Me dan miedo los finales.
Me da miedo despertar un dĂa (o no despertar) y que no quede nada. Y si fuera escritora, asĂ es como empezarĂa mi novela.
No empezarĂa asĂ mi novela, ni tampoco creo que escriba nunca una, lo que sĂ es cierto es que me dan miedo los finales. Por eso me cuesta tanto empezar, porque eso significa que en algĂşn momento tendrĂ© que acabar y, como he dicho, eso me asusta.
ÂżCĂłmo me afecta este miedo en el dĂa a dĂa?, os estarĂ©is preguntando. Bueno, la verdad es que lo más probable es que os dĂ© igual. Pero como a mĂ me da igual que a vosotros os de igual, os lo voy a decir: pues depende del dĂa. A veces no me afecta. No es como que me pase cada segundo pensando en mi mayor miedo. Creo que nadie lo hace. Creo que lo más normal es evitar pensar en las cosas que nos dan miedo con tal de no entrar en una espiral de paranoia.
Pero, otras veces, como a todo el mundo me imagino, mis miedos me afectan. Me llevan a evitar conflictos a toda costa, por ejemplo. Jamás, jamás, jamás me veréis empezar una discusión voluntariamente. Incluso aunque sea una discusión necesaria para mantener la paz. Si hay algo que me molesta de otra persona que es fácilmente resoluble con una conversación, lo más probable es que no diga nada por miedo a que la cosa acabe escalando y conduciendo al final de la relación (que no tiene porqué ser necesariamente romántica, que os veo venir).
Que mi miedo me afecte no es siempre malo, sin embargo, porque tambiĂ©n hace que viva las cosas con más intensidad, al ser consciente de que pueden acabarse en cualquier momento. SĂ, soy una intensa, lo sĂ©.
Lo que no sé, es hasta qué punto es lógico tenerle miedo a los finales, sobre todo si consideramos que son los finales lo que le dan sentido a la vida.
Pongamos la muerte como ejemplo, el más grande y Ă©pico final de nuestra existencia. Es la certeza de que nos vamos a morir lo que nos empuja a intentar sacarle el máximo partido a todas nuestras experiencias. Sabemos que cada segundo que pasa es un segundo menos que tenemos para intentar mejorar nuestra existencia. Imaginaos un futuro sin muerte, un futuro en el que todos logramos sobrevivir a todas esas enfermedades y guerras que inundan nuestro planeta. Y al calentamiento global, a eso tambiĂ©n ÂżPara quĂ© molestarme entonces en formarme en enfermerĂa si de todas formas es muy probable que en el futuro todas nuestras enfermedades sean curadas por máquinas? Como en esa pelĂcula protagonizada por Jennifer Laurence, Passenger, donde los personajes se meten en una cápsula, y esta les dice lo que tienen y los cura.
Lo que quiero decir es que sin los finales toda nuestra existencia carece de sentido. Creo que por eso me asustan; son demasiado importantes en nuestras vidas como para pasarlos por altos. Esto no significa que me de miedo la muerte. O al menos, eso creo. Supongo que si de verdad no temiera a la muerte, no miraria a los dos lados de la calle antes de cruzar. La muerte es, después de todo, un final. A lo mejor, es simplemente que soy muy joven y no me apetece morir.
No sé, todo este tema es muy complejo. Igual que acabar este texto.
Al fin y al cabo, me dan miedo los finales.