Resumen de esta historia contada en cartas
Justo en abril, el 11 de abril para ser exacta, por la mañana, todo parecía un día más, estaba resignada a iniciar un nuevo trabajo, algo inferior a mis habilidades y conocimientos, a mi experiencia profesional, pero que me daba libertad, anonimato, un ocultamiento del mundo para proteger mis sentimientos, sin la carga de un pasado momentáneamente, la oportunidad de reinventarme e iniciar una etapa nueva.
Salí de casa con desgana, arrastrando los pies en cada paso, deseando no llegar, sentía un poco de recelo a lo que podría encontrar al llegar, la gente no se me da y seguro habría muchas personas, definitivamente debería tener interacción con los demás de una u otra forma, asi que tarde demasiado en caminar las 6 calles del paradero al lugar, y solo note que era primavera por el calor que hacía, estaba escurriendo en sudor, tanto que aun después de entrar al edificio con aire acondicionado seguía sudando, que al llegar a la sala de capacitación me causo que todos me notaran, lo cual no me agrado, era justo lo contrario a lo que quería; y entonces paso algo totalmente inesperado, alce la vista justo a mi lado izquierdo y la vi, su silueta se clavó en mis pupilas, empecé a sudar de nuevo pero esta vez por nervios, euforia y adrenalina, fue solo un instante, casi lo que dura un parpadeo, el tiempo que la mire, como el espejismo de un oasis en el desierto, ella era tan hermosa, imperfectamente perfecta para mí, delgada, cabello castaño, una cara muy linda y me dio la impresión de que tiene una linda sonrisa, muy tierna, aunque estaba muy seria en ese momento, sus manos delgadas casi frágiles, los ojos cafés y de mirada profunda, creo que también me miro un instante, pero el miedo se apodero de mí, era imposible, se parecía tanto, pero definitivo no era ella, esta chica era real, y los sueños… bueno; me impresiono tanto que mi cerebro se colapsó y apenas y preste atención a todo lo demás, las palabras, personas dejaron de tener sentido, mi concentración era para no mirarla, no pensar, no sentir eso que sentía, podía caer en el más inesperado y exquisito peligro, los japoneses le llaman “koi no yokan” que es la sensación de cuando conoces a alguien y sabes que te vas a enamorar irremediablemente de esa persona. Como cuando una canción desconocida se aloja en tu mente y suena una y otra vez entre los pensamientos, se vuelve suspiros y se armoniza en los latidos del corazón.
No fue hasta que salí de esa introducción del trabajo para volver a casa, que logre calmarme y logre centrarme en mí, el plan que tenia que seguir para tratar de no recaer, encontrarle un sentido a todo y lograr superar mi apatía, entonces la volví a ver, esta vez caminaba frente a mí, su andar me hipnotizo, mis pasos se sincronizaron con los suyos sin darme cuenta, hasta que note la cercanía entre las dos y antes de poder reaccionar termine en el mismo cruce a mitad de la avenida, el semáforo estaba en rojo y los autos pasaban a nuestro lado, era consciente y no al mismo tiempo de todo, mire a mi derecha para ver si habría posibilidad de cruzar después del siguiente coche, en ese momento ella me miro, y cuando su mirada y la mía se cruzaron me sonrió, ese simple gesto me deslumbro, su sonrisa era muy cálida, como el sol de la primavera, algo en mi se descongelo, miles de mariposas subieron desde mi estómago hasta mi garganta y la respuesta lógica de mi cuerpo fue la sensación de correr, pero no podía moverme, no quería dejar de verla sonreír, y me di cuenta enseguida, me gustaba, en verdad, sin razón alguna, sin lógica, y sentí miedo por todo lo que eso podría implicar, así que intente correr pero seguía sin poderme mover, no sé cuánto tiempo paso, porque fue como si el tiempo se hubiera detenido, para el mundo fueron segundos entre el cambio de las luces del semáforo, pero para mí fue un eon, tan pronto comenzó a caminar me moví también e intente caminar más rápido para tratar de alejarme, tenía que huir, pero ¿Cómo corres de tu propio corazón?
Al llegar a la esquina cerca de la avenida y el paradero, me di cuenta que caminaba casi junto a mi lado, la mire muy rápido y me pareció que me sonrió de nuevo, mi corazon se detuvo y se acelero, esa sensación cálida de nuevo, entonces cruce la calle tan rápido como pude, como conejo asustado, del otro lado mire de nuevo y estamos a lados opuestos, fue similar a ver un reflejo. Desde la parada del camión la mire hasta que se fue.
Me propuse que los siguientes días de la capacitación trataría de sentarme cerca, pero con cierta distancia, pasar inadvertida, quería conocerla, observarla, ¿saber quién es? ¿Cómo es? Quiero conocerla.
