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we could make forever after all;;
Sentir los labios de Ciara sobre los suyos lo llevó a darse cuenta de lo que realmente estaba sucediendo. Lejos del juego, nunca se hubiera podido negar a aprovechar una oportunidad de sentir sus labios, como si de el mayor trofeo del mundo se tratase, pues en el fondo así los consideraba. Aunque realmente temía que su amor por ella no hiciera más que crecer, a pesar de las dificultades, a pesar de no ser pareja, a pesar de todo, cada día la amaba más que el anterior. ¿Y en qué podía desembocar todo aquello? Sabía que su relación estaba destinada a que ambos terminaran sufriendo, pero por otro lado, le resultaba tremendamente costoso ocultar sus sentimientos. Mantuvo la unión el suficiente tiempo como para darse cuenta de que estaba entrando en terreno peligroso y se negó a apartarse durante unos segundos más, pensando que, joder, realmente era y sería la única persona que querría en toda su vida. A pesar de todo, y probablemente por las dificultades del aire, se distanció y colocó cierta distancia que concluyó con él bajándola para que volviera a poner los pies sobre la arena y así recuperase la estabilidad que le había robado. Tras ello, se quedó mirándola con su cuerpo pintado a trozos con pigmentos de color y su cabello mojado del que difícilmente se podían distinguir sus ondas castañas y, no pudo evitar pensar en que nunca había visto una belleza tan genuina.— ¿Me he pasado?— Cuestionó, sin poder evitar ocultar que una risa se trazara sobre sus labios al tiempo que devolvía la mirada a sus ojos aceitunados.
Tanto esfuerzo puesto en mantener las distancias, incluso en situaciones en las que creía que era imposible, y en cuestión de segundos Ciara ya había decidido mandar todo a la mierda. Irresponsabilidad era una palabra que tranquilamente podía describirla en todos los aspectos posibles, pero se enorgullecía de sí misma al recordar que con la meta que se había propuesto lograr para una mejor relación con Lev a futuro sí había puesto voluntad para seguirla e intentar cumplirla al pie de la letra pero, como todo, lo que estaba dispuesta hacer tenía un límite y quizás que Lev la besara de esa forma después de tantas semanas sin saborear sus labios era el suyo. Sentirlo tan cerca que le parecía irreal, un sueño, y con sus cuerpos juntos podía acariciar su piel mojada y resbaladiza con la suya. Definitivamente era algo que no se permitía disfrutar siempre que estaba con él y sus manos parecieron también aprovechar la oportunidad y con libertad trazar con las yemas de sus dedos un camino desde mitad de sus hombros hasta sus mejillas. Capturó el rostro de Lev entre sus manos mientras continuaban besándose y más de una vez intentó también atrapar su labio inferior entre sus dientes con torpeza pero le fue imposible; se encontraba demasiado emocionada como para ser cuidadosa y la mayoría de las personas que la conocían sabían que Ciara rara vez se especializaba en ser una chica delicada. Además, no debía olvidarse de mantener sus piernas firmes alrededor de las caderas de Lev si no quería perder la estabilidad por completo, pero pronto volvió a sentir el suelo bajo sus pies y el agua bañando sus piernas hasta las pantorrillas. Sus ojos aún se encontraban cerrados a pesar de que sus labios ahora se sintieran vacíos al igual que sus manos con sus brazos caídos a ambos lados de su cuerpo. Era consciente de que ya no se besaban, pero era como si el beso de Lev la hubiese paralizado por completo y hubiese borrado parcialmente su memoria porque si recordara en dónde se encontraban y frente a cuánta gente definitivamente ya habría recobrado su compostura en menos de lo que tomaba parpadear. Sin embargo, las palabras del Lev la regresaron lentamente a la realidad y ahora mantenía sus ojos cerrados por vergüenza en lugar de desorientación mientras un rubor se extendía por sus mejillas y se expandía por su rostro. ¡Eso le pasaba por no mantener las distancias! Pero cómo quería volver a besarlo, diablos. Frunció levemente sus labios al igual que su entrecejo y negó con la cabeza ante la pregunta de Lev porque realmente le había gustado que la besara y, tras despejar su cabeza, abrir sus ojos y asegurarse que sus piernas le responderían, retrocedió unos pasos. —Eso no estuvo bien, Lev… —Ja, sonaba como una madre regañando a su hijo. Patético. —Eso es jugar sucio, Lev Kozak. ¡Lo has hecho a propósito! —Estalló señalándolo con un dedo acusador y mirándolo con sorpresa como quien recién se percataba de lo que había sucedido. —Y-y si crees… ¡Si crees que esta guerra acabó, estás equivocado! —Sonrió sin poder creer lo que había pasado y comenzó a caminar hacia atrás con rapidez. —¡Esta guerra recién comienza! —Y volteó para correr hacia la arena y reunir la mayor cantidad de bolsitas que podía cargar entre sus manos de regreso hacia Lev para atacarlo nuevamente y desquitarse tanto por su atrevimiento como por la poca resistencia que ella misma había puesto ante el arrebato del beso.
