aun inmaculado, sobre la meseta de la cocina. -Lo siento, tengo que atender- trató de sonar como si de verdad estuviera angustiada por aquel hecho, y le salió tan bien que sintió que debía felicitarse a su misma. Paso a un lado de Isabella, tocándole brevemente el hombro, y una vez que estuvo en el pasillo soltó todo el oxigeno que contenían sus pulmones, no se molesto en tomar la llamada de su celular porque sabía que en ese momento era más un estorbo que ayuda, además de que sinceramente no le importaba. Era su fiesta de cumpleaños y lo único que quería era desaparecer, contuvo un par de lloriqueos mientras se dirigía a la escalera para incendios, dispuesta a escapar lo más rápido posible.