Show & Tell

#extradirty
Fieri Frames

oozey mess

No title available
No title available
Cosimo Galluzzi
The Stonewall Inn
h
sheepfilms

Love Begins

tannertan36

ellievsbear
Lint Roller? I Barely Know Her
Claire Keane
KIROKAZE

bliss lane

@theartofmadeline

Game Changer & Make Some Noise
macklin celebrini has autism
seen from Canada
seen from Türkiye

seen from Ukraine

seen from United Arab Emirates
seen from United Kingdom

seen from Canada

seen from Malaysia
seen from Türkiye

seen from United States

seen from Russia

seen from United States
seen from Honduras
seen from Iraq

seen from United States

seen from Argentina
seen from United States
seen from Kazakhstan

seen from Türkiye
seen from St. Lucia

seen from Georgia
@clown-ts-blog
Eran las reacciones de la payasa lo que lo llevaban a desear más y más de ese contacto, el modo en que el que sus bocas se fundían en un jugueteo seductor y delicado, porque aunque la idea no tuviese ni pies ni cabezas, ella parecía saber exactamente cómo complacerlo. Sus manos, posadas en los muslos femeninos, siguieron el descenso de sus piernas en un movimiento contrario por el cuerpo de la chica, avanzando rumbo a su cintura para mantenerla unida a él en aquel contacto, sus dientes cerrándose contra el inferior femenino y sus labios después buscando compensar cualquier dolor provocado. Un suspiro escapó de su boca otra vez, y dejó de besarla pero permaneció con sus labios unidos a los ajenos, inmóviles.
Apenas una leve y suave mueca decoró sus rasgos ante el pellizco en boca, su mentón alzándose como si pidiese más de aquella descuidada caricia al tiempo en que, creía, resultaba evidente incluso bajo su maquillaje lo escarlata de sus mejillas. Pronto las cosquillas invadieron cada punto en su cuerpo, y es que cómo no lo harían ante el sonido que abandonó los labios ajenos. En un arrebato descarado y fruto del fuego que se inició en su pecho y bajo abdomen, la payasa hizo virar el cuerpo ajeno para que acabase estando él contra la fría pared, separando solo tras ese transcurso sus labios de los contrarios. Y aquel mismo segundo tardó una de sus piernas en buscar a su igual, acariciando lentamente de forma ascendente por el lado de externo hasta llegar por encima de su muslo, entonces dejando que en un rápido y firme movimiento el propio se ubicara entre las piernas masculinas. Fue su turno entonces de suspirar, volviendo a abandonar la boca de la muerte para que sus labios se deslizaran en una caricia hasta su cuello, a la espera de una reacción. Por su parte, no podía sentirse mejor.
La sonrisa en su rostro se ensanchó divertida, todavía parecía estar bajo los efectos de ese gas de la risa que alguien seguramente había liberado cerca de él.— Es por eso que te estoy invitando a mi cuarto, ¿qué no lo ves? —ocultó su rostro en el cuello de la chica para impedirle la visión de su imborrable sonrisa, mordiendo con delicadeza la tentadora y suave piel de su cuello. Tras ello y ante el pedido de la payasa, la guió hacia el muro más cercano y regando de besos su cuello se aproximó una vez más a sus labios, deteniéndose antes de que los mismos entraran en contacto con los propios para observarla momentáneamente, antes de volver a besarla con el mismo ímpetu con el que lo había hecho anteriormente.
Una posible respuesta murió al nacer en ella un bajo sonido de gusto ante la caricia ajena, electricidad corriendo por su columna vertebral y su piel erizándose en su totalidad. Su mirada recorrió expectante el rostro desconocido durante lo que duró la lejanía, como si deseara grabar a fuego el momento antes de volver a desvanecerse en el beso. No le interesaba el porqué lo necesitaba así de mal, o esa cercanía en realidad, solo el sentir el calor contra ella, la pesadez en su bajo abdomen y los pinchazos que en ocasiones la atacaban. Su boca se cerraba con mayor avidez contra los labios ajenos en esa oportunidad, sus piernas comenzando a intentar deshacer el agarre sobre él para tocar el suelo y disfrutar de él en otra posición.
