TODAS LAS COSAS SON CURVAS, 2018.
Todas las cosas son curvas, es una instalación que genera una intervención específica en el interior de uno de los espacios arquitectónicos de la fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA) a partir de su transformación física; en ella se evidencian desde la conservación de la casa, los elementos ocultos de la arquitectura original que hacen parte de la memoria histórica y patrimonial de la ciudad.
Según el diseño original de la casa perteneciente al estilo republicano, en la cara interna que actualmente es el muro más extenso de la casa, se encuentran ocultas tras láminas de madera las antiguas puertas que comunicaban a los balcones y al exterior de la fundación, quedando así cubiertos elementos visuales que en su momento se convirtieron en referentes de creación, aportando en su época una lectura de modernidad arquitectónica que en oposición a la tradición constructiva del periodo colonial permitieron a Bogotá dar sus inicios en la transformación hasta el día de hoy, esto conllevo a la visibilización del trabajo de una nueva ola de arquitectos con formación en el exterior que exploraron nuevos elementos de construcción y decoración en sus edificaciones.
Las transformaciones de las que ha sido objeto este inmueble están evidenciadas en el archivo fotográfico perteneciente a la FUGA, imágenes que provocaron en mí un interés por ahondar en los detalles de la época republicana que se usaron en la ciudad de Bogotá y que se encuentran ocultos en la sala principal ubicada en la segunda planta de la casa. En mi indagación encontré el desarrollo de la Bogotá en su etapa colonial que luego fuera reemplazada por la apertura cultural que sucedió mediante las influencias europeas que se disiparon en la ciudad iniciando un cambio social, transformación que se extendería a procesos de modernización gracias a los cuales se produjo la modificación del paisaje urbano (la realización de edificios de dos pisos como también de calles nuevas y adecuación de acueductos dentro de la ciudad de Bogotá, entre otros), ola de cambios en la que también se produjo la construcción del actual Capitolio Nacional que permitía reunir todos los poderes públicos, así como también la vivienda presidencial en su época.
Este gran cuerpo compuesto de diseño e historia en el que se inscribe la Fundación Gilberto Alzate Avendaño y que actualmente se percibe en la asepsia de un espacio blanco y liso que intenta responder como superficie moderna[1], me produjo como inquietud las relaciones que entre el afuera, la mirada pública y la arquitectura de la casa son transformadas al llevar sus detalles al interior y que pasan a convertirse en algo privado que posteriormente se ha ocultado. Por esta razón, utilizo como estrategia plástica la extrusión del detalle arquitectónico como una expansión de una forma bidimensional del pasado que ocupará el espacio tridimensional de la sala como réplica de los muros internos configurados con la geometría, arquitectura y diseño propios del estilo republicano.
La extrusión en escala 1:1, toma forma de instalación a través de una estructura recubierta por laminado de plástico texturizado como concreto industrial, lo que produce un contraste entre estilos arquitectónicos histórica y geográficamente distantes que pongo en diálogo a través de mi estrategia plástica. De una parte el volumen se corresponde con el de la arquitectura republicana y por otra, la superficie construida evoca a la arquitectura de tipo brutalista en la que los detalles rústicos propios del concreto constituyen una dimensión expresiva desde la que tangencialmente se produce una comprensión geométrica del espacio interior.
[1] “…Las nociones de modernidad en arquitectura son muy ambiguas porque están ligadas a nociones históricas, cuando la modernidad por naturaleza está viva – y creo que ella hoy tiene que ver esencialmente con las formas estéticas de la desaparición-.
Leo: “Todo lo real está listo para desaparecer, no pide otra cosa”, y creo que en el dominio de la arquitectura y, más que en la arquitectura, en el dominio del diseño en general, estamos en esta estética del “sacrificio”. Diría que del sacrificio de lo visual, no sé hasta dónde, pero eso pasa por la miniaturización, por un dominio cada vez mayor de la materia, y la propia materia se reduce cada vez a su más simple expresión...”
Baudrillard, J. & Nouvel, J. (2002). Los objetos singulares: arquitectura y filosofía. P. 51-52 Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.