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Okay, come here then, why don’t you go ahead and tell Ricardo how was your day.
This is what’s gonna happen: I’m gonna pass you my resume and while you pretend to look at it we’re going to talk about how completely my Seventy-Sixers destroyed your Knicks last night.
ღBaby Feverღ
therussianassistant:
Sí, siempre habría una batalla entre los dos mundos, pero le gustaba comprobar que ellos habían encontrado un hueco para sí mismos entre lo mejor de éstos. Les había costado llegar hasta allí, pero era algo imprescindible; Alyza no pensaba traer otro hijo al mundo si su padre nunca estaba presente para criarlo, de ninguna manera. Bajo esa misma premisa, Brendan había hecho un gran cambio y sorprendentemente, se había adaptado bien a la vida doméstica, de ahí que pudiera acostumbrarse a estar tan mimada.
Ella nunca había sido una mujer casera, adoraba salir y siempre tenía planes divertidos con alguien, pero todo cambió cuando se convirtió en madre por primera vez. Lejos de la responsabilidad que siempre había sido cuidar de sus hermanos una vez inmigraron a Estados Unidos, tener al pequeño Alek Ilya en las manos había sido una carga mucho mayor. Él era lo mejor que le había pasado en la vida, y no dudaría en sacrificar una tarde de cervezas por una de juegos en casa.
Casi ronroneó al sentir sus labios en el cuello, pues bien era sabido por él que ese era su punto débil; de ahí volviera a cerrar los ojos y volviera a protestar poco después al sentirlo separarse. Le daba igual el baño, solo quería mimos o sexo, o ambas cosas. Apoyó la cabeza su hombro, buscando de nuevo el contacto entre la espalda y su pecho, aquella mañana se había despertado realmente necesitada de contacto.
—Ahmm… —asintió, aún con los ojos cerrados y el inicio de una pícara sonrisa sobre sus labios. —Bien… —rió por lo bajo. ¿Era celosa? Sí. Le gustaba jugar con él precisamente por eso, también. Pero no se veía a sí misma engañándolo, nunca. No le iban esas cosas. Entonces sus palabras del susodicho la sacaron de sus pensamientos y un escalofrío recorrió su cuerpo entero, él tenía razón. Y podría agradecer que estaba embarazada, porque de lo contrario, ya se habría dado la vuelta y le habría hecho de todo. —Kavanagh, no necesitaba que me excitases aún más solo con esas estúpidas palabras. Bésame o lo pagarás caro.
Las agujas del reloj corrian rápidamente, a pesar del esfuerzo el tiempo no se se podía comprar. En cualquier momento alguien estaría golpeando la puerta para avisar que el auto les esperaba; en el peor de los escenario, Alek entraría corriendo, gritando que llegaría tarde a clases. Lo cual era cierto si mami y papi seguían mimandose por mucho tiempo más. Brendan no se lo podía reprochar a su pareja, las necesidades de Alyza venían primero y quería darle todos los mimos que podía ahora antes de empezar el día. Aquel sería un día largo, lleno de reuniones y papeleo, estaba intentando adelantar trabajo para que cuando la fecha de parto llegara él pudiera estar más liviano.
Lanzó una carcajada ante la desesperación de la rubia, o mejor dicho, la excitación. Le encantaba que con solo unas palabras susurradas al oido se pudiera poner de tal forma.—Ni a los talones.—repitió, sabía que esos no podían excitarla con palabras como él lo hacia. Y ella también lo sabía. La besó, mordió y jugueteó con su boca en tanto el espacio y sus cuerpos les permitían. A pesar de las limitaciones, era un momento apasionado que ni el agua de la tina, ya fría, podía romper.
Las manos del hombre pasaron hacía la gran panza de Alyza, rodeándola, entre las caricias llegaba a sus sensibles pechos para luego bajar nuevamente. Mientras la boca de Brendan se volvía a entretener en el cuello de la mujer, un movimiento en la panza lo distrajo. Ya se notaba cualquier movimiento de la criatura dentro de su madre debido a lo grande que era, y aunque no era la primera vez que su papá lo sentía,este se emocionó de igual manera. —Hemos despertado a la bestia.
{Say Yes}
therussianassistant:
¿Quería jugar? Sí. ¿Quería arrancarle la bata que llevaba a su jefe? También. No hacía falta ser Dr. Amor para saber que la tensión sexual entre ellos era algo que se podía cortar con cuchillo y tenedor, sensación que le había comenzado a gustar, al final, Alyza siempre había sido una mujer muy seductora. —Bien… —Se encogió de hombros y se atusó el pelo, curvando una pícara sonrisa. Puede que la tensión sexual fuera mutua, pero no creía que él fuera a dejarse llevar, de ahí que se divirtiera tanto tensando aún más la situación.
