Detuvo su caminar al encontrarse, una vez más, con uno de los carteles colocados por los rebeldes. La fiesta en el hotel le había dejado mucho para pensar, pero las noticias de lo sucedido en el palacio de Carolina le permitían dejar a un lado todo lo sucedido. Su teléfono móvil volvió a vibrar en su bolsillo y no le hizo falta fijarse en la pantalla para saber quién estaba intentando comunicarse con él, había estado toda la mañana ignorando sus llamadas—. ¿Qué quieres ahora? —gruñó en su idioma natal, enfrentándose a la voz de su hermano mayor. Por supuesto, al heredero poco le importaba la situación por la que estaba atravesando la familia real de Illéa e ignoraba por completo el bienestar de su hermano menor. ¿Para qué llamaba entonces? Reclamar, quejarse. Las acciones del menor volvían a interferir en los planes del mayor, lo que provocaba que los hermanos comenzasen una discusión. Por un momento se sintió agradecido que Hyeon-Ju no supiese cómo había terminado su noche, temiendo lo que éste sería capaz de hacer si así fuese—. ¿Qué dijiste? —no era una pregunta, sino una advertencia—. No te atrevas a volver a hablar así de mi madre —dijo entre dientes, alejando el teléfono de su oído para cortar la llamada y volver a guardarlo en su bolsillo. Manos en sus caderas, ojos cerrados por un momento en un inútil intento de calmarse—. ¿Qué? —gruñó, abriendo los ojos al sentir unos pasos detenerse.
--- Supuso que el contrario no tenía idea de que la rubia se encontraba a su lado, sentada en el borde de la ventana mientras ponía las piezas de uno de sus alhajero juntas. Agradeció aquella aparente invisibilidad, pues lágrimas de cólera se desprendían de sus mares, dificultándole la tarea. Atrapó los pequeños sollozos mordiéndose el labio, mientras hacía todo lo posible por no escuchar la discusión contraria, no quería que el contrario la malinterpretara. Segundos después decidió que lo mejor sería dejarlo en paz, recogiendo las piezas de porcelana en una de sus manos y la maquinaria en otra, antes de saltar lejos de la ventana. No fue tan discreta como ella pensaba, eso era obvio, pues la voz masculina pronto se alzó en el aire, provocando que diera un salto y tirara lo poco que había logrado avanzar al suelo “¡Mierda!” Gritó, inclinándose rápidamente para recoger los restos y poder dejar al contrario en paz “Lo siento, ya me iba, no quería molestarte”.

