El primer día se grabó en mi memoria de por vida, porque paso lo más inesperado que podría pasar, descubrí que tenemos el mismo cumpleaños, fue algo tan raro, hacían la clásica lista de asistencia donde debías dar tu nombre y fecha de cumpleaños, todos lo decían sin la mínima importancia, pero cuando me tocó a mí, ella … estaba sentada justo frente a mí, que al escucharlo se giró 180 en la silla tan rápido que cuando me di cuenta me sujeto las manos entre las suyas estaba sonriendo emocionada y me dijo “yo también cumplo años ese día, tenemos que hacer algo juntas para festejarlo”, esa cara tan linda y esa sonrisa tan tierna y cálida que brillaba con los braquetes , toda llena de emoción, que con esa frase terminaron de clavar la flecha que cupido había lanzado el día anterior.
Y sin más me deje llevar, nos comenzamos a tratar más, yo me sentaba más cerca de ella, en la salida caminábamos juntas hasta el paradero del camión, teníamos platicas de cosas tan cotidianas y simples que me permitían conocerla un poco más, me sorprendió su inteligencia, su madures, su forma de ver algunas cosas del mundo, la fluidez con que desarrollaba un tema, sus pensamientos, como el hecho de trabajar en el cine por las tardes y querer hacer este trabajo en la mañana para poder ahorrar y comprarse un coche, además que admito me encanta el tono de su voz, podía escucharla todo el camino hablar de lo que sea, tanto que se volvió una costumbre de todos los días, la plática en esa caminata hacia que el tramo de 6 calles que una vez me pareció eterno, ahora fuera tan breve, que deseaba se alargara más, que me quedaba con ella acompañándola hasta que se subía a la combi para ir a su casa, y me daba un beso en la mejilla en la despedida.
Las mañanas se volvían tan esperadas, era la única razón que tenía para levantarme, enserio me daban ganas de llegar a trabajar, solo para verla aunque solo tuviera esa platica del camino a casa, afortunadamente pasábamos más tiempo que solo ese, poco a poco nos llevábamos más y mejor, que un día me dijo “ven más temprano yo llego muy temprano porque desayuno aquí”, y lo empecé hacer, me levantaba antes y al bajar del camión casi corría para llegar, a veces ella ya estaba allí y otras yo llegaba antes, en ocasiones la veía tan cansada que me moría de ternura con su cara adormilada, cuando un día me vio y se me tiro encima, su brazos alrededor de mi cuello, me estaba abrazando, pero se dejó caer sobre mí, pensé que pesaría más, pero no sé si enserio es tan flaquita o yo estaba tan eufórica de la emoción que la sentía tan ligera entre mis brazos, la abrace con toda la ternura que me fue posible, pero aun sentía miedo, no sé porque, es tan raro, quería quedarme así con ella, abrazándola, cuidándola, sosteniéndola con todo mi amor, pero temía lastimarla, a veces soy un cactus, un monstro.
Sin darme cuenta empecé a llevarle chocolates, sin falta cada mañana, pasaba al oxxo y compraba dos, esperaba verla para dárselo, llenaba mi termo de café para compartirle porque imaginaba que tendría sueño y lo necesitaría, realmente compartíamos todo, papitas, refrescos, era lindo, de repente ya no era mío o suyo sino que todo era nuestro, me gustaba, enserio que si.
Cada uno de esos momentos tan rutinarios eran especiales, porque cada día descubría algo nuevo de ella, y entonces me di cuenta, que desde el momento en que me sonrió ese primer día, empecé a notar las flores, muchas casas tenían arboles con flores de mayo, blancas y rojas, había otros tipos de flores moradas, una buganvilia por allí, las casas eran coloridas, había pájaros de tantos tamaños, desde los clásicos negros hasta unos pequeños con plumaje azul, los arboles de diferentes tonos de verde en sus follajes, y no solo en allí, en toda la ciudad, desde cuando había tantos colores, todo era más brillante, como cuando en una película estas en una secuencia de blanco y negro y por un efecto de énfasis en las escenas clímax cambia a color, lo más extraño es que yo sonreía, ya no era fingido enserio sonreía, tenía ganas de hacerlo.
No sé si ella sea esa chica con la que una vez soñé, que desee conocer, lo que si se es que quiero pasar tanto tiempo con ella como sea posible, por primera vez no siento necesidad de nada más que estar con ella, de esos momentos, no creo que sea la cura a mi oscuridad, eso me corresponde a mí, pero sin duda saca algo de mí que no sabía que podía volver a surgir, tanta luz, esperanza, alegría, ella trajo la primavera consigo, y quisiera estar cerca las 4 estaciones aun cuando me sea difícil resistir el invierno.