—Así soy yo… Es algo que se me da muy bien… —volvió a encogerse de hombros y soltó una carcajada, no creía haberse reído tanto ni de forma tan natural con él nunca, al menos no como aquella noche.Jugueteó con el lazo de la fina bata que la envolvía en cuanto escuchó como se refería a ella, mostrando una expresión de lo más divertida como reacción. —Menos mal, porque sería un poco anti higiénico, ¿no crees? Aun así, me lo puedo quitar si lo quieres de vuelta… —se mordió el labio y se desató una batalla interna en la que pedía a gritos que él se la quitara a la vez que se arrepentía de lo que había dicho. De ahí que se acabara el contenido de la copa de un trago. —¿Crees que me queda bien? —cuestionó, abriéndose, sin pensar siquiera en las consecuencias, la bata y mostrándole en su totalidad el conjunto que ocultaba parcialmente, dando obviamente una vuelta sobre sí misma. —Tienes buen gusto Kavanagh.
Tomó distancia de él y se apoyó en el poyete de la ventana, desviando su atención a las vistas de la ciudad por unos instantes. Se lo había pasado muy bien con él, pero su hijo siempre sería su prioridad. Al escucharle, dio un brinco y volvió a acercarse a él, enfrentándose a muy poca distancia. —Creía que te había dejado claro que no puedes permitirte una mujer como yo, Kavanagh… —se humedeció los labios y fijó sus ojos en los de él. —¿Qué has hecho entonces por mi?
Prefería esta Alyza audaz que la que encontraba en el trabajo, regañándolo y juzgándolo ante cada uno de sus actos. Claramente, todo eso era muy poco profesional pero por lo menos así estaba sintiendo su sangre caliente recorrer su cuerpo después de mucho tiempo. No podía negar la sensualidad de su secretaria y sus halagos habían sido sinceros, aunque prácticamente inconscientes. Su lengua había sido más rápida que su razonamiento por primera vez en aquella habitación. Sin embargo, no se arrepentía.
—No te lo quitaré porque siento que sería como quitarle un caramelo a un niño. Y yo no quiero terminar siendo el villano. —declaró enlazando sus manos por detrás de la espalda, precaución ante cualquier acción bochornosa. Él era el jefe, no podía caer profundo en su juego. Él la había arrastrado hasta allí, él sabía en lo que se estaba metiendo desde el primer momento. Y por ello mismo, sabía que él solo debía de detenerse primero y salir.
Sus ojos se deslizaron por su cuerpo.
Pasó saliva.
—Nada que envidiar a las modelos de Victoria's Secret. — Aquel conjunto había desfilado por la pasarela unos meses antes. En otra época la modelo hubiera sido su ex esposa. Relamió su labio inferior. Todas las alarmas empezaban a sonar dentro de su cabeza para que saliera de allí. La distancia y la lejanía que Alyza iba marcando, marcaba también el latido de su corazón. Por fuera Brendan era una estatua.
—Fue una inversión. —decretó, su rostro no demostró cuanto sus palabras le habían dolido. ¿Acaso su dinero le vedaba la posibilidad de conseguir una cita con una trabajadora? Con una mujer...¿Cómo? "verdadera". Alyza nunca lo vería más que como una maquina llena de dinero. Una incapaz de mantener una relación seria y real, una relación como lo hacían las personas como ella. Mantuvo por unos segundos su mirada y luego rompió todo contacto. Dio media vuelta y se fue hacia la puerta, dejando el vaso encima de una mesilla. —Que duermas bien, Alyza. A las 10 te estaré esperando en recepción para dirigirnos al aeropuerto.
{Say Yes}
therussianassistant:
La personal shopper tenía buen gusto y sabiendo que ella buscaba contentar los deseos de su jefe, al igual que ella hacía, no era difícil de esperar que él también tuviera un buen gusto y por ende, supiera valorar cómo le sentaba la lencería escogida, pero usaría esa carta un poco más tarde, no quería quemar tan pronto sus oportunidades de juego. Sí, quería descansar tanto como él, pero una dosis de diversión al estilo Alekseeva, tampoco estaría de más.
—Definitivamente sí, todo lo ocurrido y que vaya a ocurrir, deberá quedar entre nosotros… —se encogió de hombros, casi parecía que le daba pena o que sus palabras tenían un doble sentido, que también. Se acercó peligrosamente a él, buscaba tentarlo, pero sin ser muy obvia, por ello, paró a tiempo para tomar el papel que éste le tendía entre los dedos, provocando un ligero roce entre los dígitos de ambos. —Oh… —desdobló el papel y arrugó la nariz, no lo quería. ¿Necesitaba el dinero? Sí, pero su integridad no le permitía aceptarlo. Había hecho por él lo que habría hecho por cualquier otro amigo, ¿qué distinción había? Así pues, rompió el cheque en dos y se lo devolvió. —Es lo que acordamos, pero no puedo… He hecho por ti lo que hubiera hecho por cualquier otro amigo y… Ya has gastado suficientemente dinero en mí, tu asistente personal te mataría.
