“Pero si está roncando, qué me va a escuchar.” Restó importancia a cualquier sinónimo de alerta en el semblante masculino, ciertamente poca relevancia hacía aquel punto tenia, ya había hecho todo el escándalo posible con aquella carcajada que rompió el aire tenso y agotado que traía esa noche la cuidad. Por no decir que gracias a sus conocimientos en borracheras pesadas, su cargo de conciencia en lo que respecta ser oída era nulo; seguro se había desmayado u lo que suponía, se quedó dormido ahí mismo dónde cayó. La duda del extraño la tomó por sorpresa ¡pero claro, cómo se había olvidado! en estas circunstancias siempre estaba el altruista que ayudaba al malherido y el idiota que reía, Dylan hoy era el idiota. “Creo que necesita una cama, pero qué sé yo. Si quieres ser la madre Teresa, ve. Ayúdale. Yo no pienso acercarme.” Sentenció aún con la gracia en su lengua, tiñendo amanas sus palabras. “O sea, si bien es un borracho, podría ser un vagabundo borracho o un delincuente borracho.” Las posibilidades eran infinitas, culpó a la zona de forma inmediata.
“¿Literalmente lo escuchas roncar? Porque yo no veo ni oigo que respire.” ¡Bah! Estaba demasiado lejos para siquiera notar el movimiento de su diafragma, pero no pudo evitar que las peores conclusiones se coloquen en un primer lugar de su visión. “En este momento no es más que un pobre tipo borracho. Podría haber gente buscándolo, además, esposas e hijas indefensas, yo qué sé.” Y es que si pertenecía a alguna de las personas que la muchacha mencionaba, no le afectaba en ningún punto dadas las circunstancias en las que se hallaba. “No quiero un fantasma que me atormente, ¿sabes? No podré dormir. Piedra, papel o tijera para decidir quién va a picarlo y comprobar que esté vivo y que no necesite una ambulancia, ¿aceptas?” Quizá exageraba, pero en ese instante se le antojaba un poco cruel el dejar al cuerpo allí tirado, sin más. “o sino podrías darme tu número de teléfono para tranquilizarme cuando esta noche no pueda pegar un ojo, es otra opción... Tú decides.” Nunca era un mal momento para intentar conseguir el número de una muchacha, ya que estaba. Ni siquiera cuando intentaba ser un buen samaritano. En una de esas el karma actuaba más rápido de lo normal.












