VECINA
Un espacio cotidiano se transforma en un escenario acogedor casi por arte de magia. Unas mantas en el pasto, algún que otro banquito para los menos resistentes y todo listo para el show. Llegamos así a la “tarde veredil” (como les gusta decir a ellas) a la que Vecina nos había invitado, y nos encontramos con ese paisaje de mates y bizcochuelos sobre la vereda, ese armado de instrumentos delante de la casa en Florida Oeste. Mitad al sol, mitad a la sombra, la gente del barrio que iba cayendo se acomodaba para escucharlas cantar.
Vecina nace y se disfruta así, al aire libre. Porque hacen música libre, le cantan al día y a lo cotidiano, al barrio y a la familia. Imposible no enamorarse de la métrica de sus letras y de la dulzura que se desprende de dos voces limpias y hermosas. Melodías que aparecen entre guitarras, ukeleles, cajones peruanos, se combinan con un acordeón, un órgano y un contrabajo para envolverte en una atmósfera primaveral, pura. Una especie de canto de sirenas empieza, te adentra en la canción, detiene el tiempo y la tarde se hace liviana. Casi sin darte cuenta, los vecinos corean, el sol asoma mientras un par de nenes se paran a cantar con ellas y todo cierra. El show es abierto, pero resulta íntimo.
‘Foto de un buen día’ es su cd, el primero, en el que doce temas caracterizan el estilo de Vecina. Las veredas siguen siendo su lugar predilecto para el encuentro con ese público que disfruta no sólo de la música, sino de la charla y el rato, porque es más que auditorio, es casi amigo.








