Adiós , amor. Adiós
Quiero pedirte que me ames,
pedirte que no te vayas,
que no me dejes,
que no nos dejes.
Pero no me dejaré hacerlo,
porque aunque soy más de comunicar,
ya te pedí mucho,
que me hables más,
que me veas más,
que me abraces más,
que me cuides más,
que me digas más cosas bonitas.
Siempre más,
de todo, más.
Porque tal vez soy insaciable,
y tú muy auto-sustentable.
De cualquier forma,
nunca me importó tener que pedir,
porque después de todo,
¿quién eras tú para adivinar lo que quiero
si no te lo digo,
y a veces no lo sé ni yo mismo?
Pero no lo tomes a mal;
siempre pedí invocando el amor,
así que no tengo que invocar
para pedirte el amor mismo.
Si no me lo das,
mejor no quererlo.
Aunque lo quiero,
¡vaya que lo quiero!
Quiero que me mires a los ojos
y me digas que no me quieres soltar,
que me pidas que te cuide
y que en un beso nos digamos que todo va a estar bien.
Pero el amor no se pide,
ni se endosa,
ni se toma prestado.
Y yo no quiero amor de caridad,
ni amor condescendiente;
yo quiero amor campante y amor loco.
Si me amas, por favor ven y dame un beso.
Si no,
pues adiós a los niños,
al perro, a la casa,
adiós a Paris, y adiós a la boda.
Adiós a los planes de aun amor que no existe.
Yo no mentí, mi amor,
cuando después de un polvo te hablé de historias de cariño incondicional,
pero el reloj no se detiene,
y yo vivo muy rápido para sentarme a esperar.
Adiós, amor. Adiós