Ella se conformaba con poco, así pues, disfrutaría de aquella lujosa habitación y todo lo que tenía que ofrecer, igual que lo había hecho en la gala y eso sería el pago con el que se contentaría además, obviamente, de su compañía. Dio otro paso hacia él y negó ligeramente con la cabeza, sin comprender su capricho. —Kavanagh, ¿por qué yo? Tengo que estar con mi hijo y tú puedes encontrar a cualquier otra mujer para esa fecha…
No le daba vergüenza entregar el cheque, era solo un papel más que iba y venía tal como sus negocios. No era que el tiempo con Alyza había sido solo un trámite; había disfrutado enormemente pero se lo tomaba como una hermosa consecuencia de sus obligaciones sociales. Haber llegado a una nueva fase en su relación había sido gracias a la valentía de Brendan al pedirle ser su acompañante.
Mordió su labio al negar una carcajada ante la respuesta de la rubia, era un juego peligroso el que ella estaba intentando. Jugó con el vaso para evitar la mirada de su empleada—. Se lo agradeceré si así es... sus compañeros de trabajo se lo agradecerán también. —caviló con una mueca. El ambiente en que se movían era vil y despiadado. Por eso mismo le había pedido aquel favor a Alyza y no a ninguna otra conocida de la empresa, su asistente podía hacer trabajos como aquellos con sutileza. Enderezó su espalda ante la cercanía y el contacto, no era incomodidad pero sí buscaba la forma de mantener su cabeza fría. —¿Qué...? —Frunció el ceño y tomó, incrédulo, el papel—. Siempre encuentra la forma de dejarme sin palabras, Alekseeva. —pronunció ya con cierto humor en su voz. Guardó el, ahora, papel roto en su bolsillo nuevamente y bebió lo último de su whiskey, buscando fuerza para enfrentar a aquella mujer maravillosa—. Puedes quedarte con todo lo que hoy has usado... —Con el vaso señaló aquel salto de cama que ella tan coquetamente había elegido—. Ella me mataría si no permito que una prenda se quede con tan agraciada silueta. —Se había dignado a mirar con atención el cuerpo de la rusa.
Carraspeó, para quitarse aquellas últimas palabras de encima. —Volvemos a lo mismo... —Unió sus labios en una línea recta ante la negativa de ella. Sus pies se movieron un poco, para permitir ver otra vez hacia afuera y poder recalcular la invitación. — Mi trato de esta misma noche sigue en pie, puedo volver a hacer un nuevo cheque para más adelante. —propuso volteando el rostro hacia ella, enfrentando su cercanía. — No es un gasto lo que he hecho esta noche por ti.
{Say Yes}
therussianassistant:
Lo cierto es que se lo había pasado bastante bien, obviando a su ex de la ecuación, tanto que se le había olvidado que aquello era un trabajo por el que iba a cobrar una cuantiosa cantidad de dinero, que entre otras cosas, le permitiría pagar todas sus deudas con los bancos y quizá, llevar al pequeño Alek a Disneyworld. Claro que el recuerdo de la noche la perseguiría, no se veía capaz de olvidar fácilmente el tiempo compartido con Brendan, todo era demasiado…
Sí, estaba agotada y por eso esperaba que aquello fuera breve, porque esa enorme cama la llamaba desde que se habían visto por primera vez y no se iba a hacer de rogar. —No tardo. —informó, volviendo de forma apresurada al baño. Allí rebuscó entre las opciones que tenía para dormir y soltó una carcajada al ver el atrevido salto de cama, ¿qué se había creído la personal shopper que iba a ocurrir allí? Probablemente lo que ella había pensado en un primer momento. Por eso, queriendo jugar un rato con su jefe, se puso aquel descarado conjunto y salió en su busca, sin vergüenza alguna.
—Soy toda oídos pues… Aunque con tu permiso, voy a copiarte y servirme una copa. —a fin de cuentas, él pagaba el minibar y estaba segura de que esas diminutas botellas costaban una fortuna, igual que todo lo que había experimentado aquel día. Copa en mano, fue hacia él para también observar las vistas y por ahorrarse el hablar de una punta a otra de la habitación. —Bueno, negaré haber dicho esto, pero ha sido un placer ser tu cita… He disfrutado mucho esta noche… —curvó una sonrisa y se apartó un mechón de cabello, aún húmedo, de la cara.
