Nunca confíes en la palabra de un féerico, ni mucho menos en su comida. No es un dicho popular, pero debería serlo. Al menos lo será para los asistentes a la fiesta de San Valentín de este año en la ciudad. Intoxicados por la comida experimentaron varios tipos de amor, dando rienda suelta a sus emociones.
Cuando veo a una joven ángel corretear por el jardín, pidiendo que un demonio juegue a atraparla, algo más estalla en mi mente. “Si él no quiere jugar contigo, yo lo haré” La atrapo, entre mis brazos, incapaz de borrar la sonrisa “Podemos jugar toda la noche si es lo que quieres, ¡a lo que desees!” Y no había mentira en mis palabras, por ella sería capaz de hacer cualquier cosa.
“¿Mi amor? ¿Tu mujer?” Observo la alianza en mi mano, estoy segura de que no fue un regalo suyo pero qué importa. Si Steph quería ser mi mujer, porqué debería impedírselo cuando hacerla feliz me costaba tan poco y me llenaba el pecho de esta sensación tan cálida. “Mi nombre es Narya” Sostengo su mano izquierda entre las mías, beso su dorso, ella no tenía un anillo ¿debía comprárselo? Me mira complacida, a mi y a la chica ángel, pero quizás no es un anillo lo que Steph desea “Y aunque yo sí conozco tu nombre, no sé cual es el suyo” Desvío la mirada a la otra elfa castaña que apoya la cabeza sobre el hombro de la demonio, ambas esperando por más “Ni tampoco el tuyo, ¿debería?” Suelto la mano de mi mujer y las devuelvo al rostro del ángel, febril, ardiente y deseando ser quemada.
Sus alas se estremecen de solo imaginarse a su lado, si pudiera tocar su mano, si tuviera el valor de acariciar sus labios, si le enterrara las uñas en el cuello y la viera morir... La calentura invadiendo su cuerpo. “Me dijiste que jugarías conmigo, toda la noche si quisiera...” Delicado pétalo de flor chamuscada, perfumada mariposa ardiendo en la lumbre “Yo te puedo llevar al cielo, pero no me importaría que me arrastraras al infierno” Y así, de golpe, la suma de todos sus deseos encarnada en aquella fémina. Y un temblor salvaje, antinatural, de hacerse una con la mujer de fuego, de dejarse quemar por sus llamas y arder por los siglos de los siglos.
No solo quería probarlo, estaba dispuesta a beber hasta la última gota de ese cáliz prohibido. La lujuria se había instalado en su carne y con pecaminosas intenciones se había dejado hacer por la pelirroja. El beso que le dio fue poco para las ansias que tenía, aunque cuando vio que eran observadas se ruborizó suavemente. “Narya..., La boca se embriagaba al pronunciar su nombre. La esencia que había grabado en sus labios era un elixir afrodisíaco, el aroma de su piel una adicción. La templanza, la continencia, nada de eso sirve cuando tienes en frente la tentación encarnada.
Estoy en las nubes, en las nubes rosas mulliditas. Se abre el cielo a mis pies y me recibe la mas perfecta de las diosas. Siento que cada uno de sus mechones me incendia cada celula del cuerpo. Mi musa de fuego persigue a una indigna de su esplendor. ¡Blasfema ese angel que no merece nada de ti! Me adelanto hacia ella, hacia la diosa de pelos de fuego, y la tomo con fuerza del brazo con tal impulso, que gira hacia mi. Mi otro brazo, ni lento ni perezoso se posa sobre su cintura “Deja a esa pequeña niña angel jugar con el perro y escapa conmigo preciosa, yo te haré mas feliz.”
“¿¡Eo?!” Parpadeo varias veces separándome de sus labios. “¿De donde caíste?” Se me duerme el muslo “Eo, con un demonio, como pesas” Digo riéndome pero abrazándola por que, Ya saben, ella me esta abrazando desde que cayo. Y manito que va y manito que viene, bueno, le toque una nalga. Siempre las tuvo bien redondas la desgraciada. Pero, ¡Esperen! ¿¡No me había enamorado de la diosa de cabellos rojos?! ¿¡Ya estoy siendo infiel?! ¡No van ni cinco minutos que me pongo de novia y ya la cago! En mi defensa, creo en el poliamor. Miro hacia nuestro costado, mi alma gemela yace tirada en el suelo con el angelito encima. Y yo siéndole infiel justamente a su lado con una féerico candente. ¿Que puedo hacer? ¡Me cayo encima, joder! “¡NO ES LO QUE PARECE MI AMOR!” Miro mejor la situación, al parecer ella también me esta engañando con el ángel rubio, quien mirándolo más de cerca... “¡ROSETH, ELLA ES MI MUJER! ¡CÓMO TE ATREVES...!” Mierda. No se su nombre. “Disculpa, ¿Como te llamas?” Las miro un poquito mejor y me llevo la mano al mentón. “Saben, al decir la verdad me gusta la escena, ¿Pueden continuar? Yo te lo permito mi amor”
Salgo corriendo cuando veo a Steph no muy lejos de donde estoy “¡REINA!” Me arrojo a sus brazos, entregada al amor por todos que siento, no me importa si estoy haciendo un papelón.
En cuanto me separa de sus labios, le hago unos rápidos y sugerentes movimientos de cejas a Steph mientras me reconoce. “¡Es que te quiero, uooo!” Le canturreo divertida, abrazándola. Siento que pasaron siglos desde la última vez que se destapó una catarata de amor así en mí, lo disfruto, me enamora esa libertad. “¡Y a ustedes también!” Le grito al par de muchachas que están junto a nosotras, aunque no estoy segura de conocer a una de las dos, ¿pero qué importa? Seguro que es extraordinaria. Y la angelito, ay, como la quiero, le muestro una sonrisa amplia y sincera a Roe que se convierte en una expresión de sorpresa cuando siento que me apretujan una nalga. “Cochina” Le digo a la demonio señalándola con mi dedito indice, luego suelto una carcajada, tampoco es como si no me hubiese gustado. Ay, sí, todo son risas, aunque de a poco siento que voy volviendo a mí, ¡y no quiero! Denme más de esta cosa.