En lo que respecta al origen de este producto, podemos decir que no está claro. Las fuentes coinciden en su procedencia griega, situándolo en torno al siglo V antes de nuestra era, pero discrepan en su forma de transferencia del producto a la Península. Según Plinio, los griegos realizaban el producto con un pescado denominado “garos”, de donde procedería el nombre del producto elaborado.
La producción de salsas o liquamen, el garum, se encuentra en relación directa con la industria de salazones, ya que son los restos desechados de la salazón de pescado los que se emplean en la fabricación de dichas salsas. Las principales industrias de salazón están situadas en las costas de la Bética, tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo, así como en las de Tingitana (extremo occidental de la costa africana mediterránea).
Fig. 1. Factoría de garum de Baelo Caludia
En numerosos textos clásicos se pueden encontrar referencias a la elaboración y propiedades del garum, e incluso se ha conservado su receta. Su elaboración está dominada por las partes blandas, intestinos, y otras partes desechables de los peces, cuya carne se ha salado, a las que se añadían diversos peces pequeños enteros, como anchoas, etc. Todo ello se colocaba en una solución de salmuera y se dejaba al sol durante dos meses (existía una técnica para acelerar el proceso, consistía en el transporte de la mezcla en marmitas a una sala caliente, sobre hipocaustos, donde se activaba la evaporación de la salmuera; se conoce como chauffiere). Luego se dejaba enfriar y la pasta resultante, picante, se vertía en ánforas para su posterior venta y distribución.
Fig. 2. Mosaico de ánfora para distribuir el garum.
Según las fuentes, las industrias de garum más famosas estaban localizadas en Mellaria , Sexi , Malaca, Almería, Gades y Cartago Nova donde se producía el llamado garum sociorum, en referencia a la situación jurídica bajo la que trabajaban los pescadores de esta ciudad; o también denominado “negro”, debido al color que le proporcionaba la sangre de la caballa. Se trataba de un producto extremadamente caro, fue uno de los elementos de la cocina romana que más fama adoptó.A pesar de esto, debemos mencionar que las variedades fueron dispares en calidad y precio.
BIBLIOGRAFÍA
Barrios, L. L. (2001). La producción de salsas y conservas de pescado en la Hispania Romana, II a. C.-VI (Vol. 11). Edicions Universitat Barcelona.
Aguilar, P. C. (1993). Salazones en la provincia de Málaga: una aproximación a su estudio. Mainake, (15), 243-260.
Nos detendremos a analizar el principal sistema de captura para atunes y otras especies migratorias: la almadraba, que desde la más remota antigüedad permite obtener importantes cantidades de peces que abastecen la dinámica industria del procesamiento del pescado. La regularidad de sus viajes facilitaba enormemente su pesca, ay que permitía que todo lo necesario estuviese dispuesto para cuando pasasen cerca de las costas.
La apalabra “almadraba” es de filiación árabe y probablemente haga referencia a “lugar donde se golpea”. Esta vinculación se explica a través del sistema de captura árabe, consistente en atrapar atunes en grandes redes que eran arrastradas hasta la playa, donde finalmente, se remataba a los animales vivos con grandes golpes de garrote. Pero el origen de este sistema es anterior, dado que aparece en fuentes previas y en la iconografía.
"Abundante y prodigiosos botín obtienen los pescadores cuando la hueste de los atunes avanza en primavera. Lo primero de todo, los pescadores marcan un sitio en el mar, no demasiado angosto al pie de riberas abruptas, ni demasiado expuesto a los vientos, sino que tengan la debida proporción de cielo abierto y de abrigados escondrijos. Entonces primero sube a una alta y escarpada colina un vigía de atunes, el cual hace conjeturas acerca de los variados cardúmenes que se aproximan y de su clase y de su número, e informa a sus compañeros. Inmediatamente despliegan todas las redes a modo de ciudad entre las olas, pues la red tiene sus poneros y en su interior puertas y más recónditos recintos. 235 Rápidamente los atunes avanzan en filas, como flanges de hombres que marchan por tribus, unos más jóvenes, otros más viejos, otros de mediana edad: infinitos se derraman dentro de las redes , todo el tiempo que ellos desean y la cantidad que admite la capacidad de la red. Y rica y excelente es la pesca". (Opiano, iii, 631 y ss.)
La almadraba, de la que nos habla Oppiano, consiste fundamentalmente en una red, dispuesta en forma circular, anclada en el fondo del mar por su extremo inferior y sostenida mediante flotadores por el superior. Está dotada de una serie de puertas de entrada por las que penetran los atunes (en torno a los meses de junio y julio) a estos les resulta muy difícil salir una vez han entrado. El atún trata de huir y sube a la superficie, donde es cazado mediante garfios desde las embarcaciones que rodean la red. la localización de las almadrabas prácticamente se mantiene a día de hoy, dado que responde a las rutas naturales de las diferentes especies migratorias.
Sin embargo no sólo se empleaba el sistema de almadraba fija, llamada "de monteleva", sino que se empleaban métodos alternativos según las necesidades. Así existen las almadrabas "de buche" en las que parte del sistema de redes es fija y parte se orienta y coloca cómo y dónde convenga; y la almadraba "de vista" en la que la colocación de redes se realizaba inmediatamente después del avistamiento del banco de atunes, responsabilidad principal de los experimentados "atalayas" o vigías. Fue esta última variante la más empleada en la Antigüedad.
BIBLIOGRAFÍA
Casal, L. A., & Páramo, A. M. (1971). Aportaciones al estudio de la pesca en la antigüedad. Habis, (2), 209-222.
Maganto, J. M. (1992). Las técnicas de pesca en la antigüedad y su implicación económica en el abastecimiento de las industrias de salazón. Caduernos de Prehistoria e Arqueología, 219-244.
El método teórico más directo, al que se acude en primera instancia, para el estudio de esta cuestión es la observación y análisis de los restos arqueológicos de las redes en sí mismas. La problemática que se presenta influye directamente en este punto, y es que, debido al carácter orgánico de la composición de las redes, los restos materiales de los que se dispone son mínimos, por no decir, prácticamente inexistentes. Existen casos excepcionales, menciona C. Alfaro Giner, como Herculano o Egipto, además de algunos contextos húmedos sobre todo de ámbito centroeuropeo, pero generalmente todos los vestigios carecen de su urdimbre.
El empleo de redes es general en todo el Mediterráneo a lo largo de la Antigüedad Clásica. Su conocimiento, teniendo en cuenta las consideraciones previas, nos llega a través de representaciones figuradas, pintura, mosaico, etc. así como a través del instrumental utilizado para su fabricación o uso.
Fig. 1. Mosaico que muestra dos individuos pescando con red.
Los pescadores griegos conocían numerosas variantes de redes para pescar, que utilizaban según las necesidades del lugar o del número de pescadores disponibles. En general, todas estas variantes, descritas por Opiano, serán utilizadas también en época romana, pues, la pesca mediterránea no difería de manera importante de unas zonas a otras.
Entre los tipos de red más empleados destacan el Esparavel (atarraya) ya tratada en una entrada anterior; la Jábega, siendo esta una red de arrastre formada por un largo rectángulo que se coloca verticalmente en el mar, su parte central, en forma de gran bolsa, retiene numerosos peces; y, finalmente, la red de mano, denominada por Opiano hypoché, cuya existencia tenemos documentada en mosaicos. Su empleo, permitía capturar pequeños peces cercanos a la orilla así como esponjas, ostras y erizos, que se arrastraban por el fondo marino.
Existen además numerosas variedades dentro de este conjunto general de redes que, seguramente, pueden asimilarse a tipo actuales como el trasmallo o las redes de boliche. Su empleo no difiere significativamente de unos tipos a otros y su elección se realiza en función de las necesidades de cada lugar y práctica.
Fig. 2. Diferentes sistemas de pesca con redes.
Se hace compleja, por tanto, la tarea de establecer una clasificación de estos aparejos, debido en gran medida a la gran cantidad de variantes locales. las evidencias en representaciones pictóricas, musivas, etc. reflejan las posibilidades que abre el empleo de estas herramientas.
Otros indicios, respecto a la utilización de redes, podemos obtenerlos a través de los diferentes instrumentos que podrían haber sido utilizados en su confección y/o reparación. En este sentido, interesa destacar dos utensilios frecuentemente asociados al empleo de redes y mayoritariamente presentes en instalaciones de salazón: las lanzaderas y las agujas.
Fig. 3. Lanzaderas empleadas para el cosido o unión de las redes. (Escala en cms.)
Su funcionalidad parece estar ligada al trenzado de redes, se trata de un instrumento compuesto de una varilla delgada que finaliza, en cada uno de sus extremos, en horquillas, donde se recogen las distintas vueltas de hilo o sedal con el que se confeccionaba la red. La operación del trenzado consistía en pasar la lanzadera, alternativamente, a través de la trama, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda.
Fig. 4. Ejemplares de agujas para red. (Escala en cms.)
