Adiós.
Las personas vienen y van, aman y olvidan, nacen y mueren.
Esto es algo que no se puede evitar, que no se puede prever y que no se puede, simplemente, digerir sin más y eso es un proceso que cada uno debe afrontar con mayor o menor virtud y seguir caminando mientras la vida siga.
Con la edad y las experiencias que he podido vivir, me he dado cuenta de que absolutamente todas las personas que forman o han formado parte de mi vida me han hecho crecer de una forma u otra; me han ayudado a ser mejor persona aunque en ocasiones cueste entenderlo así a la primera.
Pero ahí está lo que depende de uno mismo, como vivirlo, como tomarse las cosas y como digerir las situaciones más complicadas.
A pesar de que, como digo, todo mi entorno me ha hecho como soy, bien es cierto que solo unas pocas personas han conseguido marcarme, llegar a mi corazón, enseñarme como es la vida y sobretodo alumbrarme en mis noches más oscuras y estoy eternamente agradecido a todas y cada una de ellas.
Pero hoy quiero hablar de ti, Yaya.
Tú eres una de esas personas y la que alumbra con más intensidad.
Lo fuiste en vida y lo sigues siendo allá dónde estés.
Ejemplo de superación, de fortaleza mental y física, de saber encontrar la felicidad en cuatro migas de pan y en los tuyos pero sobretodo, ejemplo de sonrisa que jamás perdiste.
Todos los días cuando me voy a dormir te doy las buenas noches y pido ser como tú, alguien puro, pleno y fuerte.
Me queda un gran camino para ello pero quiero que sepas que no he dejado de andar y no voy a dejar de hacerlo.
Te quiero.