we could make forever after all;;
Corría lo más rápido que podía, pero al esquivar a las personas que se encontraban bailando o también participando del juego debía disminuir un poco la velocidad; Lev tenía dos opciones: quedarse sentado, a la espera de ser atacado, o ponerse de pie e intentar llegar a juntar las bolsitas de polvo antes que ella, y cualquiera con dos dedos de frente rechazaría la primera. A pesar de que no le servía de mucho, intentó ganar tiempo buscando con la mirada por si encontraba ya alguna bolsita desenterrada y a un rápido alcance, pero de pronto sintió cómo la elevaban del suelo y Ciara perdió la vista de la arena por completo. En un abrir y cerrar de ojos se encontró con el rostro de Lev cerca del suyo y eran sus manos la que la sujetaban contra él, impidiéndole alejarse de él y atacarlo. Sin que Lev intentara algo aún, de alguna forma Ciara sospechó que ahora ella iba a pasar a ocupar el rol de la víctima. —¿Qué haces? —Se carcajeó. —¡Estás loco! —En su voz se oía una alegría impropia de ella, mientras que una sonrisa se apoderaba de sus labios. No podía creer lo que estaba haciendo Lev. Sabía que algo haría, ¿pero besarla? Sabía que la atacaría, ¿pero él sabía que si la besaba ya no había pelea que ella pudiera ganar? Seguramente sí, por eso había elegido la mejor forma para desarmarla por completo e impedir que contraatacara luego. Lo miró a los ojos antes de sentir sus labios contra los suyos y sus brazos rodearon su cuello para obtener mayor estabilidad y tenerlo a él más cerca. Le correspondió el beso con lentitud pero con unas ansias que las palabras no podían explicar, unas ansias que reflejaban cuánto llevaba deseando sus labios sin importar lo que su interior le aconsejara. Lev ya había ganado y a pesar de las estadísticas Ciara sentía que ella también.
La cola de personas para ingresar a la discoteca se extendía a incluso tres manzanas, pero más de la mayoría sabía que no todos tendrían la suerte de entrar. Neptuno era una de las discotecas más innovadoras de Copacabana y, como tal, sólo los jóvenes con una gran cantidad de dinero en su bolsillo podían ingresar. El precio para entrar era alto porque lo que uno se encontraba en el interior del edificio que por poco ocupaba una manzana completa no se apreciaba en ninguna otra discoteca de Brasil.
Adoptando la festividad Holi de origen hindú, Neptuno les ofrece a sus visitantes una noche inolvidable, disfrutando de una gran fiesta en una playa artificial mientras se realiza la guerra de polvos, cuyas aguas se renuevan constantemente para conservar el aspecto atractivo de la discoteca. Entre las mismas, exactamente en el medio del mar, una barra circular se encuentra abierta y a la espera de que ordenes el cóctel que más te apetezca e incluso alguno nuevo inventado en el momento completamente pago en el valor de tu entrada. Sobre la arena, encontrarás sofás colgado del techo de cristal para poder acostarte y disfrutar de su bebida mientras aprecias la espectacular vista del cielo nocturno. Sin embargo, no olvides fijarte por donde pisas; las bositas de colores se encuentran dispersas entre la arena, dispuestas a servirte de ayuda a la hora de atacar.
Así que, ¿qué esperas? ¡Prepara tu traje de baño y anímate a formar parte de una de las noches más divertidas y coloridas del año en Río de Janeiro!