En el caso de las agujas, suelen estar relacionadas con contextos de elevada relevancia pesquera, algunos de ellos con vinculaciones directas a fábricas de salazón. Su funcionalidad parace ser la reparación de redes, concretamente en la operación de cosido de las mismas. Este instrumento se compone de un cuerpo rectangular macizo y una cabeza, normalmente con dos orificios por los que se enhebraba el sedal.
El último elemento que destacaremos, que se encuentra en directa relación con las redes, son las pesas de red, a las cuáles se le dedico una entrada anterior, donde se puede encontrar la información asociada.
BIBLIOGRAFÍA
Maganto, J. M. (1992). Las técnicas de pesca en la antigüedad y su implicación económica en el abastecimiento de las industrias de salazón. Caduernos de Prehistoria e Arqueología, 219-244.
Casasola, D. B. (2008). Arqueología de las redes de pesca. Un tema crucial de la economía marítima hispanorromana. Mainake, (30), 181-215.
EL VENENO EN LA ACTIVIDAD PESQUERA DE LA ANTIGÜEDAD
Además de los sistemas de pesca tradicionales, existen otras formas de desarrollar la atividad, tanto directas como indirectas, que varían según usos, costumbres y regiones. En este apartado nos centraremos en el uso de sustancias venenosas o estupefacientes, extraídas de determinadas plantas, que se empleaban para facilitar la captura de los peces.
Cabe destacar que no se dispone de evidencias en el registro arqueológico, sino que únicamente contamos con referencias literarias. Opiano escribe en su Halieutica: “un pernicioso veneno para los peces, y acarrean rápida muerte a las razas nadadoras”; encontramos referencias de este uso en Eliano (siglo III), que recuerda el empleo de dormideras. Y son numerosas las fuentes que hablan de estas prácticas.
Es decir, está atestiguada la pesca en la Antigüedad recurriendo a venenos, por lo que parece, usando hierbas o plantas de naturaleza diversa, aunque no se descarta el empleo de otras sustancias minerales (sulfatos, sales o ácidos).
El modo de empleo de estas sustancias vegetales se caracterizaba por el uso directo de ellas, o la misma planta machacada, extendiéndolas sobre la superficie del agua, causando la muerte o la incapacidad de los peces de los alrededores que, ascendían a la superficie y eran fácilmente capturados. Una planta famosa en la Antigüedad por sus propiedades estupefacientes y empleada para la pesca es la llamada cyclamen, así como otras variantes, mencionadas por diversas fuentes.
"Hay otro método de pesca practicado por los pescadores que usan veneno, los cuales elaboran un pernicioso veneno para los peces, y acarrea rápida muerte a las razas nadadoras. Primero, con fuertes disparos de proyectiles, y golpes de palos y azotes de los remos, conducen a las infelices hileras de criaturas del mar a un lugar curvo, a alguna bahía rota con numerosos escondrijos; allí los peces se delizan bajo las cóncavas rocas y los pescadores colocan por todas partes bien 233 entramadas redes de lino (...) Entonces un hombre toma abundante arcilla blanca junto con la raíz que los médicos llaman cyclamen, mezclándolas con sus manos amasa dos tortas y salta sobre las redes dentro el mar (...) En seguida el nocivo y desagradable olor llega hasta lo peces en sus moradas y sus ojos se nublan, les pesan la cabeza y los miembros y no pueden permanecer en sus escondrijos, sino que salen de las rocas aterrados (...) Pesados como borrachos, embriagados por el mortífero olor, dan vueltas por todas partes sin encontrar un sitio libre de la plaga y se precipitan violentamente dentro de las redes, ansionsos de escapar..." (Opiano, iv, 647-684)
BIBLIOGRAFIA
Bernal-Casasola, D., & Domínguez-Bella, S. (2011). Colorantes y pigmentos en las Pesquerías Hispanorromanas.
Maganto, J. M. (1992). Las técnicas de pesca en la antigüedad y su implicación económica en el abastecimiento de las industrias de salazón. Caduernos de Prehistoria e Arqueología, 219-244.
Carteia fue la primera colonia latina fuera de la Península Itálica y tuvo una gran importancia como base militar naval por su situación, en la Bahía de Algeciras, lo que se refleja en su urbanismo y poblamiento, bastante estable a lo largo de la época imperial e incluso después, ya que tenemos evidencias de que fue poblada hasta finales del S. VII o principios del VIII. Como dijimos en otro post, pudo tener su origen en un asentamiento fenicio previo, que más adelante se trasladó a la zona que actualmente conocemos gracias a población púnica en el S. VI a.C. y que acabó siendo nombrada colonia latina en el 171 a.C.
En esta ciudad encontramos restos de varias cetariae o factorías de salazón, las cuales debieron comenzar a ser utilizadas en época tardorrepublicana - altoimperial, así como de una figlina altoimperial (destinada a la producción de ánforas salsero-salazoneras), un embarcadero con áreas de uso industrial, una necrópolis del S. I., y un taller de púrpura en la zona de la parcela PM-6 del Bajo Imperio, además del templo republicano, las termas y el teatro.
Villa Victoria es la parte del yacimiento donde se han realizado las excavaciones referentes al taller de púrpura. En él, encontramos un embarcadero que se correspondería con una Fase I de construcción, que quedó en desuso por cambios ambientales, por lo que se construyó en una Fase II una estancia con suelo de arcilla cuyo uso está por determinar. En la época del Bajo Imperio, en este mismo lugar se ubicó el taller de producción de púrpura (Fase III) que durante la Fase IV quedaría cubierto por las dunas. Durante la excavación del lugar se encontraron millares de conchas de múrices, siendo la mayor parte hexaplex trunculus con la concha rota, lo que al ir acompañado de algunos cantos de pequeño tamaño hace pensar que estos fueron empleados como percutores. Gracias a las monedas encontradas asociadas al conchero (aunque no exactamente de la misma estratigrafía) y a los restos cerámicos, se ha establecido su uso seguro en el segundo tercio del S. IV d.C. Se encontró un pavimento de forma cuadrangular de opus signinum de unos 25 metros cuadrados que se ha entendido como un área de trabajo, que tenía por un lado una pequeña fosa de forma circular y por otro, una pequeña depresión de esa misma forma. El conchero, además de para la producción de púrpura, se ha interpretado también como zona de producción dedicada al marisqueo general.
Hexaplex trunculus[2]
Entre el área extra moenia de la ciudad y el Arroyo de la Madre Vieja encontramos el espacio productivo de Carteia. En 1967 se encontraron varias balsas salazoneras, siendo la constatación del barrio industrial de Carteia, en el que se localizaron canalizaciones hídricas, contextos industriales (con pesas y anzuelos), pavimentos de opus signinum… además de piletas salazoneras, en diferentes campañas arqueológicas. En estas balsas y piletas se hallaron restos de pescado y fue fechado su abandono entre los siglos II-III d.C. El último conjunto de balsas documentado pertenece a lo que se conoce como “Jardín Romántico de Carteia”, al sur de la ciudad; hay un total de diez balsas de diferentes medidas que serían del siglo II d.C., por lo que se ha retrasado su abandono al III. Solamente mencionar para terminar que se ha establecido una hipótesis que defiende el establecimiento de una fábrica de salazón sobre las termas hacia el siglo III d.C., lo que está apoyado por el hallazgo de instrumentos de pesca (fusayolas, pesas de red, anzuelos…) en las mismas.
Cetariae de Carteia, localizadas en 2007 (detalle)[3]
BIBLIOGRAFÍA
ALFARO, C., WILD J. P., y COSTA, B. (Eds.). Purpureae Vestes I. Actas del I Symposium Internacional sobre Textiles y Tintes del Mediterráneo en Época Romana (2004). Valencia: Consell Insular d’Eivissa i Formentera i Universitat de València.
BERNAL, D., ROLDÁN, L., BLÁNQUEZ, J., DÍAZ, J.J. y PRADOS, F. (2005) Un taller de púrpura tardorromano en Carteia (Baetica, Hispania). Avance de las excavaciones preventivas en el conchero de Villa Victoria (2005). En Purpureae Vestes II. Actas del II Symposium Internacional sobre Textiles y Tintes del Mediterráneo en Época Romana, (pp. 209 – 226). Valencia: Consell Insular d’Eivissa i Formentera i Universitat de València.
EXPÓSITO ÁLVAREZ, J. A. Y GARCÍA PANTOJA, Mª E. (2011) Novedades sobre la epsca y la industria salazonera romana en el Estrecho. La “cetariae” de Carteia. En BERNAL CASASOLA, D. (Ed.) “Pescar con Arte. Fenicios y Romanos en el Origen de los Aparejos Andaluces. Catálogo de la exposición Baelo Claudia, diciembre 2011-julio 2012” (pp. 299 – 304). Cádiz: Universidad de Cádiz.
