POEMA DEL BUEN CONSEJO.
Dame la mano, amigo
la mano recia que en trabajo encalla
Has de venir conmigo.
Descansa en la batalla
de la vida, y ven donde yo vaya.
Yo conozco un remanso;
de su paz he gozado y quiero hablarte;
un lugar de descanso
donde puedes gloriarte
y en su goce, si quieres tengas parte.
No busque de otro modo;
ni loco andes pidiendo en otro lado
cuando allí se dá todo:
A tu cuerpo cansado,
un tranquilo lugar refrigerado.
A tu alma rendida,
que rendida, a los ojos, se te advierte,
un hálito de vida
que te la torne fuerte
cuando llegue la hora de la muerte.
Si del mundo te dueles
Porque el mundo te trate con enojos;
si te punzan crueles
y hieren los abrojos
tu carne dolorida; si tus ojos
regados por el llanto
se anegan en el mar de la amargura;
se estás sufriendo tanto
que todo es noche oscura
en tu sola y terrible desventura,
ven al lugar que te digo;
despójate de todo en un momento;
dáme la mano amigo,
y te verás contento
cuando levante el cerco el desaliento.
El mundo poco importa,
lo que dura una flor, duran sus males.
Y en esta vida corta
los goces materiales
no calman nuestras ansias inmortales.
No tengas resquemores;
no receles de mí; ciego confía
en que esos dolores
serán cenizas un día
por fuego de Amor: La Eucaristía.
Ese es el sitio, hermano
Donde el Pan del Amor quiero llevarte;
no pierdas tiempo en vano,
que ese Pan puede darte
lo que buscas, sin fruto, en otra parte.
Cuerpo de Cristo. Todo.
La vida para ti dura y penosa,
se tornará de modo
que su carga enojosa
sea descanso en tu vida trabajosa.
Cristo hecho Pan, se inquieta;
de tu fe y tu amor ya tiene prisa;
y cual rara veleta
te dirá su sonrisa
que se hizo huracán lo que era brisa.
Como le hablara un hijo
Al Señor he Pan-Eucaristía
háblale, que de fijo,
volverá la alegría
que no pensaste más que volvería.
¿Qué tiene su calvario
en un mundo alocado que te aterra?
Acércate al Sagrario.
El Amor encendido allí se encierra
y en su llama de Amor arde la tierra.
Préndete con su fuego.
Cuerpo y Sangre de Cristo: tu alegría
y consúmete luego.
Injertado ya en Cristo-Eucaristía
tu noche oscura se te hará de día.
De un día sin ocaso
del alma que, hasta hoy, vagó perdida.
Acompasa tu paso
hasta llegar al fin de la partida,
al del Camino, la Verdad, la Vida.
LUIS SUÁREZ RODRÍGUEZ.



