A su personal shopper le gustaba lo sensual y ultimo a la moda, pero sobretodo era una persona acostumbrada a vestir a otras personas con su mismo gusto. Una trabajadora como Alyza tal vez no era la mejor modelo para sus atrevidas elecciones aunque su cuerpo encajara a la perfección en aquellos atuendos. El rostro de Brendan se mantuvo inmutable ante su aparición, había imaginado que la ropa de cama no sería un enorme y calentito onesie. Tenía mucha experiencia en no trasmitir con su rostro lo que sentía, su trabajo se basaba enteramente en simular sonrisas y enojos. Aún así, si llegaban a concordar una segunda salida dejaría puntos en claro a su personal shopper porque no sabía cuánto tiempo podría resistirse a semejante vista. Tendría que irse rápido de allí. Dio un sorbo de su bebida para distraerse.
—Me alegra mucho que diga eso, Alyza... Quedará entre nosotros, entonces, lo que disfrutamos esta noche. —La miró con una sonrisa honesta, feliz de que hubiera disfrutado de la gala. La negación del principio había pronosticado una noche difícil pero había resultado ser todo lo contrario—. Y como habíamos acordado, esto es suyo. —De su bolsillo del pantalón sacó un pequeño papel doblado. Los números y la firma ya a disposición de la rusa.
—En un par de días tendré otra cena y me gustaría que consideraras una nueva propuesta. —añadió mientras extendía el cheque hacia la beneficiaria. Las miradas hacia ella eran reducidas, al contrario de la distancia entre ellos; él había dado un paso hacia atrás. O todo acabaría con otro tipo de contrato.
{Say Yes}
therussianassistant:
Si ya había tenido que contener la respiración ante las vistas del lugar en el que se iba a celebrar la gala, cuando vio el hotel, directamente se quedó sin aliento. Alyza no estaba acostumbrada a tanto lujo, había visto hoteles similares en Rusia, pero nunca se habían podido permitir el lujo de hospedarse en uno. Y allí estaba ella, con su jefe, ¿qué diría su padre? Algo abrumada, la rubia permitió que aquellas personas la ayudaran a salir, mostrándose más que agradecida por ello; al final, después de horas de pié con tacones y un vestido entallado, su cuerpo estaba como si acabara de salir de una larga sesión de fitness o body pump, agotado.
Lejos de lo segura y fiera que acostumbraba a mostrarse, ahora que estaban en un contexto más íntimo, la rusa comenzó a mostrarse más tímida, dejando que fuera Kavanagh quien la dirigiera y se encargase de ultimar los detalles con el personal del hotel. Se había apoyado en él en el viaje de ascensor, quizá mostrándose demasiado amigable, pero al final, él era lo único conocido que tenía al rededor y no era muy fan de la soledad que aportaban los sitios nuevos.
—Prometo intentarlo… —curvó una sonrisa, encogiéndose de hombros. La rusa esperó que la puerta de él se cerrase para entonces entrar ella en la propia, parándose a observar todos y cada uno de los detalles de la habitación. Hasta se lanzó a la cama cual niña pequeña, dejando escapar una carcajada acto seguido.
Su elección no fue la ducha, fue la bañera hidromasaje que gritaba su nombre. Se deshizo de todo lo que traía consigo con sumo cuidado, como si se tratara de un tesoro, mientras el agua caliente la esperaba. Una vez dentro, un gemido de placer escapó de sus labios y casi sin darse cuenta, poco a poco, sus ojos se fueron cerrando.
Los golpes en la puerta la despertaron, haciéndole recordar donde se encontraba y que había medio prometido a Brendan estar despierta. Maldijo en ruso. —¡Voy! —alzó la voz, o lo intentó, imaginándose que no sería muy útil. Se enjuagó y se envolvió en el cómodo albornoz, llevándose consigo otra toalla para el pelo. Abrió la puerta, no sin antes asegurarse que iba decentemente tapada y sonrió, adormilada. —Sí, claro, obviamente… ¿Me das cinco minutos? —no se veía capaz de mantener una conversación, seria o no, sin bragas con él.
Ahora que la noche había acabado oficialmente podía decir que había sido un éxito, Alyza había estado fantástica. Su relación había cruzado más allá de lo laboral sin problemas, de forma natural como si hubieran sido amigos por un tiempo. Sabía que la rusa era extraordinaria, pero verla desenvolverse, sin esfuerzo alguno, alrededor de él no como secretaria sino como una igual le había abierto los ojos.