[1] Obtenida de http://www.abc.es/cultura/abci-aseguran-existencia-importantes-estructuras-romanas-yacimiento-carteia-201605281924_noticia.html
[2] Obtenido de http://www.ictioterm.es/nombre_cientifico.php?nc=208
[3] Obtenido de BERNAL CASASOLA (2011), Op. cit. p. 298.
PISCINA-VIVERO DEL YACIMIENTO HALIÉUTICO DEL CABO TRAFALGAR (Cádiz)
Alejándonos de los estudios sobre la importancia pesquero- conservera hispanorromana, los cuáles son abundantes en la historiografía; apreciamos la falta de estudios sobre los viveros piscícolas peninsulares, reduciéndose estos a los casos de la costa alicantina (Punta del Arenal de Jávea, Calpe y Campello). A partir del 2001 se localizaron en Hispania meridional una serie de evidencias arqueológicas y arqueozoologicas que demostraban la existencia de cultivos de ostras en la Bahía de Algeciras, en torno al año 500 de nuestra era.
Un problema desprendido de la influencia de determinados procesos naturales y antrópicos en ciertos sectores del litoral es la transformación de la morfología costera a lo largo de los siglos, y directamente en relación con ello, la difícil interpretación de los registros arqueológicos que ahí se encuentran.
El hallazgo que nos ocupa, se corresponde con las primeras evidencias de piscinae o viveros excavados en la roca en Andalucía. Se trata de un posible vivero al que se le asignan tareas de acuicultura, identificado en el Cabo de Trafalgar. La localización de los restos arqueológicos a los que nos referimos, se encuentra marcada por un espacio de litoral gaditano, que hacia el siglo I a.C., estaría rodeado de una plataforma rocosa que imposibilitaría su aproximación por vía marítima.
La estructura se encuentra situada en ámbito intermareal, habitualmente cubierta de arena, lo que había evitado su localización. Los datos que se pueden proporcionar para su vinculación con época romana, se basan en su emplazamiento a los pies de un yacimiento arqueológico romano del Cabo de Trafalgar, rodeada hacia el Oeste por estructuras constructivas altoimperiales del mismo.
En el momento del hallazgo se localizaron los restos de una placa de opus signinum en su interior, probablemente perteneciente a las estructuras haliéuticas del yacimiento pesquero- conservero adyacente.
La piscinae, se corresponde con una estructura excavada en la roca subyacente formada por un conglomerado cuarcítico del Pleistoceno superior. A priori, da la impresión de que no cuenta con ningún elemento en obra (construido bien en opus caementicium o en reticulatum, este muy frecuente de los viveros itálicos), por lo que se adscribiría al denominado tipo IA de la clasificación de las piscinae itálicas, que suelen ser bastante profundos y destinados a acoger adicionalmente a peces de roca, los más estimados según fuentes antiguas.
Fig.2. Planimetría de la piscina (A) del yacimiento romano de Cabo de Trafalgar, integrada en la planimetría de lso años 70s, con indicación de ls posibles reformas (trama negra); y sección con la relación del tanque con el aljibe (B).
La estructura que presenta responde a una superficie rectangular con un eje mayor en dirección E-O de aproximadamente 25 m de longitud y 8,5 en dirección N-S. Este tipo de dimensiones son habituales en viveros de la costa tirrénica de Italia. Definir el cubicaje de la piscinae sería impreciso, dado que no se conocen aun datos que puedan respaldar esa afirmación.
Otro elemento de interés es la localización de dos canales o aestuaria, que interconectan la estructura con el mar, uno artificial (mejor conservado) y otro posiblemente natural (situado al sureste de la estructura y más erosionado). Se hace necesaria la existencia de ellos debido a que facilitan la circulación del agua, evitando estancamientos, además airean el contenido hídrico del tanque, mantienen la temperatura fresca del agua y regulan la correcta salinidad del agua.
Toda la superficie rocosa que rodea la piscina se encuentra muy erosionada como consecuencia de la acción de procesos naturales asociados a la dinámica litoral, los cuáles seguramente hayan contribuido a desdibujar las trazas de una superestructura de obra hoy desaparecida. Hay también, evidencias en el perímetro que plantean posibles reformas estructurales en el interior del vivero, que señalarían un amplio periodo de vida en el uso de estas instalaciones haliéuticas.
Su importancia como decimos radica en constituir la primera evidencia de este sistema en Baetica, y de los escasos ejemplos hispánicos, que por el momento se limitaban a los yacimientos de la costa alicantina citados con anterioridad.
Fig. 3. Vista general de los retalles y del murete construido en el lateral meridional del tanque.
Los problemas encontrados en las interpretaciones de dicho yacimiento son varios. Atenderemos a dos de las interpretaciones que se dieron antes que la que se expone: en primer lugar, correspondiéndose con la tradición, fue considerado como una “factoría romana de salazones” desde su descubrimiento en 1977. La datación general de todo el conjunto, en función de la técnica constructiva y de los materiales cerámicos (y de una moneda emitida en el 4 a.C.) localizados en superficie, se ha situado entre la segunda mitad del s. I a.C. y la primera mitad del s. II d.C., además de un fragmento de posible ánfora púnica, aislado, este último de difícil hermenéutica. En segundo lugar, destaca su interpretación como cetaria, en la que ha pesado tanto su ubicación litoral como la existencia de piletas, si bien ya se planteó que lo normal era que existiesen muchas más cubetas, las cuales habrían podido desaparecer como consecuencia del elevado deterioro que sufría el yacimiento; es decir, una “factoría romana de salazones y productos derivados de la pesca, que forma cadena con las restantes del litoral bético”
Por último, tratar de determinar en el vivero las especies objeto de cultivo es otra de las grandes líneas de investigación a desarrollar, para lo cual sería de gran interés la localización de restos arqueozoológicos, bien en la colmatación del vivero –bastante improbable por cuestiones de conservación–, bien de manera indirecta a través de los taxones ícticos mayoritarios documentados en los niveles de uso y abandono del yacimiento. Hay muchos candidatos potenciales a tenor de la información proporcionada por las fuentes literarias (murenae, múgiles, lupi, auratae, rhombi, scari), y no debemos olvidar los taxones malacológicos que de manera exclusiva o combinada podrían haber convivido en estos espacios
BIBLIOGRAFÍA
CASASOLA, D. B., VILLALOBOS, C. A., & PRIETO, F. G. (2011). DE LA ACUICULTURA EN BAETICA. A PROPÓSITO DE LA POSIBLE PISCINA-VIVERO DEL YACIMIENTO HALIÉUTICO DEL CABO TRAFALGAR (CÁDIZ) Fish farming in Baetica. The piscina of the halieutic site at Trafalgar Cape (Cádiz). Zephyrus, 67, 145-160.
MOSAICO DEL GÉNERO PESCA EN EL YACIMIENTO ROMANO DE “CUMPLUTUM”
Complutum es una ciudad de nueva planta, fechada en torno a los años 60/ 70 del siglo I de nuestra era. Se encuentra ubicada en la fértil vega del río Henares, en su confluencia con el río Camarmilla, dentro de la Comunidad de Madrid..
Las primeras fuentes que mencionan la existencia de dicha ciudad son de carácter geográfico, llevan sus orígenes hasta la existencia de un castro influenciado por la cultura ibérica en un cerro cercano, posteriormente dicha población se trasladaría a la vega del río Henares, configurándose como Nova Urbs. Años después cambió su estatus jurídico de ciudad peregrina a municipium, respondiendo al Edicto de Vespasiano, momento a partir del cual comienzó a tomar cierta entidad y a aumentar su prosperidad; debemos tener en cuenta su localización dentro de la red viaria hispanorromana. Pero no es esta la única fuente donde aparece, forma parte en varias ocasiones de fuentes antiguas de índole itineraria, como es el caso del Itinerario Antonino como una de las mansiones en la vía que conectaba Emerita Augusta con Caesaraugusta; también es reconocible del Anónimo de Rávena.
Existen más fuentes que mencionan la existencia y relevancia de este yacimiento, pero no entraremos en comentarlas. Sin embargo, cabe destacar la gran importancia de Complutum como centro comercial, administrativo y religioso; dato que se corrobora arqueológicamente en las excavaciones de las casas romanas, tanto del casco urbano como del entorno complutense, correspondiéndose la mayoría de estas construcciones con la época bajoimperial.
Antes de centrarnos en el mosaico, debemos mencionar la conservación de las diversas edificaciones que nos han llegado de época romana, entre ellas destacan casas privadas y edificios públicos (termas, basílica y un ninfeo). Nos interesa destacar una construcción concreta, la Casa de Hyppolytus, formando parte de las construcciones suburbiales de distinta funcionalidad que crecen hacia el norte (evitando los límites geográficos del río y los abruptos cerros que evitan la expansión hacia el sur).