Uno de sus brazos la rodeó por la cintura y el restante la sostuvo por debajo de sus muslos, cargándola sin problema al notar como ella parecía decidida a no volver a pisar el suelo.— ¿Un sofá, la pared? —su rostro se ladeó para permitirle actuar como comodidad, la mirada al frente para evitar que cayeran al suelo como, sospechaba, iba a a pasar tarde o temprano.— Ni tú eres tan payasesca… Al menos no de apariencia, porque de actitud —bromeó, dejando que una sonrisa atravesara sus labios. En cuanto atravesó la puerta de salida, se detuvo y liberó su agarre sobre ella, decidiendo probar qué tan buena era sosteniéndose por sus propios medios.— Necesito que bajes —indicó, pero sólo buscaba una reacción.
Bufó por incontable vez en lo que llevaba con la parca, ya que creía estar un excelente papel y se divertía en grandes cantidades por ello. Pero claro, alguien tan muerto no podría saber nunca de ello, aunque no le parecía alguien sin ritmo cardíaco en cuanto sus labios colisionaban. “Y tú eres la peor muerte que vi. No me has dejado sin respiración”, por poco evitó reír, pero aquella carcajada retenida la abandonó con libertad ante el pedido de su acompañante. “Y yo necesito que me beses otra vez, pero no siempre se consigue lo que uno quiere”, intentó sonreír de forma malvada al tiempo en que sus piernas y brazos ejercían tal fuerza para no caer que pensó, podría provocarle dolor a él.
¿Cómo concentrarse en algo cuando las atenciones otorgadas a su cuello se robaban toda su concentración? Su pecho se elevaba y descendía en contacto con el ajeno, delatando su respiración irregular. En cuanto fue capaz de hacerlo, volvió a unir sus labios a los ajenos, guiado por la necesidad de sentir su suavidad contra los propios una vez más, envolviéndolos en una danza lenta que denotaba cierto deseo.— Mi cama —respondió, y una sonrisa divertida dejó a la vista su dentadura por apenas segundos, pues sus labios volvieron a buscar a los ajenos después.— Sólo salgamos de aquí —pidió, levantándola con ayuda de sus brazos para sacarla de su cómodo lugar, sospechando que eso le pedía al aferrarse de ese modo a él.
La risa estalló fuera de ella ante la respuesta, ahogándose esta contra los labios ajenos y muriendo del todo ante la oleada de calor que azotó su cuerpo al deber aferrarse al cuerpo masculino para no caer. “No tiene porqué ser una cama”, sonrió a su vez, simpatizando con él y devolviendo la broma que quería hacerla reír otra vez. Pero el movimiento volvió a perderla, su mirada pegándose a los rasgos ajenos como hipnotizada, pronto su boca acudiendo una vez más al rostro de la muerte. Un rostro que ya no se encontraba tan bien maquillado, y ella no hizo más que continuar arruinándolo al pegar sus labios a la mandíbula masculina, comenzando a succionar suavemente y acariciar con sus labios. “Ya no eres solo blanco y negro”, susurró antes de decidirse por un punto en su garganta donde dejar un gran chupón.
No supo en qué momento la temperatura del evento aumentó, era un espacio lo suficientemente amplio como para que ese tipo de detalles pasaran por algo, sin embargo, ahí estaba, con sus mejillas teñidas de carmín y su sangre bombeando a una velocidad que había desconocido en un principio. Sus párpados decidieron sellarse para seguir saboreando el exquisito beso que le fue otorgado, llevando su mano al rostro femenino para acceder a intensificar el húmedo contacto. Sus dígitos de la otra mano, preocuparon mimar la cintura contraria, ascendiendo sin vergüenza alguna