El sendero de la Sabiduría es el sendero del deber. No constituyen caminos separados… no logran los hombres asociar la sabiduría con el deber… el discípulo verifica la acción (deber), y haciéndolo así, encuentra sabiduría.
En cada encarnación no tiene lugar más que un nacimiento, una vida, una muerte. Es una locura el duplicarlos gracias a persistentes quejas por el pasado, por cobardía presente o por miedo del futuro. El tiempo no existe, es el ahora de la eternidad lo que el hombre toma equivocadamente por pasado, presente y futuro.
El forjar cadenas terrenales constituye la ocupación del indiferente; el terrible deber de desatarlas por medio de las angustias del corazón, es también ocupación suya. Ambas cosas son sacrificios propios de la locura.
Así como la conciencia mortal es interna, así lo es también la evidencia de la omnipotencia del espíritu. El alma del hombre es una prueba tangible, para sus sentidos corporales, de que él es inmortal. La existencia del alma no es susceptible de prueba más que en su propio plano.
Cede algo siempre que se trate de hacer favor al débil. El que se muere de hambre debe tener alimento a propósito para las limitaciones del sistema irritado; pero tú mantente firme en tu propio puesto de deber.
Libérate de las malas acciones por medio de las buenas. El hombre acostumbrado a las acciones, no puede convertirse de repente en un Muni; debe trabajar sus cualidades que lo impulsan a la acción, y así las transforma él en energías más elevadas.
La Meditación es tan sólo un nombre para el extraviado; la palabra no es comprendida hasta que el espíritu hambriento la traduce.