Fig. 1. Planta general de la Casa de Hyppolitus (tras las excavaciones de 1991)
En lo relativo a los niveles de la presencia romana podemos estructurar la misma en dos fases, correspondiéndose estas con dos edificios diferentes. Una primera, coetánea a la fundación de la ciudad y una segunda (que es la que se nos presenta interesante para esta entrada) con una cronología vinculada a finales del siglo III y principios del IV. Esta segunda fase se corresponde con una serie de habitaciones a las que se le asignaron funciones termales.
Nos centraremos, concretamente, en la habitación central (de 75 m2) que funciona como distribuidora del resto, localizada en el punto central y dominada por el mosaico en el que nos centramos.
Fig. 2: Planta esquemática del mosaico de la habitación distribuidora.
Dicho mosaico está compuesto por una serie de escenas geométricas que rodean y forman el encuadre de un emblema con una escena de pesca. La característica peculiar d e este emblema es su disposición, que en contra de la regla general (localización central) aparece desplazado hacia la esquina SE (por la que se accede, gracias a unas escaleras, a una piscina de agua fría).
El mosaico en sí, sirve de pavimento a una gran habitación rectangular (7,50 x 8,70 metros) con funciones distribuidoras.Podemos apreciar una gran zanja de expolio que atraviesa el campo geométrico del mosaico. Nos centraremos en el emblema.
Figura 3: Emblema esquemático.
Ya hemos mencionado su peculiar localización, que no se ajusta a la habitual norma de la musivaria romana. dicho emblema consta de tres partes: la inscripción “ANNIORVUM (hédera) HIPPOLYTVS TESSELLAV[IT]”; el marco y por último el cuadro. Este representa una escena de pesca, en la cual tres erotes, que navegan en una barca, recogen sus redes rodeados de abundante fauna marina, en la que se ven representados un total de veintidós animales.
Figura 4: Croquis de la identificación numérica de os peces que forman el emblema.
Entre estas especies destacan pulpos (1 y 2), langostas (5 y 12), erizos de mar (8), pez espada (9), delfines (13), morenas (15 y 18), sepia (22), y muchos de ellos túnidos sin determinar(3, 4, 6, 7, 10, 11, 14, 16, 17, 21, 23 y 24)
La pesca y la representación de fauna y paisajes marinos se remontan a tiempos de la cultura cretense, estando, por tanto, siempre vinculados al arte del mundo mediterráneo. se trata de un género, desarrollado de manera abundante por pintores y mosaistas romanos, se relaciona con la denominada pintura de “marinas” helenísticas (presente en los artísticas itálicos desde el siglo II a.C).
La mayoría de los paralelos del género de marinas de este mosaico, podemos encontrarlos en el Norte de África, aunque es relativamente frecuente en mosaicos hispanos, como es el caso de la Casa de los Peces en Complutum, La Cigarrosa (en el Complejo Termal de Ourense), el de Toledo (que combina fauna y paisaje marino con escenas portuarias), entre muchos otros. De manera repetida, estas temáticas ornamentales aparecen directamente relacionadas con contextos acuáticos, ya sean termas, impluvia o fuentes.
Deteniéndonos en algunos aspectos del mosaico, comentaremos las figuras de los tres erotes que practican la pesca con red. Se trata este, de un patrón visto en numerosos mosaicos, figuras que aúnan sus esfuerzos para subir la red llena de peces. También es destacable la embarcación, la que se clasifica como barca de pesca, mas concretamente del tipo vegeiia. Los elementos paisajísticos se encuentran ausentes, por norma general ocurre en este tipo de representaciones.
Para finalizar, es interesante señalar como las costumbres y técnicas de pesca en la antigüedad tienen su reflejo en las obras artísticas de la época, y cómo podemos buscar en ellas claves para la comprensión de muchas de estas tradiciones.
BIBLIOGRAFÍA:
Rascón Marqués, S., Polo López, J., Gómez Pallarés, J., & Méndez Madariaga, A. (1998). " Hippolytvs": estudio de un nuevo mosaico del género de pesca y con inscripción procedente de Complutum, Alcalá de Henares, Madrid. Lucentum, XIV-XVI (1995/1997); pp. 39-62.
Piletas de la fábrica de salazón de Iulia traducta, obtenido de http://arqueolugares.blogspot.com.es/2014/04/iulia-traducta-algeciras-romana.html
Gracias a la lectura de fuentes clásicas se estableció que en el Campo de Gibraltar había una ciudad fundada por Marco Vipsanio Agripa hacia el 29 o 28 a.C. y que era conocida con varios nombres, entre ellos Iulia Traducta y Iulia Tingentera. Está situada en la bahía de Algeciras y tuvo habitantes de procedencia púnica (del norte de África) y soldados veteranos de los ejércitos augusteos con ciudadanía romana; esta ciudad tendría los elementos típicos de las ciudades augusteas, pero además se le otorgó la condición de ceca.
Las monedas que encontramos en la ciudad, las monedas de esta ceca, tienen como tipos racimos de uvas, espigas tendidas y atunes, además de la imagen de Augusto propia de su reforma monetaria.
Ejemplo de As de Iulia Traducta (27 a.C. – 17 – d.C.)[1]
En el barrio pesquero-conservero, actual Villa Vieja de Algeciras, se han encontrado al menos cinco edificios de distinto tamaño asociados con la industria de la salazón, los cuales habrían sido abandonados hacia el S. V d.C. Estos edificios han sido de gran importancia, ya que en ellos se han encontrado miles de huesos de fauna terrestre con evidencias de sacrificio, descarnado y procesado, lo que ha sido interpretado como algo asociado a un proceso de elaboración de conservas cárnicas en las fábricas piscícolas; también se han encontrado numerosos molinos rotatorios que se han confirmado eran para la producción de harina de pescado y restos óseos de cetáceos.
Piletas de salazón en Iulia Traducta[2]
Planimetría de las fábricas de Iulia Traducta con la indicación de los contextos de procedencia de la muestra de malacofauna estudiada[3]
A su vez, se han encontrado vestigios de ostricultura, de la que hablamos en otra entrada, de la cual se hallaron restos de valvas de ostreidos adheridos a fragmentos cerámicos; en total, se cuentan 33 especies, 15 eran gasterópodos marinos, 2 pulmonados terrestres y 16 bivalvos marinos. El contexto de hallazgo de ostras era básicamente de dos tipos: rellenos de piletas, en los que aparecían con restos de fauna terrestre y de peces, lo que ha sido interpretado como restos procedentes del descarte tras el procesado en las fábricas haliéuticas; restos procedentes de la colmatación de los pavimentos.
Selección de ostreidos procedentes de la colmatación del pavimento de la parte central del Conjunto Industrial I (U.E. 3200)[4]
Fragmento de valva superior de ostrea edulis crecido sobre un ánfora sudhispánica (pileta P-17)[5]
El abandono de esta fábrica de salazón, como hemos dicho, se produce alrededor del S. V d.C. Es un proceso constante cuyo último proceso de colmatación se da en el S. VI d.C.
BIBLIOGRAFÍA
BERNAL CASASOLA, D. (Ed.) Pescar con Arte. Fenicios y Romanos en el Origen de los Aparejos Andaluces. Catálogo de la exposición Baelo Claudia, diciembre 2011-julio 2012. Cádiz: Universidad de Cádiz.
BRAVO JIMÉNEZ, S. La Ceca de Iulia Traducta en “Investigación y Ciencia”, marzo 2005 (pp. 78 – 84).
GOZALBES CRAVIOTO, E. (2001). La supuesta ubicación de Iulia Traducta en Tarifa, Aljaranda (21).
[1] Obtenido de http://moneda-hispanica.com/latinas6.htm
[2] Obtenido de https://es.wikipedia.org/wiki/Iulia_Traducta
[3] Obtenido de BERNAL CASASOLA, D. (Ed.) Pescar con Arte. Fenicios y Romanos en el Origen de los Aparejos Andaluces. Catálogo de la exposición Baelo Claudia, diciembre 2011-julio 2012. Cádiz: Universidad de Cádiz (p. 151).
Figura 1: Depósitos de salazón de la cetaria de "Barcino".
Son muy numerosas las cetariae romanas cuyos restos se conservan en mayor o menor medida en el territorio hispano. Muchas de ellas dispusieron de una producción más elevada que las de Barcino y otras muchas tuvieron una extensión también mayor. De hecho, las factorías de salazón barcilonenses no alcanzaron en ningún momento el dinamismo económico de otras factorías, como por ejemplo las ya estudiadas en otras entradas de Baelo Claudia o Sexi, que resultan en la actualidad ejemplos bastante paradigmáticos de la actividad haliéutica desarrollada en la Hispania romana. Sin embargo, la cetaria de Barcino constituye también un ejemplar trascendente, considerándose incluso una industria bastante original por varios motivos. En primer lugar, por su propio contexto geo-cronológico, pues se encuentran situadas en una zona en las que los trabajos salazoneros estaban escasamente representados y además, fue una factoría que estuvo en funcionamiento en momentos relativamente tardíos. En segundo lugar, porque en Barcino la cetaria se vinculó en todo momento con una vivienda particular, que si bien pudo variar de propietario, se articuló dentro del desarrollo de un negocio privado. En tercer lugar, porque la construcción de esta factoría privada implicó la ocupación de parte de un vial público. Y en cuarto y último lugar, porque no siendo la industria salazonera un punto fundamental de la economía de Barcino, estos productos, a diferencia de otros que sí eran punteros en la economía barcilonense, llegaron a disponer de un fuerte prestigio en el resto del Mediterráneo, especialmente a partir del siglo IV a. C.
La Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino, situada en la Llanura de Barcelona, en una amplia zona con pequeñas elevaciones entre los ríos Llobregat y Besòs y muy próxima a las rutas que conectaban el pre-litoral catalán con las explotaciones agrícolas cercanas, fue fundada bajo el principado de Augusto, concretamente en una fecha cercana al año 10 a. C. La promoción totalmente ex novo de la ciudad se revelará como una más de las muchas fundaciones ocasionadas en el norte peninsular poco después de la conclusión de las Guerras Cántabras (29-19 a. C.). Así pues, la fundación se proyectó para cumplir dos objetivos principales. De un lado, con la intención de premiar con tierras y parcelas urbanas a los numerosos soldados recién licenciados. De otro lado, con el propósito de reordenar administrativa y económicamente la zona del noreste peninsular; proceso que se produjo en un momento coetáneo a la remodelación de la antigua Vía Domitia y la construcción de la Vía Augusta.
Así pues, el emplazamiento de la recién fundada colonia de Barcino dispondrá de unas condiciones naturales óptimas, también relacionadas con sus facilidades en lo que respecta al control de amplios territorios agrícolas y, en lo concerniente al acceso a un puerto marítimo. Barcino se convirtió de este modo y desde muy pronto en el principal centro político y administrativo de la región de la Laietania, disfrutando de una enérgica intervención constructora y un fuerte dinamismo económico. El principal motor de la economía de la ciudad fue la agricultura vinícola y, sobre todo el cultivo del cereal. Sin embargo, estos productos no debieron de gozar de un potente prestigio en el resto del Imperio romano, del que, en cambio, sí disfrutaron sus productos mineros y, muy especialmente, los piscícolas. Entre estos productos derivados de la pesca de gran calidad se encontraba el garum, las salazones de pescado y más en concreto las célebres y populares Barcinonensis muriae, que en este caso de Barcino eran fabricados en un pequeño taller de tamaño medio levantando en la segunda mitad del siglo III d. C. en el sector artesanal/industrial del yacimiento arqueológico de la plaza del Rey (en la zona noreste de la ciudad). La construcción de este sector artesanal/industrial fue proyectada a finales del siglo II d. C. como una de las diversas modificaciones urbanísticas que se produjeron en estos momentos en la ciudad de Barcino con el objetivo de ocupar el espacio anteriormente en uso público con ampliaciones de casas o negocios particulares (fig.2).
Figura 2. Topografía del sector artesanal/industrial de la colonia romana de "Barcino" con indicación en el número 2 de la cetaria.
La cetaria de Barcino, excavada durante los años 1930 y 1931, estuvio en funcionamiento desde finales del siglo III hasta la segunda mitad del siglo V d. C. Durante este tiempo fue objeto de numerosas remodelaciones y reparaciones. De explotación seguramente privada, en un primer momento se encontraba directamente relacionada con la insula de una domus, cuyo propietario ocupó parte del cardo minor colindante a la casa (en concreto unos 8 metros cuadrados) para la construcción de la factoría, situándose la entrada en esta zona de ocupación pública. Se ha hallado bajo los cimientos de sus muros un depósito ritual consistente en la colocación de una jarra tumbada con un pájaro en su interior (fig.3); depósito seguramente realizado en el momento de inauguración de la industria con el objetivo de ponerla bajo la protección de los dioses. Posteriormente, en un momento relativamente tardío (seguramente tras el imperio de Constantino) la cetaria pasó a formar parte del patrimonio de la Iglesia, asociándose a la residencia episcopal.
Figura 3. Dibujo de la jarra de depósito ritual.
La factoría de salazón, en todo caso, contaba con aproximadamente 350 metros cuadrados de extensión, y presentaba el esquema típico de articulación con dos elementos básicos. En primer lugar, el conjunto de dependencias, piletas y depósitos, modulado en torno a un patio central al aire libre. En segundo lugar, un sistema de alcantarillado con conductos de desagüe, pozos, pavimentos hidráulicos de opus signinum y elementos especiales que evitaban la acumulación de residuos y su entrada a las grandes salas de trabajo (fig.4)
Figura 4. Planta de la cetaria, con los depósitos de salazón (1), las piletas de "garum"(2), los depósitos y sus podios (3), el patio central (4 y 5), las pequeñas estancias (10), sala para la limpieza y troceado de pescado (12 y 13) y la sala destinada al almacenaje (15).
El patio central se encontraba pavimentado con losas de piedra y opus signinum, formando unos pasillos de circulación independientes y presentando una acusada pendiente proyectada con el objetivo de facilitar el desagüe de agua y el traslado de los productos. Las salazones se establecían en dos grandes depósitos alineados en torno al patio, dispuestos a ras de suelo y rodeados por una pequeña plataforma, de modo que se facilitaban las labores y maniobras. La pasta del garum, en cambio, se depositaba en piletas más pequeñas, de dimensiones variables.
Por lo que se refiere a las habitaciones, se ha constatado la existencia de cinco estructuras, tres de las cuales tenían un tamaño menor y presentaban varios dolia de almacenaje y desagüe (fig.5). De entre ellas, además resulta significativo que una fuese creada a partir de la ocupación del vial público. Las dos estructuras restantes eran salas de dimensiones mayores. La primera de estas salas, abierta al patio interior, de estructura alargada, pavimentada en opus signinum y con cierta inclinación hacia el desagüe, seguramente se encontraba dedicada a la limpieza y el troceado del pescado, pues además de restos de pescado, se han hallado varios muretes transversales a la pared, que pudieron servir de apoyo para tablones de madera donde proceder a dichas labores. La segunda de las salas, también comunicada con el patio central, tenía una planta rectangular y pudo encontrarse destinada al almacenado del producto ya elaborado.
Figura 5: estancias con "dolia" de la "cetaria" de "Barcino".
Bibliografía
BELTRÁN DE HEREDIA BERCERO, J.: “La cetaria de Barcino. Una factoría de salazón del siglo III d. C. en el yacimiento de Plaza del Rey de Barcelona”, en III Congreso Internacional de estudios históricos. El Mediterráneo: la cultura del mar y la sal (Santa Pola, Alicante, 2004), Alicante, 2005, pp. 151-168.
BELTRÁN DE HEREDIA BERCERO, J.: “Cetariae bajoimperiales en la costa catalana: el caso de Barcino”, en LAGÓSTENA, L, BERNAL, D. y ARÉVALO, A. (eds.): Salsas y salazones de pescado en el Occidente durante la Antigüedad. Actas del Congreso Internacional (Cádiz, 7-9 de noviembre de 2005), Cádiz, 2007, pp. 277-284.
El uso de la púrpura para teñir las prendas se remonta a época micénica, pero fue con los fenicios cuando se popularizó más ampliamente, siendo la época romana el momento de mayor esplendor de este tipo de tinte hecho a base del jugo de gasterópodos marinos. Este color estaba muy valorado dentro de la sociedad romana, las togas y túnicas de los patricios estaban decoradas con bandas púrpuras, siendo un elemento de prestigio y diferenciación social tal, que en época bajo-imperial la producción de la púrpura de Tiro estaba tremendamente monopolizada por la familia imperial, prohibiendo incluso ciertos tonos a personas ajenas a los miembros de la misma.
Las dos especies que según Plinio son las mejores para la obtención de este tinte son el bucinum (nuestra púrpura) y la purpura (nuestro murex brandaris), aunque arqueológicamente también se han hallado restos de murex trunculus (podemos encontrar especies menores también); en cada yacimiento prevalece una de estas especies, aunque aún quedan por hacer muchos estudios sobre concheros.
Para extraer la púrpura primero se extraía el glande hipobranquial oblongo (parte purpurígena del animal) sacando vivo a éste de su concha, usando para perforarla un instrumento de hierro (ferramentis), teniendo que llevar a cabo el proceso posterior rápidamente para que se diesen las reacciones químicas necesarias para obtener la púrpura, de ahí que preferentemente se realizase esta tarea en el mismo lugar en el que se capturaba el molusco.
