Nube blanca sobre la montaña.
El arroyo fluye desde la montaña.
Quiero vivir en esta montaña.
La nube me cobija en este lugar.
Cuando quiero contarle mis cuitas,
se convierte en lluvia, no me permite estar.
A veces, siguiendo el aire fresco
se pasea por tierras y mares.
Deseo seguirla por el aire
viajando sobre ríos y montañas.
Puedo bailar sobre la ola, junto a la gaviota blanca.
Al volver me siento bajo el pino, muy junto a la luna.
Qué sonido melancólico del viento bajo el pino.
¿A quién contar mi secreto?
Se encuentran muy lejanos los grandes maestros budistas.
Tranquilo me echo sobre la nube.
El monte verde me habla: Todo bien, ¿no?
De inmediato le respondo, riéndome:
Monte, tú no sabes por qué estoy acá.
Yo siempre sufría por falta de sueño.
Demasiado amor a ríos y piedras que son mis ropas.
El verde monte se ríe de mí y dice:
¿Por qué no vuelves pronto para que seamos amigos?
Si amas tanto el verde monte
descansa bien en bosques de enredadera.
Sigo el consejo del verde monte.
Descanso en lecho del verde monte.
A veces duermo, a veces velo.
No me importa dormir o velar.
En el sueño sigo la vía de venida.
En la taberna de Chang-an monto una vaca de madera.
La vaca se transforma en brisa de primavera,
hace florecer, retoñar el sauce como jade verde.
La flor del cerezo, roja como el fuego.
La flor del sauce, blanca como bolita.
La flor del ciruelo, demasiado blanca.
El canto del pájaro raro me despierta del sueño.
Permanezco muy quieto porque mi sueño era muy dulce.
- Monje Bowu (Corea, 1301-1382) en Taegohwasangeorok (s.a.), incluido en Manioshu. Colección para diez mil generaciones . Ediciones Hiperión, Madrid, 1980, edición y traducción de Antonio Cabezas García.