hasta el delgado cuello, memorizando cada detalle con su tacto. Un jadeo tenue se deslizó por su garganta, un aviso silencioso que indicaba el tiempo para detenerse, no supo exactamente de qué lugar extrajo fuerza de voluntad para separarse, pero logró formar una escasa distancia de, apenas, dos centímetros; conforme sus ojos viajaban desde el la boca hasta la mirada maquillada opuesta, fijándose en ella. Despegó sus labios con la intención de hablar, protestar por la falta que le hacía un nuevo beso, alardear o simplemente quejarse, pero nada logró salir de su pecho, sólo una respiración parcialmente alterada.
Sus manos impulsivas reafirmaron su agarre sobre el pirata, tirando de él hasta sentir el choque de sus dientes contra la carnosidad de la boca masculina. “¿Era esto lo que sabía mejor? No lo creo”, negaba lentamente, su mirada en los labios de Sparrow como si contemplara el volver a besarlo. En cambio mordió su labio superior, luego el inferior y entonces regó de mordiscos desde una comisura de sus labios hasta la otra, pronto volviéndose aquello en lamidas lentas y a conciencia. “No, no sabe tan bien”, murmuró bajo y con su respiración algo alterada aún contra su boca.
“¿No conoces los espejos, payasita?” Comentó sobre el maquillaje ajeno y rodó los ojos, no podría hacer entender a alguien que no conocía la historia, era obvio aún así que todos rechazaran su existencia. Jadeó ante el jalón pero soltó algunas risas extrañas “Continuaré buscando la broma, hasta ahora eres una pésima payasa” Acusó sin darle importancia y le jaló del cabello con atontada mirada por su color.
“Sí, hace un rato me he visto y luzco demasiado perfecta”, y es que estaba enamorada de su disfraz, algo que la sonrisa ahora en su rostro evidenciaba. Y la misma se mantuvo ante las ardidas palabras de la señorita que había lamido, ¡incluso frente al tirón! “¿Qué haces, amargada anciana? Casi arrancas mi peluca”, sus manos volando a la misma para ajustarla en su lugar. Luego, estúpidamente, rió. “Tal vez deberías probar algo dulce para agriedad. ¿Quieres una paleta?”, la payasa alejándose de la damisela.
No comprendía la actitud de la contraria, ¿por qué actuaba de esa manera tan extraña? ¡Era una fiesta, debía disfrutar! Volvió a carcajear, pero entonces una desagradable capa de jalea con cubitos de lo que creía gelatina le cubrió por completo. Su primer impulso fue enfadarse, peor pronto la idea de que podía limpiar la capa se instaló en su mente y sonrió–. Ahora estoy deliciosa –exclamó al probar un poco de la mezcla que le cubría, intentando, como siempre, verle el lado positivo a las cosas.
Cuando el interior de sus globos las cubrió a ambas, la payasa comenzó a reír como si un acto de comedia estuviera siendo rodado frente a ella. ¡Le había encantado tanto su idea cuando la pensó! Y ahora, viendo su obra, pensaba que era una genialidad. “Como para comerte, caperucita. El lobo se hará un festín contigo. Los zombies también”, y volvió a girar sobre sí, deteniéndose al observar a uno de ellos. ¡Lucían tan reales! Había gente que en verdad se había esforzado. “¿Te animas a enfrentarte a ellos así?”, preguntó con una gran sonrisa, su cabeza comenzando a moverse al ritmo de la música.
Sonrió ante el último gesto de la payasa, su rostro empujando suavemente contra el ajeno al buscar por un poco más de ese beso que compartían, el frío contacto de la pared contra los brazos que rodeaban la figura de la pelirroja contrarrestando el calor que el cuerpo femenino emanaba. Y se separó ante una idea que cruzó por su mente, la mirada azulada buscando comprobar el rostro de la chica y la sonrisa extendiéndose por su rostro. “Tu boca… digamos que se arruinó” se preguntó si rastros de aquel maquillaje quedaban en él. “Pero todavía te ves bonita y aterradora” le aclaró.