En el proceso de fabricación se usaban elementos que despedían un olor desagradable, por lo que era un punto a favor que los talleres se encontrasen en la costa, no en el núcleo urbano (como en el caso de Ibiza), aunque no podemos descartar que se hiciese el proceso en la urbe. Una vez extraídos los glandes, estos se dejaban macerar tres días en sal y se calentaba la mezcla en recipientes de plomo para conseguir su evaporación. Finalmente, al décimo día se filtraba el líquido obtenido para limpiarlo de impurezas, probando con un trozo de lana si estaba listo para teñir. Así, los pasos serían: ebullición, maceración, limpieza e introducción de los materiales a teñir. El transporte del tinte para su comercialización no tenemos muy claro cómo se hacía, ya que no resistía el viaje, de modo que se ha planteado como posibilidad que se tiñese lana hilada unida en madejas.
Por último, mencionar el sistema de pesca de estos animales. El mejor momento era después del verano debido a que el exceso de calor hace que no hagan caso de los cebos, reduciéndose el periodo de pesca entre el final de éste y el comienzo del frío, lo que ha llevado a pensar que los mismos pescadores diversificaban su trabajo, es decir, no se dedicaban solamente a la extracción de púrpura. Como había distintas especies de caracoles, de murex, cada una habitaba y se pescaba de una manera diferente, aunque en general se recurría a las nasas; encontramos sin embargo testimonios de la pesca con cebos sujetados a cuerdas, pero no tenemos información sobre cómo pesaban los romanos cuando tenían que adentrarse más en el mar.
BIBLIOGRAFÍA
ALFARO GINER, C., y TÉBAR MEGÍAS, E. (2004) Aspectos históricos, económicos y técnicos de la producción de púrpura en la Ibiza romana. En C. ALFARO, J. P. WILD y B. COSTA, (Eds.), Purpureae Vestes I. Actas del I Symposium Internacional sobre Textiles y Tintes del Mediterráneo en Época Romana, (pp. 195 – 210). Valencia: Consell Insular d’Eivissa i Formentera i Universitat de València.
BERNAL CASASOLA, D. (Ed.) (2011) Pescar con Arte. Fenicios y Romanos en el Origen de los Aparejos Andaluces. Catálogo de la exposición Baelo Claudia, diciembre 2011-julio 2012. Cádiz: Universidad de Cádiz.
GARCÍA VARGAS, E. (2004). Las Pesquerías de la Bética durante el Imperio Romano y la Producción de Púrpura. En C. ALFARO, J. P. WILD y B. COSTA, (Eds.), Purpureae Vestes I. Actas del I Symposium Internacional sobre Textiles y Tintes del Mediterráneo en Época Romana, (pp. 219 – 235). Valencia: Consell Insular d’Eivissa i Formentera i Universitat de València.
[1] Obtenido de http://www.discoverlife.org/mp/20q?search=Buccinum
[2] Obtenido de https://www.lib.umich.edu/online-exhibits/exhibits/show/the-geography-of-colorants/item/3864?exhibit=103&page=525
En la antigua Roma las ostras se criaban en piscinas y también se pescaban, siendo un famoso lugar para la ostricultura, entre otros, Tarraco. En lo que a la cría se refiere, los moluscos necesitaban de unas condiciones de salinidad concretas y también de fitoplancton para poder alimentarse; la cría se podía realizar en lagos, ríos, con cuerdas, con tejas (a las que se adherían en estado larvario), etc.
Las ostras podían ser cultivadas de distinta manera. En Altino (Venecia) podemos encontrar el cultivo de ostras en un lago, zona en la que se han encontrado fosas-vivero (solamente atestiguado aquí) donde se criaban y donde los investigadores han hecho una división de tres tipos de depósitos: asociados a viveros, para la conservación en vivo y almacenaje de ostras importadas o locales, y desechos de consumo alimenticio de moluscos.
Una práctica mejor atestiguada y que con variaciones se sigue haciendo hoy en día es la de las bateas de madera con los moluscos amarrados a sogas; así, tenemos una ampullae (del tipo Baiae) de vidrio encontrada en Emporiae que nos muestra las edificaciones asociadas a este tipo de explotación. Al parecer, estos viveros de moluscos recibían el nombre de Ostriaria y eran construcciones de madera con postes anclados al fango y con la “batea” de forma rectangular y con un remate triangular en uno de sus lados que unía sus travesaños con cuerdas dobles; finalmente estaban las cuerdas que caían verticalmente. Se han encontrado ostreidos con agujeros en sus valvas, lo que sería debido a que pasarían una pequeña cuerda para unirlos y que no se separasen; ejemplos de este sistema han sido hallados en Emporiae y Asturica Augusta en representaciones que nos hacen ver que no era un sistema ajeno a los habitantes de la península.
Cultivo de ostras en bateas de madera[2]
Sin embargo, el tipo de explotación mejor conocido y del que tenemos un gran ejemplo en Iulia Traducta (Ceuta) es el de las ostras crecidas en lechos cerámicos artificiales. Este método consiste en usar la cerámica para crear un lecho artificial sobre el fondo, a modo de colectores por su superficie dura y lisa, y a esos restos cerámicos son a los que se fijan las larvas a partir de las cuales crecen las ostras.
BIBLIOGRAFÍA
ESPINOSA BUENO, M. (n.d.) El Consumo de Pescado y Producto del Mar en la Sociedad Romana. Implicaciones Sociales, Culturales e Ideológicas. Obtenido el 21 de enero de 2017 de http://s3.amazonaws.com/academia.edu.documents/40808205/TFM_Manuel_Espinosa_Bueno.pdf?AWSAccessKeyId=AKIAIWOWYYGZ2Y53UL3A&Expires=1485180362&Signature=IVW%2BOBDXUU6JDaeb%2BABgNTaZ7%2BI%3D&response-content-disposition=inline%3B%20filename%3DEl_consumo_de_pescado_y_producto_del_mar.pdf
BERNAL CASASOLA, D. (2011) Piscicultura y Ostricultura en Baetica. Nuevos Tiempos, Nuevas Costumbres. En D. BERNAL CASASOLA (Ed.) “Pescar con Arte. Fenicios y Romanos en el Origen de los Aparejos Andaluces. Catálogo de la exposición Baelo Claudia, diciembre 2011-julio 2012” (pp. 137 – 159). Cádiz: Universidad de Cádiz.
[1] Obtenido de http://www.france-voyage.com/francia-gastronomia/ostricultura-122.htm
[2] Obtenido de http://comerybeber.lasprovincias.es/frutos-tierra/ostra-valencia-lista-cosecha
El complejo de Camposoto queda localizado en el término municipal de San Fernando (Cádiz), una ciudad conocida como “Isla de León”. La zona excavada dentro del sector ocupa una extensión de unos 900 metros aproximadamente,en sentido oeste- este; ciñéndose a la superficie donde se encontraron los hornos. Responde a una altitud de entre unos 8 y 10 metros sobre el nivel del mar.
En lo relativo a la estratigrafía podemos describir tres “paquetes” estratigráficos: el primero de ellos se corresponde a un nivel vegetal; el segundo, donde se documentan los restos arqueológicos, de carácter arenoso arcilloso rojizo; y por último la “piedra ostionera” ( tipo de roca que aparece constituida por un conglomerado de areniscas y restos de animales marinos fosilizados (conchas y cáscara de diferentes moluscos, fundamentalmente), y que se obtiene de cantera a cielo abierto en la propia costa).
Las primeras excavaciones documentadas comenzaron en los años 30s y los restos que se han hallado durante las siguientes seis décadas albergan numerosos descubrimientos de relevancia destacada: hipogeo púnico, máscara de cerámica, un silo desocupado, parte subterránea de un edificio excavado en roca, tumbas púnicas de piedra “ostionera”, un sector de una villa romana (sobre todo un hipocaustum), estos, entre otros han constituido los puntos más importantes de las campañas realizadas durante estos años.
En los últimos años se ha asentado la imagen de San Fernando como una zona industrial de producción de salazones y salsas de pescado en época púnica, sobre todo a partir de las excavaciones de hornos en las zonas de Torre Alta o Pery Junquera.
Se trata de hornos con una producción fundamentalmente de carácter anfórico, sobre todo los de mayor tamaño. Junto a la producción de ánforas comerciales también encontramos piezas de menor tamaño, no solo de uso común (tapaderas, platos, cuencos, etc.) como cerámicas de lujo (platos de engobe rojo, moldes de terracotas, etc.). Otros elementos materiales que también debemos destacar son: fallos de cocción, escorias, restos óseos y algunas piezas metálicas.
Los hornos hallados en este área presentan una conexión clara entre ellos dado que se han descubierto restos de moldes de terracotas vinculados a la escombrera de uno de los hornos y sus correspondientes terracotas en la escombrera subyacente a otros de los hornos.
(Fig.1: Ánforas halladas en el complejo de Camposoto)
Se han descubierto restos de ánforas (del tipo 54) con restos orgánicos en su interior, que confirmarían que Camposoto no se caracterizó únicamente por ser una zona industrial en torno a la alfarería, sino también dedicado a la fábrica de salazones y salsas de diferentes tipos y variedades, además de otras unidades de almacenaje destinadas al control de la producción y de su expedición para su posterior comercialización. Siendo una actividad que llegó a difundir estos productos por numerosos ámbitos del Mediterráneo, siguiendo una intrincada red de rutas de comercio. Los complejos industriales de salazón estarían vinculados a la Plaza de Adrúbal de Cádiz, donde se han localizado los restos.
