Hasta hace pocos años sabía enamorarme
sentir hasta que explotaba un bosque en mi pecho
decir Te quiero y sentirlo (sin miedo)
dedicar canciones, inventar rituales
y usar plurales.
No podía extrañar sin sentir asfixia
sin pensar que se desguazaba el mundo
por un correo sin respuesta o un visto en línea.
Una idea adolescente de amar que al madurar
desearía en parte poder conservar.
Porque no. Amar no está mal.
Lo que está mal es no poder salir
de los extremos.
Y yo no puedo.
Hoy soy esta coraza ajada por los días
que perdió el concepto y no entiende
si de tanto desjerarquizar al amor,
de tanto enredarse con amigas y amantes
los límites se diluyeron tanto
que las etiquetas que conocía se extinguieron
junto con todo eso que sabía hacer
y lo reemplazó esta angustia gigante
de sentirme sola
aunque esté siempre rodeada
de personas hermosas
que ya no sé cuidar, ni abrazar
ni querer con ternura adolescente,
tan sencilla, inocente,
eximida de todas las oscuridades
que afloraron con el propio mundo adulto.