En el momento en el que mencionó a los nuevos sujetos en escena, giró el rostro para encontrarse con los que serían los padres a cargo de los niños. Que, por cierto, le parecido una incongruencia por su parte relajarse de esa forma al tener a menores bajo su jurisdicción, pero tampoco era quién para decir nada al respecto.— No creo que algo así llegue a suceder.— Mencionó para justo después devolver la mirada a Ciara, pues resultaba obvio que en el momento que los adultos quisieran entrar en acción, posiblemente él ya se hubiera encargado de conseguir pasaportes e identidades falsas para evitar la condena. A pesar de que sus propios pensamientos hicieron que no pudiera evitar mostrar una notable sonrisa, dejó de divagar para centrarse en Ciara.— De todos modos, creo que lo mejor sería abandonar la escena del crimen.— Anotó, perdiendo la mirada en aquellos mechones castaños rebeldes que casi parecían tener vida propia al ser movidos por la brisa. Aún todavía seguía dudando si pudiera existir otra persona en el mundo que pudiera hacer que cualquier escena cotidiana se convirtiera en única por su genuino encanto. Bajó la mirada nuevamente para encontrarse con la arena y la suave marea llegando y volviéndose a ir al instante, en el fondo se maldecía por no poder dejar de quererla de la misma manera que el primer día, pero por otro…— Mierda.— Entonó en el momento en el que un par de gotas de agua se deslizaron desde su nariz y fueron seguidas por incontables más, realmente no se sorprendió, la lluvia había sido prevista desde el primer momento en el que el cielo tornó nuboso y gris. Instintivamente, dio un par de pasos para acortar la distancia con Ciara y le rodeó la cadera con uno de sus brazos, buscando con la mirada algún lugar en el que cobijarse y emprender la marcha lo antes posible.— Creía que sólo llovía en Inglaterra.
Soltó un suspiro antes de volverse hacia el mar y echarle un último vistazo al horizonte antes de abandonar la playa, cuya línea ahora era inútil ya que el cielo por poco vestía los mismos colores que la profundidad del océano a lo lejos. Era una lástima; podía ser recién el primer día que estaban en Copacabana, pero era un día menos para disfrutar de la playa y, si para al día siguiente el temporal no cambiaba, serían muchos días menos más. El viento pareció enfurecerse porque aún hubieran personas en la playa y comenzó a soplar con muchísima más fuerza, con tanta que ya no se escuchaba el ruido que producían las olas al romper. Casi al instante, la familia de los niños soltó una exclamación de asombro cuando su sombrilla se soltó y comenzó a rodar sin rumbo fijo lejos de sus dueños, los cuales finalmente parecieron percatarse que el sol se había ido y se pusieron de pie para comenzar a correr detrás de ella. Ahora todo el cabello de Ciara amenazaba con abandonar su rodete y sus mejillas se encontraban enrojecidas por los interminables azotes del frío viento contra ellas. Escondió sus manos dentro de las mangas de su camiseta y entre zancadas abandonó el agua que le llegaba hasta las rodillas para marcharse junto a Lev; sin embargo, un repentino trueno retumbó en sus oídos y, casi dos segundos más tarde, el relámpago del rayo pareció atravesar el cielo. Ciara se detuvo en seco por un momento, presa de la sorpresa, y automáticamente se apresuró en salir. Aún no le había caído ninguna gota hasta que alcanzó a Lev y alzó su mentón para buscar con la mirada a dónde rayos ir para protegerse de la lluvia. La casa en la que se hospedaban definitivamente no era una opción a no ser que quisieran llegar empapados después de casi tres manzanas de caminata en la playa, así que, tras observar cómo la familia como los grupos de adolescentes que se encontraban jugando a la pelota abandonaban la playa a las corridas, Ciara los imitó. Planeaba corresponderle el abrazo a Lev pero decidió tomarle la mano y tironeó de él entre risas. No podía creer lo que pensaba hacer. —Ven, vayamos a los arbustos —alzó su voz, señalando entre la lluvia que cada vez los mojaba con mayor rapidez y caía en gotas más gruesas el final de la playa, donde unos pequeños árboles no muy altos podrían evitarle a ambos un futuro resfrío. —Rápido, rápido —indicó divertida antes de echar a correr con sus dedos entrelazados con los de del chico del que se encontraba locamente enamorada.
[#01]
—¿De verdad acabas de decir eso? Creo que es lo más estúpido que he escuchado en mi corta vida, y eso es decir mucho—.
Alzó sus cejas con indignación y miró a Mary tras encogerse de hombros. —Disculpa pero tú tampoco eres una fábrica de decir genialidades.
