Ser argentino, privilegio divino.
Dimos todo. Garra, corazón y vida. Y no alcanzó. Pero está bien, porque nadie nos quita lo bailado…y qué baile fue.
Nadie va a llamarnos pecho frío. Nunca. Agrandados, tal vez, mas que seguro. Soberbios tambien. Pero es que no entienden: no conocen esta pasión que nos desborda, esta rebeldía de no achicarse, de no bajar la cabeza ante quienes se creen más grandes.
Ser argentino es un privilegio divino y lo critican porque no lo comprenden. Pero nosotros sabemos de caernos y volver a levantarnos.
De cantar el himno con la voz quebrada y el alma entera. De abrazarnos como si nos conocieramos de toda la vida. De que nadie se salva solo. De atar con alambre, sumar una silla más y seguir.
No siempre se gana, es mas lo que se pierda, pero siempre se puede dejar todo en la cancha. Cuando las piernas no responden, cuando los músculos se tensan y el aire escasea, cuando la boca se seca y el cuerpo pide frenar…el corazón empuja.
Empuja con memoria, con barrio, con historia. Empuja con las voces de los que estuvieron antes, con la ilusión intacta de los que vienen después. Empuja con ese fuego inexplicable que nos hace cantar más fuerte cuando todo duele, creer más cuando parece imposible, y seguir, siempre seguir, porque rendirse nunca fue una opción para nosotros.
Salimos a festejar igual, porque a una final no llega cualquiera. Seis finales no las juegan cualquiera. Pero porque amar así a la patria no es para cualquiera. Y porque el amor con anor se paga, sin importar el resultado.
Esta selección es inmensa. Nos devolvieron la esperanza, las ganas de creer y confiar. Nos dieron alegria, que es lo que el pueblo tanto necesitaba. Es eterna. Como los laures que supimos conseguir.
Y a nuestro diez, nuestro capitán…gracias.
Gracias por ser nuestro, por elegirnos, por representarnos y amar estos colores como los amamos nosotros.
Recuerdo, borroso pero intacto, esa vez en que dijiste que la selección ya no era para vos. Lloraste vos y lloramos todos. Esos partidos con tu ausencia fueron breves y aun asi, la magia escaseaba. Pero volviste.
Y fuiste feliz. Y te divertiste. Y en esa felicidad tuya nos regalaste las nuestras. Nos regalaste recuerdos que van a quedar grabados no solo en la historia, sino en nuestros corazones.
Quisimos torcer el destino y no giró a nuestro favor. Pero no importa.
Porque un partido no borra la belleza de haberte visto jugar.
El amor por estos colores, la obstinación de intentarlo hasta el final,
esa forma de no rendirse nunca…eso nos define. Nos llena el pecho de orgullo. Y, en medio de tanta grandeza, te hace humano.
Lo ultimo, de alentar a diferentes selecciones cada cinco dias, no se vuelve. El poco orgullo por sus colores es triste y chuparles el orto a los colonizadores es peor, pero qsy, alla ustedes.
(una vez mas, si venis a ser hater, anda pa alla, no me podria chupar mas un huevo)