Pero pero pero, Paris —hace una mueca—. No puedes impedirme una noche de tacos, ¡es como impedirle a un niño comer un dulce!
Pero, pero, pero, Caleb —imitó su tono de voz, tratando de buscar alguna excusa válida para impedir saciar el gusto del rubio. Sin obtener resultado alguno, bufó en modo de rendición— Dame unos minutos para trasladar la televisión delante de la puerta del baño, por lo menos. Así, aunque sea no me perderé del nuevo capítulo de Hells Kitchen —accedió indirectamente a la propuesta, curvando posteriormente una pequeña sonrisa.














