Cuando una puerta se cierra, se abren las ventanas. ¡Que verdad!
Ese momento, en el que piensas tirar todo por la borda, porque algo salió mal.
Parar, respirar, coger aire, y seguir. Analizar la circunstancias y cuestionar por qué salió mal. Darte cuenta que no todo fue mal, que fue un bonito camino, donde has conocido gente maravillosa, has formado una familia en la que tú eres el punto en común, que cuando las cosas se han puesto difíciles ellos te han sacado una sonrisa, que ha habido un trabajo duró y un gran trabajo en equipo. Mucha calidad humana, humildad, empatía, respeto, constancia, apoyo incondicional.
Una vez que pasa la tormenta empieza la calma, somos consciente de que algo no funcionó. Algo tenemos claro: ahora si empieza el trabajo. Ahora demostraremos la constancia, la lucha y el amor por nosotros, nuestras ideas, nuestra tierra, nuestras familias, nuestras intereses.
Y cuando más orgullosa estaba de mí equipo, de mi gente, de mi familia, de mis ideas. Se abre un ventanal, aire fresco, nuevas metas, nuevos objetivos. La oportunidad de mi vida.
He llorado, me he sentido la peor persona del mundo, he estado derrotada, pensando que no valía nada, pero todo pasa, la vida son momentos, hoy estamos en el suelo y mañana en la luna. Algo así ha ocurrido. Una semana después de todo esté proceso, me siento la más afortunada, apoyada por una gran cantidad de personas maravillosas, la más orgullosa de mi gente, de mi familia, de mi equipo, de mi recorrido, de mis estudios.
Si algo he aprendido, que no hay que tirar la toalla, que todo pasa por algo y que la vida hay que vivirla al doscientos por cien.