BIBLIOGRAFÍA
Gago Vidal, M. H., Clavaín González, I., Muñoz Vicente, Á., Perdigones Moreno, L., & Frutos Reyes, G. D. (2000). El complejo industrial de salazones gaditano de Camposoto, San Fernando (Cádiz): estudio preliminar. Habis, 31, 37-61.
de Frutos Reyes, G., & Vicente, Á. M. (2004). La implantación colonial fenicia arcaica en el archipiélago de Las Gadeira: una propuesta para debate. Huelva en su Historia, 11(10).
Actualmente una nasa está hecha con metal o fibra artificial, pero en la Antigüedad estaba hecha con mimbre o esparto; tiene diversas formas, pero la más generalizada es la de una jaula alargada que tiene en su interior compartimentos estrechos en los que se dejaba cebo y donde se quedaba atrapado el pez. Las nasas eran colocadas en el fondo del mar o del río y se ataban con una cuerda a algún objeto en la orilla que las sujetaba e impedía que fuesen arrastradas, estando señalizadas con un corcho que flotaba en la superficie. Muchas veces para atraer a los peces a las nasas se echaban distintas sustancias sobre la superficie del agua, como harina, miga de pan, ciertas plantas… lo que hacía también las veces de cebo.
“El pescador entreteje una nasa de esparto de prieta trama, y dentro pone una torta de algarrobas empapada en vino oloroso, y mezcla dentro la lágrima de Mirra (…) Una vez mezclada la sagrada savia con el resto, el pescador ancla su nasa entre las olas y, en seguida, la fragancia del lirio se difunde por el Mar, y llama a los rebaños de variadas clases; y los peces, atraídos por el dulce vaho obedecen a la llamada, y en seguida la nasa está rebosante, trayendo al pescador una recompensa de espléndido botín”.
Opiano, iii, 400 y ss.
Además de las nasas asociadas a las fábricas de salazón, al parecer se empleaban también, según las fuentes, en la captura de peces que no fuesen de excesivo tamaño en el medio fluvial o lacustre. La ventaja de este medio de pesca, a diferencia de la pesca con redes, anzuelos y demás, es que el pescador no tiene que estar presente de manera constante, siendo un buen método complementario a la pesca mayor.
Plinio nos habla de que para la pesca de los murícidos se colocaban almejas medio muertas a modo de cebo dentro de la nasa, de tal modo que al entrar en contacto con el agua revivían y cuando los múrices lanzaban la lengua para cogerlas, éstas cerraban las valvas y se quedaban atrapados en la nasa.
También podemos poner en relación los corrales de pesca (de los que hablamos en otro post) con las nasas, ya que se usaban como complemento a la pesca de este tipo, usando por ejemplo los cuévanos, que eran nasas de junco o esparto de forma tronco-cónica que se empleaban principalmente para la captura de pulpos, morenas y congrios.
Solamente decir que no tenemos demasiados restos al estar hechas de material perecedero, por lo que las fuentes literarias son también vitales para saber exactamente cómo funcionaban y cómo eran las prácticas de pesca con ellas, aunque debido a la poca variación en forma y método con las nasas actuales, podemos inferir esos datos.
BIBLIOGRAFÍA
FLORIDO DEL CORRAL, D. (2011) Corrales, una técnica de pesca tradicional en Andalucía. En D. BERNAL CASASOLA (Ed.) “Pescar con Arte. Fenicios y Romanos en el Origen de los Aparejos Andaluces. Catálogo de la exposición Baelo Claudia, diciembre 2011-julio 2012” (pp. 65 - 91). Cádiz: Universidad de Cádiz.
GARCÍA VARGAS, E. (2004). Las Pesquerías de la Bética durante el Imperio Romano y la Producción de Púrpura. En C. ALFARO, J. P. WILD y B. COSTA, (Eds.), Purpureae Vestes I. Actas del I Symposium Internacional sobre Textiles y Tintes del Mediterráneo en Época Romana, (pp. 219 – 235). Valencia: Consell Insular d’Eivissa i Formentera i Universitat de València.
MARTÍNEZ MAGANTO, J. (1992). Las Técnicas de Pesca en la Antigüedad y su Implicación Económica en el abastecimiento de las Industrias de Salazón. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología Universidad Autónoma de Madrid (CuPAUAM), Vol. 19, 219-244. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.
[1] Obtenido de http://bertan.gipuzkoakultura.net/eu/17/es/7.php
El gran problema que encontramos a la hora estudiar estos elementos, es que los yacimientos, las excavaciones y los registros empíricos disponibles para evaluar esta faceta de la historia económica de la Antigüedad se retrotraen a los años 80s y comienzos de los 90s, pero son casi inexistentes los estudios detallados de cultura material de asentamientos pesqueros, o de aquellos vinculados con el procesado de recursos del mar.
Para comenzar su identificación y atribuirles una utilidad concreta, los investigadores cuentan con dos tipos de fuentes disponibles:
- Las fuentes literarias clásicas, las más numerosas, que indican expresamente el tipo de aparejos utilizados, como sucede en la obra Haliéutica de Opiano, del siglo II d.C. En ella se comenta los tipos de artes más abundantes (caña, sedal, tridente, trampas y redes).
- La iconografía musivaria, donde encontramos multitud de elementos que confirman dichas apreciaciones. En los mosaicos advertimos pescadores con cañas desde la costa o desde embarcaciones, jóvenes piscatores con sedales, diferentes tipos de redes y pescadores con tridentes que desde el litoral o la borda de barcos izan sus capturas, expone Bernal. La pintura pompeyana es otra de las fuentes a la que han recurrido estos investigadores. En los frescos conservados, sobre todo en Pompeya, Herculano o Stabiae, se reflejan muchas escenas pesqueras de esta tipología.
Una vez catalogados, será más sencillo, para estos expertos, constatar qué prácticas pesqueras surgieron en la Antigüedad, y cuáles han perdurado hasta nuestros días, así como cuántas han caído en el olvido. La pesca manual con arpones o tridentes es quizás la que menos haya perdurado, restando únicamente de manera episódica en algunos lugares de Andalucía como en los famosos corrales de Rota o Chipiona. En cambio, las almadrabas gaditanas hunden sus orígenes en época romana con seguridad y posiblemente en época fenico-púnica.
Otras artes, actualmente prohibidas, son la atarraya o esparavel, es decir, las redes de mano lastradas con pesas de plomo colocadas longitudinalmente que se lanzan desde embarcaciones o la costa, que están perfectamente documentadas en yacimientos como la ciudad hispanorromana de Baelo Claudia. Del mismo modo, ha aparecido documentación que revela que en la Prehistoria Reciente se usaban pesas de redes pétreas y el inicio de empleo desde época fenicio púnica de lastres cerámicos, cilíndricos y fusiformes en la pesca de red.
El estudio morfométrico de las pesas de plomo hace valorable el tamaño de las redes y el tipo de pesas que pudieron usar en aquella época para calar alambradas.
Se trataría de redes del tipo almadraba de tiro y vista o jábegas/boliches, sin que sea posible, de momento, precisar más. Sí es interesante destacar el hecho de que la efectividad de estas pesas debió ser notable, ya que se mantuvieron durante siglos (al menos entre el V y el II a. C.) y dieron lugar en época romana a una diversificación tipológica mayor, basada eso sí en este esquema.
Es significativo que el uso del plomo en época púnica, a través de las pesas laminares enrolladas, se relacione en todos los casos con ejemplares pequeños, de reducidas dimensiones y peso, reconducibles a redes de escasa entidad destinadas a ser maniobradas manualmente o por dos personas.
La imagen del mosaico de Susa del s. II/III d.C (que hemos visto al principio de la entrada), es bien ilustrativa de ambas posibilidades. Aunque es muy probable que desde el siglo IV a.C. al menos existiesen estos esparaveles o atarrayas, caracterizadas por su manejo manual, pero de momento no encontramos ningún hallazgo contextualizado de pesas laminares enrolladas de similares dimensiones que lo confirme.
Sin embargo, en Baelo Claudia contamos con un conjunto de al menos 8 ejemplares de reducido tamaño (4,5-6cm de longitud total) y no muy pesadas (25-50 gr) plegados sobre un cabo fino, de varios milímetros de grosor, que sí podemos relacionar con los esparaveles, teniendo en cuenta su misma procedencia contextual, en una de las habitaciones del macellum.
Este tipo de red se denomina amphíblestorn o red arrojadiza por Opiano en su Haliéutica (III).
En los contextos de época romana la tipología de pesas laminares plúmbeas es mucho más diversificada. Aparentemente las redes de mayor envergadura, que podríamos relacionar con las alambradas, parecen haber sido lastradas con plomos, conclusión a la que llegamos cuando valoramos el notable grosor de los cabos de las relingas inferiores, que parecen haber duplicado su tamaño en relación a los ejemplares de época púnica.
