I don’t know who I am.
Las palabras de su hermanita llegaron hasta lo más recóndito de su ser, y le hicieron sentir sucio, como si fuera una basura. Como recordatorio de sus memorias, el castaño cerró profundamente los ojos, ocultando el dolor que compartían, el dolor que no estaba dispuesto a aceptar de nuevo, El dolor que no tenía fundamentos, ¿Cómo podría estar mal algo que se sentía tan bien? Le era difícil aceptar sus propios sentimientos, pues la primer mujer a la que había amado, aquella que lo había albergado en su vientre, no le amaba y mucho menos confiaba en ella. “Esto no fue tu culpa, Andy… Ya lo sabes”. Respondió tomando cierta distancia frente a ella, no podía sentirse fuerte si ella se derrumbaba. “Escucha… Fuiste la manera más bonita que halló la vida para decirme: “No, no todo lo puedes tener””.Respondió recuperando el aliento mientras la tomaba entre sus brazos, esperando el apretón que ella siempre solía acompañar después de una actitud tan osca como la que mantenía justo en esos instantes. “Dime qué piensas, qué sientes y qué necesitas hacer, Andy. Y estaremos bien, siempre lo estamos”.
“No Esteban, quizá no fue mi culpa, y tampoco la tuya. Sin embargo, existen sentimientos clavados en mi corazón, y escenas en mi mente, de los cuáles no puedo deshacerme, que me carcomen día a día, que me hacen verte distinto...”. Nuevamente lágrimas rodaban ya por sus mejillas pálidas, y un vuelco en el estómago se posaba en éste, queriendo decirle todo aquello que sentía, pero no debía. “No lo sé, tengo miedo. Miedo a que te alejes de mí para siempre, y que no quieras saber nada de toda ésta situación nunca más”. Era un sentimiento raro de explicar aquel que habitaba en sus venas, el cuál la tenía paralizada, con un respirar pausado por inercia y un corazón que latía porque tenía que hacerlo, pero su cuerpo en esos momentos lo menos que sentía era vida en sí. “Dime cómo le haces para ser tan fuerte, porque simplemente yo no puedo, me estoy muriendo por dentro”.