Posiblemente culpando a la falta de sueño que estaba teniendo en esos días fruto del ritmo frenético de las vacaciones, el haberse encontrado dormido en una hora irregular del día no terminó por sorprenderlo. Así, ya despierto pero todavía somnoliento, decidió que el techo de su habitación había dejado de ser la cosa más interesante del mundo y se levantó con algo de dificultad mientras dejaba algún que otro bostezo y desperezo por el camino. Supo por boca de su hermana que Ciara no se encontraba en la casa, por lo que decidió tomar sus auriculares para disfrutar del día nublado que parecía haber asustado y recluido a todo el mundo. Claramente no habían vivido nunca en el este de Europa. Abandonó la estancia y se colocó los auriculares haciendo que en seguida el hilo musical de una de sus bandas favoritas comenzase a sonar, transportándolo a una dimensión ajena en la que solamente existía él. Al final, se desvió hacia la playa, simplemente porque no quería perder ni un momento sin disfrutarla porque tarde o temprano tendría que volver a los climas de mierda de siempre. Entonces, habían pasado un par de canciones y varios metros en la orilla cuando se encontró con aquella figura femenina que reconocería en cualquier parte del mundo. Se quitó los cascos y se fue acercando, hasta llegar justo a tiempo para presenciar una escena de auténtico “amor” hacia los más pequeños.— ¿También le vas a decir eso a nuestros hijos?— Irrumpió, con una delatadora sonrisa y posando la mirada en los ojos claros de Ciara. Jamás se la imaginaría jugando con unos niños desconocidos en la playa, jamás. Finalmente, trasladó la mirada a los niños, a los que les hizo un gesto con la cabeza para que se marcharan que parecieron obedecer.— No me gustaría pasar contigo la noche en una comisaría brasileña mientras intentas explicar por qué los niños merecían morir.— Bromeó, volviendo a posar sus orbes en los femeninos.
Su corazón por poco dio un vuelco cuando reconoció a Lev de pie a casi un metro de ella. Ciara recorrió su rostro con la mirada rápidamente y procuró no sonreír, no porque no estuviera feliz de verlo sino porque lo que sentía era todo lo contrario. Sus facciones faciales se relajaron y en su semblante pareció aparecer la tranquilidad que llevaba buscando toda la tarde. Era increíble el efecto que causaba en ella, un efecto que, por más que Ciara intentaba contrarrestar con todas sus fuerzas, continuaba boicoteando sus planes de no apresurarse con Lev y, lo más importante, no ilusionarse, más por su bien que el propio de Ciara ya que, si bien toda su voluntad estaba puesta en que las cosas entre ambos fueran mejor de lo que resultaron en su anterior intento, ella era muy consciente de su adicción y que, aunque muchas veces se molestaba en ocultar que realmente le importaba, todo cambiaba cuando su relación con Lev estaba en juego. No quería volver a cagarla y mucho menos quería volver a lastimarlo. Si aquello nuevamente sucedía, ella misma se había prometido que no se lo perdonaría. Relajó sus hombros y volvió la cabeza ante las ocurrencias de Lev. Con él y su inoportuna imaginación no hacían una porque de golpe se imaginó una escena similar a ésa sólo que en lugar de ser sus propios hijos sus víctimas, el grupo de niños seguía siendo el mismo pero con una Ciara embarazada que amenazaba con ahogarlos si no la dejaban en paz. No pudo evitar reír entre dientes como tampoco pudo evitar el impulso de voltear hacia Lev y salpicarlo. Instintivamente se alejó unos pasos de él pero al percatarse de que llevaba los auriculares colgando alrededor de su cuello supo que no intentaría vengarse. —Sí, no tienes idea —replicó sarcástica, revoleando sus ojos mientras una sonrisa tironeaba sin remedio de sus labios. —Sobre todo cuando recibamos su denuncia, ¿no? —añadió burlona y señaló la familia de los pequeños cuyos padres se encontraban tumbados en la arena durmiendo como si acabaran de recibir un tranquilizante para caballo.
Soltando una larga exhalación, Ciara despidió el humo que había mantenido cautivo en su boca por algunos segundos y el violento viento de un día nublado en la playa de Copacabana lo alejó de ella al mismo tiempo que azotaba los mechones sueltos de su rodete contra su rostro. Con sus ojos entrecerrados, su mirada estaba clavada en esa línea que parecía dibujada en el horizonte y dividía el mar del cielo. No hacía falta mirar sobre su hombro para verificar si era la única persona en la playa con ese temporal porque claramente lo era, olvidando el grupo de muchachos que jugaban con una pelota a metros de distancia de ella y también ese grupito de niños que se mojaban con las pequeñas olas del mar cerca de Ciara, aunque de ellos ella sí que se quería olvidar. Literalmente. Había salido a fumar un cigarrillo con el propósito de relajarse, pero claramente no iba a poder lograr hacerlo si ya era el segundo que le apagaban con el agua que salpicaban. Era obvio que estaba perdiendo la paciencia; sus hombros tensados señalaban lo irritada que se encontraba al igual que los dedos de sus pies clavados en la arena mojada, de los cuales uno podría percatarse si se sumergiera en el agua. Cerró sus ojos e intentó tranquilizarse, pero las carcajadas burlescas de los niños la hicieron abrirlos con brusquedad y voltear hacia ellos. —Se los haré fácil: o se detienen o las próximas víctimas que los guardavidas rescatarán serán uste-- —Pero lamentablemente se vio interrumpida en el preciso instante en el que Ciara elevó su mirada y sus ojos se encontraron con un rostro que no le correspondía a ninguno de los niños.