Se contuvo de no mirarla de arriba a abajo al estar ella en ese estado, mantuvo su mirada en sus ojos. Se la notaba cansada y era esperable, él también lo estaba aunque no había estado durante horas arriba de tacones y un vestido ajustado. Merecía los mimos de una bañera y una suave cama, pensó. Luego de una pequeña charla la dejaría descansar, pero primero debía de finalizar su trato.
—Tomate el tiempo que necesites. —expresó mientras ingresaba a la habitación. No se tomaría la molestia de esperar en el pasillo, claro. Dejo que se retirara a terminar de preparar, deduciendo que la había sacado del baño por lo que había demorado en llegar. Él, por su parte, se retiró a la esquina en cuanto entró, allí donde estaba el minibar y se sirvió de un poco de whisky. Para saborearlo mejor en la espera, se acercó al ventanal con vista a la ciudad nocturna.
—Pedí de tu atención unos minutos porque quería cerrar el trato antes de poder dormir. —enunció cuando Alyza se hizo presente nuevamente en la habitación, él viéndola atreves del reflejo del vidrio—. Y quería decirte que realmente agradezco lo que has hecho por mi esta noche. —Se volteó a mirarla. Sincero.
ღBaby Feverღ
therussianassistant:
Desde que estaba embarazada la rusa batallaba en una lucha constante consigo misma: esa de seguir siendo la madre responsable y trabajadora vs la mujer mimada y embarazada de Brendan Kavanagh. Ambas le gustaban, pero algo le decía que ambas eran incompatibles con el ritmo de vida que llevaban. Al final, sí, se podrían permitir una niñera para el bebé que estaba en camino, pero… ¿Realmente quería? Alyza era una mujer complicada y sus hijos… Eran suyos. De nadie más. Un 12% de Brendan, quizá, pero de nadie más.
Tener gente trabajando en casa era muy útil y ahorraba tiempo, no iba a decir lo contrario, pero no le gustaba y era algo a lo que aún no se acostumbraba, ni creía que pudiera hacerlo, no se quedaba tranquila sabiendo que había una tercera persona lavándole las bragas, era algo muy… Personal. Su mano iba sola, haciendo todo lo posible, dentro de las limitaciones que tenía la postura en la que estaban acomodados, por lo que claramente, él tenía las de ganar. Él tenía el ángulo, ese olor natural, esas manos y ella… Las hormonas más alteradas que un instituto de secundaria. —Y más te vale que sigas haciéndolo… —gruñó por lo bajo, cual perro al que se le niega la comida. Él se había convertido en una auténtica necesidad.
Reflexionó. Sí, ciertamente el bebé, que ella esperaba fuera una niña, les quitaría mucho tiempo de pareja y ya sería una odisea compatibilizar todo con la vida profesional, pero aún así, no renunciaría a momentos como ese o a su vida sexual. —Bueno, si tú no me atiendes… Cuando recupere la vista de mis pies, pediré a tus amigos que me dediquen el tiempo que tú no me darás… —bromeó, como si le fueran a servir esos dos. Aunque quizá a la vez… No, no. Quería a Brendan.
La lucha siempre había sido entre la vida familiar y personal contra la laboral nunca había tenido un buen ejemplo de sus padre, quienes el trabajo había sido siempre lo primero. Con su ex esposa, cada uno estaba muy ocupado en lo propio como para darse cuenta que la falta de tiempo juntos los desgastó. Fue con Alyza que empezó a tener ganas de ir a casa, de cenar los tres juntos en una misma mesa sin televisión y charlando, interesándose en lo que el otro había hecho durante el día.
Desde que vivían juntos Brendan pasaba más tiempo allí de lo que en toda su vida adulta lo había hecho. Así como le gustaba recordarselo su vieja ama de llaves cuando él estaba cansado o enojado. Había cierto placer en el hecho de estar de entrecasa que había ido creciendo junto con la panza de Alyza.
Besó su cuello, suave y lento, para que supiera que nunca dejaría de mimarla y malcriarla. Que daría su vida por ella sin miramientos. Nuevamente se separó y humedeció su cabello, utilizando un jarrón que estaba al alcance de su mano; como prácticamente todo en su vida, parecía estar al alcance de sus dedos.
—¿Esos? —emitió una risa falsa—. Puedes intentarlo, si quieres. —En su voz no había celos ni dudas, la confianza en el otro era plena. Sus amigos podían intentar todos los movimientos que quisiera con ella, Brendan confiaba ciegamente en ambas partes—. Ellos te podrán entretener mientras yo cuido del niño.... pero sabes que ellos juntos no llegaran siquiera a mis talones. —susurró intencionalmente sobre su oído. Su cuerpo presionaba sobre la espalda y sus manos, aventureras, recorrieron su costado hasta sus muslos.