Los músculos de su ceño se fruncieron instantáneamente al sentir al zombie abandonando sus labios, sus dedos presionando con fuerza por debajo del término de la espalda masculina como un reto. “¿Quién quiere verse bonita en Halloween? Y la tuya también está arruinada”, su cuerpo inclinándose contra el del zombie para volver a llegar a sus labios para morder y lastimar el inferior del mimo. “Ahora te ves mejor. Yo, por otra parte, iré a retocarme”, y sólo así comenzó a abandonar su vieja posición.
Las manos de la muerte, pintadas de un blanco y negro que simulaban el esqueleto escondido bajo su piel, se deslizaron de manera ascendente por las delgadas piernas femeninas, la suave y elástica tela que cubría aquella zona no consiguió impedirle sentir la calidez que ocultaba bajo ellas, seduciéndolo en cada roce contra ellas. Su camino se detuvo al tomarse con el tul de su vestido de payaso, el aire fluyendo en forma de un silencioso jadeo al separarse de la chica, y casi que se quejó y se negó a dejarla ir, pero la caricia en su cuello se llevó consigo todo rastro de frustración. Manteniendo la cercanía y rodeándola por la cadera, en un susurro apenas audible habló contra el oído de la chica:— Salgamos de aquí.
Los latidos contra su pecho parecían anunciar la salida de su corazón por el mismo en poco tiempo, sus oídos a un paso de sentirse inutilizados por la forma en que el palpitar se siente contra ellos. “¿Hacia dónde? Hueles muy bien”, confesó mientras sus labios continuaban con los lentos chupones. Sus dientes raspando su piel cuando decidía cambiar su lugar, su lengua probando apenas. “Da igual, vamos”, aclaró, aferrándose aún más fuertemente a sus caderas, sus brazos rodeándolo con fuerza. Obviamente no pensaba en la posibilidad de que todo pudiera ser una trampa, se sentía demasiado bien como para eso.
@hqboyts @clown-ts
Por razones desconocidas sus pasos se mueven al ritmo de la melodía, un paso delante y otro hacia atrás. Las caderas, sin embargo, no acompañan sus movimientos y su lado pésimo como bailarín queda en evidencia. Su mirada visualiza dos copas sobre una mesa, y una silueta a su lado como la compañía ideal. Sin dudarlo las toma y las extiende al desconocido disfraz, quién es o qué es, no tiene ni idea. “El cliché de la noche; un trago para romper el hielo”
Habiendo perdido sus globos, It ahora sostenía un largo y oscuro gusano de gominola en una de sus manos, pensando en bailar al sentir que su cuerpo sentía esa necesidad. ¡Ya había asustado a miles de invitados!, pensaba, y era hora de divertirse de otro modo. Por eso, cuando escuchó al desconocido a un lado de ella, engulló con avidez su gominola y extendió luego su mano para tomar el vaso. “¿Por qué tan aburrido, abuelito? ¿No deberías estar consiguiendo gente para hacer tus trabajos sucios?”, sonrió con diversión.
Sus cejas se alzaron en falsa indignación, pues una sonrisa delatora surcó sus facciones— Callado o haciendo uso de mi boca para otras cosas, me lo han dicho, sí. —presumió con sus ojos entrecerrados, avanzando un par de pasos hacia la contraria; su intención no era amedrentar a nadie con ese disfraz, más bien el rol de su personaje insistía en una persuasión sigilosa, tal cual personificaba ahora. La advertencia llegó cual música para sus oídos, los desafíos lograban encender esa actitud más osada que tenía y, como era de esperarse, esta no sería la excepción. Las palabras sobrarían, decidió no soltar nada, sino concentrarse en sostener la cadera femenina con avidez, empleando la fuerza necesaria para que no fuera a moverse de ese lugar; su gesto se mostró serio, en tanto sus ojos recorrían cada fina terminación de su compañía, guardándola recelosamente en su memoria. Su pulga izquierdo acarició el labio inferior contrario antes de apresarlo entre sus dientes y, eventualmente, obsequiarle un beso efusivo y arrebatado.
