Estaba a punto de soltarme, aquel día decidí por fin caer en la profundidad de mis tristezas y errores.
Ya lo tenía planeado, sería ese mismo lunes, a las 7:40 de la noche.
Mis ojos se empañaban mientras una de mis manos por fin descansaba en el vacío, y cuando estuve a punto de soltar la otra, algo me sostuvo con fuerza, tirando de mí como si todo dependiera de regresarme a tierra firme.
No quería ser salvada, pero ahí estabas tú, ¿por qué estabas tú? Hiciste muchos esfuerzos y lograste que mi cuerpo lentamente ascendiera hasta donde te encontrabas. Pero me sentía tan cansada de resistir, que al pisar el mismo suelo solo me dejé caer en tus brazos; me acogiste con ternura y cuidaste de mí hasta que mis ojos volvieron a abrirse.
Me gustaría contarte lo que vi; una sonrisa en medio de todo el caos, una lucecita en tus ojos que me llenó el alma de vida a pesar de que creía ya haber muerto, un destello de amor. Te había encontrado. Me había encontrado.
Porque lo supe desde aquel instante, mi lugar estaba junto a ti.