Henry Cavill photographed by Simon Emmett for Prestige Magazine (2018)
{Say Yes}
therussianassistant:
Como su padre bien decía: que no te engañen, Lyza, hasta las personas más poderosas tienen un punto débil, ese que puede destruir todo lo que son. Y tras la muerte de éste y su hermano, la rusa creía haberse protegido lo suficiente como para que nadie más pudiera hacerle tanto daño, pero entonces apareció Derek. Él era médico, uno muy bueno y de gran reputación, ella era… ¿Quién era ella? No era más que una inmigrante rusa en Estados Unidos que había tenido un hijo de una aventura con su ex jefe, no era nadie, sólo una madre soltera más peleando por llegar a final de mes.
Antes de toparse con su jefe, su atención fue captada por un gran reloj que adornaba la sala y fue entonces cuando apreció el tiempo que había estado encerrada en aquel cuarto de baño con su nueva amiga italiana. ¿Seguiría hablando Brendan con él? Porque de ser así, no volvería a su lado. Pero más importante aún, ¿le habría dicho Derek algo del pasado que compartían? Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza, no era la misma Alyza que se enamoró de él, pero era lo suficientemente lista como para temer que él quisiera volver a convertirla en su hobby.
—Brendan. —respondió ella, dirigiendo la vista hacia el hombre y curvando una ligera sonrisa, tratando de disimular la alegría que le causaba verlo de nuevo, pero sin la compañía del médico. —Sí, he hecho una nueva amiga en el baño… —se encogió de hombros, queriendo haber respondido: <sí, sigo aquí, no he huido, soy una mujer de palabra, pero no pienso volver a acompañarte a ningún sitio>, sin embargo, la italiana dio un paso al frente y estrechó la mano del CEO, mostrando una encantadora sonrisa de anuncio. —Gianna Belfiore, piacere… —la rusa observó a ambos y se mantuvo al margen, dejando que ellos hicieran lo típico entre celebridades. —Lyza y yo hablábamos de quedar a tomar algo fuera de… Toda esta absurda cazzata, ma… Parliamo un altre volte, va bene? —dejó un beso a modo de despedida en la mejilla de la asistente y se volvió al hombre de nuevo. —Siento habértela robado… Aunque quizá deberías haber elegido otro lugar para una primera cita…
Así sin más, la modelo, cual tormenta de verano, se despidió con un suave gesto y desapareció entre el gentío, volviendo probablemente con su acompañante. Alyza, quien no acababa de asumir muy bien que había pasado esos últimos cinco minutos, desvió la mirada hacia Brendan y dejó escapar una carcajada, negando ligeramente después. —Dirán de nosotras las rusas, pero… Las italianas son… Waoh. —y queriendo volver a aparentar cierta normalidad o más bien, evitar un posible interrogatorio, se colgó del brazo de su acompañante y señaló el bar. —¿Una copa?
(...)
El hotel InterContinental de la ciudad de Los Angeles los esperó con su esplendor para cuando la pareja llegó del evento. El auto ingresó por la carretera marcada y frenó frente a las grandes puertas de cristal, una enorme araña del mismo material iluminaba la entrada. Los empleados, atentos como si hubiera sido diez de la mañana y no pasada la medianoche, ayudaron a salir a Alyza del automóvil; con una leve inclinación saludaron a los dos huéspedes y el encargado les hizo saber que sus equipajes estaban en las respectivas habitaciones.
El interior hacía juicio a la fachada, todo era espacioso y lujoso; digno de los clientes que allí habitaban. Una simple noche allí podía, fácilmente, costar lo que un obrero común ganaba en el año. Y aún así, no era lo más lujoso en lo que Kavanagh se había quedado alguna vez, aquello era un simple hotel a comparación de otros viajes de negocios. El InterContinental Hotel, sin embargo, había sido la elección por la cómoda ubicación, un viaje de apenas 5 minutos desde el evento y menos de media hora hacia el aeropuerto. Un gran acuerdo para la agenda del empresario.
Las habitaciones se encontraban en el quinto piso, una contigua a la otra. 116 para ella, 117 para él. Cada una tenía un cama king, baño y balcón privado junto con una hermosa vista de la ciudad. El minibar lleno, toallas y una bata de baño los esperaba en las oscuras habitaciones que se iluminaban en cuanto la puerta se abría como un simple hechizo. La habitación de Alyza había sido preparada bajo estrictas ordenes: un salto de cama y un conjunto de dos piezas para dormir sobre la cama. En el armario, dos o tres conjuntos de ropa para el día siguiente junto con la ropa que ella había usado anteriormente.
