Me resulta difícil entender cómo se añade un año más a la cuenta. Es increíble. ¿Tres años ya? ¿De verdad?
Pues sí, aunque cueste creerlo, son tres años, tres vueltas al sol desde aquella vez que tuvimos un tiempo fugaz de exquisita felicidad que duró tan sólo un instante, y es que creo profundamente que eso somos, ¿No? fugaces, pero siendo sincera, le tengo un poco de coraje a la vida por no haberme concedido la eternidad a tu lado, y es que es imposible que algo tan efímero pueda desear y en su caso, obtener eternidad.
Me gusta pensarte como un recuerdo, y te juro que sonrío, de verdad. Es inevitable sonreír al recordar con alegría a la persona que tantas veces pintó sonrisas en mi rostro, pero por desgracia, también te recuerdo con sentimiento, sobre todo, con amor; amor real y puro que por nada del mundo se ha podido esfumar.
No puedo negar que tengo envidia de ser la persona que hoy ocupa el lugar que alguna vez fue para mí. Y sí, te he llorado y me he arrepentido a muerte de lo que pasó aquel abril, sin embargo, me gusta culpar a la vida de ser la responsable de ello, porque quiero imaginar que así tenían que pasar las cosas, aunque siendo honesta, sigo sin entender porqué.
Como ya es costumbre, aquí estoy otro año más escribiendo para ti, lanzando estas palabras con la casi nula posibilidad de que algún día puedas leer estas letras.
Mírame, sigo aquí esperando tu regreso. Sigo viéndote en todos lados y el corazón sigue haciéndose pequeñito cuando escucha tu nombre. Todos los días, por lo menos en algún momento, me acuerdo de ti y todo lo que vivimos en estas fechas tres años atrás y no sabes cómo anhelo regresar a esos tiempos donde los dos éramos ridículamente felices.
Yo sabía bien que eras tú porque cuando observaba tu sonrisa, tu mirada distraída en el infinito, o simplemente me dejaba fundir en tus brazos, puedo jurar que pensaba "me va a doler el alma el día que él se me vaya" y ahora sé que tenía toda la razón, porque aquel día en el que me miraste con tanto amor, supe que nadie lo haría de la misma manera.
Sin embargo, sigo viéndote desde lejos, imaginando un futuro que yo sé que no llegará. Sigo deseándote noches felices y que nunca nadie te haga daño.
Y es que ahora sé más que nunca que todo el amor que te tengo, no te lo tendrá nadie más en el mundo. Y quisiera decirte que ojalá nunca volviera a saber de ti, pero sería mentira, porque para mí sigues siendo el ser más puro y hermoso que tocó mi alma.