Pero, pero, pero, Caleb —imitó su tono de voz, tratando de buscar alguna excusa válida para impedir saciar el gusto del rubio. Sin obtener resultado alguno, bufó en modo de rendición— Dame unos minutos para trasladar la televisión delante de la puerta del baño, por lo menos. Así, aunque sea no me perderé del nuevo capítulo de Hells Kitchen —accedió indirectamente a la propuesta, curvando posteriormente una pequeña sonrisa.
—Sonrió amplio y la abrazó, alzándola por unos momentos en el aire ya que la tuberculosis no le permitía hacer muchos esfuerzos—. Luego preguntas por qué digo que eres la mejor novia del mundo —le besa la mejilla, la nariz y por último los labios—.