—Espérame despierta, Alyza, por favor —pidió el hombre en el pasillo cuando llegaron a la 116. Un par de pasos más y con un pip, la puerta 117 se abrió—. Espero que te guste.— Con aquello ultimo entró a su propia habitación. Fue directo a ducharse, sin reparar en la costosa habitación en la que dormiría aquella noche.
Su elección de la ropa luego de la ducha fue una elección rápida: pantalones de vestir y camisa, era difícil verlo de otra forma vestido. Sus pies estaban revestidos por unas discretas pantuflas negras, que en contra de toda lógica, complementaban bien con el outfit. Estaba cansado, había sido un día largo pero debía de hacer un último recado antes de dar por terminada la noche.
Tocó dos veces la puerta de Alyza y esperó pacientemente, confiando en que su secretaria lo estaba esperando como él había pedido. Pasó una de sus manos por su cabello, aún húmedo. La falta de crema o gel hacían que se formaran incipientes rizos sobre su negro y rebelde pelo. —¿Puedo pasar?—preguntó en cuanto la puerta se abrió.
F. Scott Fitzgerald, “A New Leaf”
[c]
{Say Yes}
therussianassistant:
“Señorita Alekseeva”, esas dos palabras resonaban en su cabeza, como si rebotaran en las paredes de su cráneo, de un lado al otro, sin encontrar un lugar en el que acomodarse; igual que esa mueca, que le prometía de forma silenciosa diversión absoluta, pero sólo para él. Por eso tuvo que huir, en cuanto tuvo oportunidad de disculparse, y disimulando lo mejor que pudo, huyó hacia el baño más cercano, dónde se derrumbó.
Le faltaba el aire y culpaba a ese estúpido vestido por ello, era una jaula, todo aquello había sido una mala idea, tendría que haber permanecido en la oficina como todas las asistentes, o mejor, en el hospital, haciendo su trabajo de enfermera. Ansiedad, ¿estaba teniendo un ataque de ansiedad? No podía creerlo. Hacía años que no pasaba por algo así.
De pronto se abrió la puerta, y lo más que pudo hacer fue dar la espalda a ésta, para que nadie la viera así. Entonces lo escuchó: —Santa Madonna, respira hondo Alekseeva. —entonces la rubia se volteó a ver quién era esa persona, con una mano en el pecho, para ver como la mujer en cuestión bloqueaba la puerta con una silla que allí había. —Así ninguna vieja cotilla viene en busca de la comidilla de la fiesta… Io sono Gianna, o Gia, una buona amici della tua sorella… Te reconocí en cuanto te vi entrar… Y sabía que esa máscara tuya no te iba a durar… —dicho esto, la italiana se tomó la libertad de tomar a la rubia por los brazos y darle un buen abrazo. —Ahora llora, tienes que sacarlo.
Unos minutos después, la rubia no sabría decir cuántos, se encontraba considerablemente liberada y con las manos de la italiana retocando todo el personaje que había creado en el avión: maquillaje y vestido. —Allora, vamos fuera, tú y yo, tal y como hemos hablado… Piensa en tu bambini… —Y así lo hizo la rusa. Tras desbloquear la puerta del baño, salió por éste como si nada hubiera pasado charlando con su nueva amiga Gia, una modelo que resultaba ser amiga íntima de su hermana, a la espera de ser encontrada por su jefe. —Entonces, ¿cuándo dices que quedamos para tomar un café?
La charla con el doctor prosiguió tediosa y monótona como siempre se tornaba luego de un par de minutos con gente que se preocupaba más por sí mismo que con su alrededor. Derek parecía que se había olvidado de la anterior presencia de la mujer que acompañaba a Brendan y solo podía hablar de números o aventuras típicas de millonarios, lo que implicaba usualmente mujeres, dinero y mentiras. No le pasaba lo mismo, sin embargo, a Kavanagh quien solo podía pensar en que podía estar retrasando a Alyza durante tanto tiempo. Y cuando por tiempo se decía, cinco minutos apenas.
Ya para cuando la cuenta sumaba más de veinte minutos, las ganas de saber donde estaba superó toda la buena educación. Se deshizo del doctor con una falsa promesa de volver a verse prontamente o en algún juego de golf y salió de la pista de baile tan rápido como su orgullo se lo permitía. Uno nunca sabía quién podía estar de chismose y anotando todo en su libreta: hombre desesperado busca cita perdida. No quería aceptar que su idea de llevar a Alyza había sido un fiasco. Que lo mejor habría sido quedarse en casa por siempre.
Además ¿donde iría a buscarla? Se paró en una esquina y requisó todo el salón, no había rastro de ella. Se decidió por encaminarse hacia el lado de los baños, esperanzado de que la ausencia fuera por estar adentro de uno y no porque realmente se había ido. Toda duda se esfumó cuando la vio por el camino que él había tomado.