Efectivamente, algunos grosores internos de pesas laminares dan diámetros entre 2 cm (Traducta) y 2,5-3 cm (Baelo Claudia), en momentos altoimeriales.
En época romana asistimos a una notable diversificación de la tipología de pesas de red, especialmente acusada en el Círculo del Estrecho: parecen ser ahora pesas discoidales las más frecuentes, cuya variada morfología y diverso módulo parece indicar una relación con redes de diverso porte.
Cuando pensamos en la pesca en la Antigüedad lo que nos viene a la cabeza es la referente a los peces, pero también los romanos pescaban distintas especies de cetáceos, aunque los restos que nos han podido llegar son bastante escasos debido a lo perecedero de este tipo de materiales, a pesar de lo cual este ámbito de estudio ha empezado a abrirse y ampliarse en los últimos años.
Tenemos testimonios de la literatura romana que nos cuentan cómo pescaban ballenas en aquella época, siendo de vital importancia para ello Opiano, quien nos describe enteramente el proceso de pesca de una ballena. Era un tipo de pesca colectiva y para empezar, se debía calcular el peso y tamaño del cetáceo según el tipo de nado; luego empleaban una maroma con anzuelo múltiple y carnada para apresar al animal, además de odres o calabazas inflados como flotadores; por último, ataban el cabo a la costa, habiendo cansado al animal, y finalmente lo remataban con utensilios punzantes (arpones, tridentes, hoces, hachas…). Según parece, no era una pesca que buscasen los romanos, sino que era una pesca más basada en aprovechar el momento en el que las ballenas se adentraban en zonas poco profundas, donde se varaban o estaban más desprotegidas.
...y acompañan a los pescadores, como si fuesen a la guerra, muchos fuertes arpones, y macizos tridentes, y hoces, y hachas de pesada hoja, y otras armas que forja el ruidoso yunque (Opiano, Haliéutica: V, 150-154).
Para los que están dotados de miembros más pequeños, la pesca es de menor aparato, y las armas son apropiadas para la presa; más delgadas las cuerdas, menor la mandíbula del anzuelo, más escasa la comida que ceba sus puntas, y en lugar de las pieles de cabra, globos de seca calabaza atados a la cuerda tiran del cuerpo de la bestia a la superficie (Opiano, Haliéutica: V, 352-357).
Por otro lado, debemos mencionar que es precisamente en la Península Ibérica donde los antiguos mencionan principalmente este tipo de pesca, concretamente en el Mare Ibericum, actual Mar de Alborán, al que accedían los animales desde el Océano Atlántico a través del estrecho de Gibraltar. Así, se han podido atestiguar restos en A Lanzada (Pontevedra, donde los restos óseos de cetáceos encontrados son de diferentes épocas, lo que demuestra que esta explotación no fue puntual en el tiempo), en Baelo Claudia y en Septem Fratres (Ceuta). Los restos encontrados parecen pertenecer a una variedad de mamíferos bastante amplia, entre los que encontramos el rorcual común y el delfín, aunque según los romanos no estaba demasiado bien visto cazar a este animal (a pesar de lo cual había bastantes productos hechos a partir de este cetáceo).
Gran parte de los hallazgos que se han realizado en la parte occidental del Mediterráneo son vértebras, costillas, escápulas, piezas dentarias o fragmentos craneales, piezas que han sido interpretadas como restos óseos reutilizados como mesas de trabajo, siendo un ejemplo de ello la vértebra encontrada en Baelo Claudia, la cual tiene orificios que albergarían los elementos de sujeción a una mesa fija; en el caso de Traducta, los restos pudieron ser empleados como tablas portátiles al no tener esos elementos de sujeción, aunque no se ha podido confirmar. El empleo del hueso antes que otros materiales como la piedra se debe a que mella menos los distintos utensilios empleados, por ejemplo, en las fábricas conserveras como Baelo, y a que es mejor que la madera, la cual se astilla con golpes fuertes de cuchillos y machetes. También se ha planteado el empleo de los huesos de los cetáceos como combustible debido a su contenido en aceites, pero principalmente su uso estaba relacionado, más probablemente, con el tipo de fábricas que hemos mencionado, empleando su carne y aceites, aunque los restos que encontramos son escasos debido a que el despiece de los animales se realizaba en la costa o en rampas instaladas en el intermareal.
BIBLIOGRAFÍA
BERNAL CASASOLA, D. (2009) Roma y la pesca de Ballenas. Evidencias en el Fretum Gaditanum en BERNAL CASASOLA, D. (Ed.) “Arqueología de la Pesca en el Estrecho de Gibraltar. De la Prehistoria al fin del Mundo Antiguo” (pp. 259 – 286). Cádiz: Universidad de Cádiz.
BERNAL CASASOLA, D., MONCLOVA BOHÓRQUEZ, A. (2011) Captura y aprovechamiento haliéutico de cetáceos en la Antigüedad. De Iulia Traducta a Atenas. En BERNAL CASASOLA, D. (Ed.) “Pescar con Arte. Fenicios y Romanos en el Origen de los Aparejos Andaluces. Catálogo de la exposición Baelo Claudia, diciembre 2011-julio 2012” (pp. 95 – 117). Cádiz: Universidad de Cádiz.
[1] Obtenido de http://www.elhogarnatural.com/cetaceos/Balaenoptera%20physalus.htm
Muchos se preguntarán cuál es la diferencia entre las piscinae (de las cuales hablamos en otro post) y los corrales de pesca. Pues bien, las piscinae se empleaban para criar pescado, intentando reproducir en ellas de manera artificial las condiciones ideales para distintas especies de peces, siendo tanto de agua salada como de agua dulce.
Los corrales de pesca son unas construcciones realizadas en la misma playa que aprovechaban las mareas para capturar los peces; es decir, cuando subía la marea (pleamar) los peces podían entrar en el recinto, pero cuando ésta bajaba (bajamar) no podían salir y se quedaban encerrados en estos corrales bien en seco o con poco agua. En ocasiones, había pequeñas cavidades, pozas, en estos corrales, bien naturales, bien hechas por la mano del hombre, donde se escondían los peces y moluscos, facilitando su recogida.
Estos corrales se podían hacer aprovechando las formaciones rocosas del terreno o construirlos artificialmente. Lo que era de vital importancia era favorecer el drenaje de los corrales, de tal modo que cuando el corral estaba hecho artificialmente o habiendo añadido piedras a las rocas del lugar, se intentaban dejar resquicios para que se colase el agua; para que se drenase bien el recinto se añadían unos “caños” o aberturas pequeñas que si bien no permitían el paso de los animales sí servía para desaguar. Estos huecos estaban cubiertos con unas piedras planas denominadas campanas que distribuían la carga y tenían un estribo en cada lado para retener piedras y materiales que pudiesen obstruir el conducto. Finalmente, en la parte inferior, estos caños se cubrían con rejas (falsos) que impedían que los peces escapasen hechas de sarmientos de viña o retamas (zarzos).
Los muros del corral aumentaban de tamaño según se adentraban en el mar, tanto en altura como en achura, para así salvar el cambio de profundidad de la costa; debemos mencionar que cuando se construían artificialmente era de vital importancia tener unos buenos cimientos para soportar las lajas de piedra u ostiones y favorecer la compactación del muro.
De este modo, con los corrales se aprovechaba el propio ciclo del mar y las costumbres de las especies que en él habitan, aunque los restos arqueológicos que nos puedan llegar de ellos son menores que los de las piscinae al estar en mayor contacto con el mar y más sometido a su erosión (aunque también debido al empleo de la propia roca que hubiese en la zona se mimetiza más con el entorno).
BIBLIOGRAFÍA
FLORIDO DEL CORRAL, D. (2011) Corrales, una técnica de pesca tradicional en Andalucía. En BERNAL CASASOLA, D. (Ed.) “Pescar con Arte. Fenicios y Romanos en el Origen de los Aparejos Andaluces. Catálogo de la exposición Baelo Claudia, diciembre 2011-julio 2012” (pp. 65 – 91). Cádiz: Universidad de Cádiz.
HIGGINBOTHAM, J. (1997) Piscinae: Artificial Fishponds in Roman Italy. EE.UU.: The University of North Carolina Press.
MORENO PÁRAMO, A.; ABAD CASAL, L. (1971) Aportaciones al estudio de la pesca en la antigüedad. España: Universidad de Sevilla.
SANTAMARINA, B., MODINO, R., COCA, A. (coord.) “Periferias, Fronteras y Diálogos. Antropología Ambiental. Estado de la Cuestión y Retos Futuros”. Actas del XIII Congreso de Antropología de la Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español (2014). Tarragona: Universitat Rovira i Virgili.
[1] Obtenido de http://www.congeladoscaromar.com/los-corrales-de-pesca-de-chipiona/