No estaba sola, parecía que se había hecho con una amiga en aquellos minutos y se alegró por ella. Porque incluso en aquel mundo que parecía odiar, la bondad y la amistad podía hacerse camino. Se acercó a ellas, manos en los bolsillos y una sonrisa de alivio en su rostro.
— Alekseeva —llamó su atención—, aquí estás. —Suspiró, como reclamándole la ausencia que se le había hecho una eternidad—. Buenas noches, soy Brendan Kavanagh — Se presentó ante su amiga estrechando su mano en un rápido pero suave apretón.
read in 2018 — bossy brit, kendall ryan.
if i’ve learned anything over the past few years, it’s that life is too short, and there are no guarantees. but there are second chances, and maybe noelle is mine.
ღBaby Feverღ
therussianassistant:
Al contrario de lo que su pareja pensaba, el embarazo le sentaba fatal, era todo un desastre. Estéticamente, era como si una nueva versión de sí misma (algo bipolar), se hubiera zampado a la antigua sin ningún remordimiento. Y aunque realmente nunca había sido una persona de preocuparse demasiado por el físico, echaba de menos esos kg de menos, verse los pies y poder ponerse sus trajes. Odiaba cansarse cada dos pasos que daba, era demasiado activa para ello y casi morirse para poder seguirle el ritmo a su hijo mayor. Sí, era una quejica y nunca estaba contenta con nada.
Lo que adoraba, sin duda alguna, del embarazo era a Brendan. Esos momentos con él, que la cuidara tan bien… Aunque por ello se pasara gran parte del día excitada. Eso sí que le gustaba. El embarazo era la excusa perfecta para tapar lo insaciable que era respecto a él.
Ya acomodada contra el fuerte cuerpo de su pareja, la rubia cerró los ojos, permitiéndose disfrutar de ese momento de relax… Que duró poco. Pues las ganas de relax evolucionaron en una creciente excitación en cuanto él decidió morderla. Suspiró, debía aguantarse. Había apostado consigo misma que no actuaría cual desesperada, así que… Alyza Alekseeva nunca perdía una apuesta, por mucho que doliera. —A ti todo te parece hermoso, Kavanagh.
Claro que, podía tratar de que cayera él, ¿no? Colocó la mano izquierda en su espalda, pudiendo así acariciar el torso del hombre (y todo lo que pillara a su paso), de forma suave, tranquila. Tenerlo tan cerca la hacía sentirse como una adolescente, era irresistible. Entonces la reflexión de él la obligó a abrir los ojos de golpe, molesta. —¿Cuándo dices que entrevistamos niñeras? No pienso renunciar a esto, Brendan, así tenga que traerte a rastras… —aunque a la hora de la verdad, muy en el fondo, sabía que se pasaría todo el día detrás del bebé y se olvidaría de la existencia de su compañero.
Eran insaciables, eran dos llamas que nunca se extinguían y quemaban todo a su paso. Había sido aquel calor lo que había comenzado la relación y aún en ese momento, después de un par de tormentas y fríos días, seguía tan activo como siempre. Era extraño como se desenvolvían con tal eficiencia que podían atender todos sus quehaceres como familia, hijos, amigos, trabajo, viajes... y aún así encontrar tiempo para estar solos. Como ese momento, por ejemplo, que estaban tan en su propio mundo a pesar de Alek. Brendan había sido bendecido al tener una ama de llaves tan genial que mantenía un ojo sobre el niño siempre, dejando a la joven pareja sola cuando era necesario. Al igual que las dos o tres personas que también trabajaban en el lugar. El millonario no sabía vivir solo y claramente una niñera iba a ser exclusiva del nuevo bebé, pero se imaginaba que él no podría vivir sin estar mirando a su hijo. Como si respirar no fuera tan importante una vez hubiera nacido. La mano de la rubia no lo distraía ni un poco aunque claro que lo disfrutaba, pero sabiendo lo que pensaba ella no le daría la dicha de ganar. Él la besaba y acariciaba todo el tiempo por inercia, le encantaba que a Alyza le encantara. Siguió pasando la esponja hasta que habló.—Claramente te estoy malcriando — Indicó, alejándose unos centímetros del cuerpo de la rubia para parar su juego. Dejó al costado la esponja y juntó agua con su mano para luego pasarla por la piel de la mujer y sacar la espuma —¿Tú dices que seremos capaces de alejarnos de él? Podemos contratar diez niñeras, ya sabes, pero...—chasqueó la lengua. Se conocía. La conocía. Y él era muy pesado, aunque no negaría el hecho de que le gustaría verla tratar.
Henry Cavill