Por primera vez, la sonrisa que brilló en el rostro de la payasa no fue una para asustar, sino una verdaderamente entretenida por las palabras de Jack Sparrow. Y la misma se ensanchó ante su acción que los llevó a ambos a respirar a cortísima distancia, desapareciendo la misma al sentir el tacto masculino en sus labios. Más sin embargo no tuvo tiempo de repasar el mismo con su lengua antes de sentir su boca siendo apresada por la ajena. Cerrando sus párpados ante el más que bienvenido bienestar, sus labios no duraron en entreabrirse para comenzar a probar los ajenos, su cabeza inclinándose para ganar profundidad en el futuro. Sus latidos comenzaban a acelerarse, sus brazos tomando la pechera del pirata para comenzar a ascender hasta su cuello y dejar que sus uñas se clavaran. Con un pequeño ronroneo, y tras probarlo al menos por tercera vez, It dejó que su lengua comenzara a golpear contra la boca ajena en un pedido por entrar.
dulce: a que huele jack s?
Risas. “¿Me crees un perro? No lo he olfateado, pero asumo que a pescado, ron y suciedad”.
La presión sobre su labio por un motivo que desconocía le pareció una amenaza al beso que compartían, una amenaza con terminarlo en ese mismo instante. Fue por ello que presionó su cuerpo contra la chica de delgada figura y la empujó con lentitud hacia la pared más cercana, su mano teñida de blanco descansando en la mejilla femenina en lo que sus labios disfrutaban incansablemente de la suavidad de los ajenos. Eran adictivos, lo dejaban sin respiración y aceleraban las palpitaciones de ese corazón que le recordaba estar vivo pese a que su disfraz asegurara lo contrario. Al final fue él quien apresó entre sus dientes el inferior de la payasa, disfrutando de ese gesto al que ella parecía ser adicta, “a cámara lenta”, la punta de su lengua probándola una vez y avanzando en busca de su igual en una señal de que no planeaba detenerse pronto.
Una diminuta sonrisa se filtró en su expresión al sentir el cuerpo masculino llevándola a retroceder, sus manos aferrándose aún más a su espalda para luego deslizarse hasta la terminación de la misma. Era tan agradable la sensación de tersura enfrente y la más fría y dura superficie en su espalda que un suspiro la abandonó. Sin reparos respondió a los movimientos del zombie, su lengua abandonando su cavidad para reunirse con su igual en una exhibición innecesaria pero necesitada para la payasa. El frío y el calor chocando contra la humedad de su lengua, hechizada por la danza compartida, exigida por su exquisitez.
“Es porque me dejaste asquerosa, payasa“Acusó sin dudarlo y al dar la ocasión se vio forzada a preguntar ”Límpiame con tu lengua lo que queda aquí“ Extendió su brazo manchado hasta la altura del rostro ajeno ” A menos que tengas miedo que lo feo se pegue, tienes mucho maquillaje para ocultarlo si pasa“ Desafió a la contraria utilizando la marca de su disfraz. ” No desperdiciemos jalea“.“Dejar de ser bonita ¿Ves esto? Me lo hicieron por mentir ante los dioses, me castigaron quitándome lo único que valoraba de verdad ¿Y el tuyo?”
Riendo y bufando a partes iguales, la payasa comenzó a girar sobre sí misma y alrededor de la loca que la enfrentaba. Le gustaba su locura, y es que loca tenía que estar para pedirle algo así sin temer un truco. “¿No conoces de cirugías plásticas, muñequita? Pero si los dioses lo hicieron”, soltó una carcajada tras una pausa al detenerse para enfrentarla, estirando con brusquedad uno de sus brazos para tomar el opuesto ajeno y dejarlo a poco de su boca. “Ser tan ñoña y vacía como tú”, y entonces desvaneció la distancia y su lengua comenzó a recorrer la tela bañada de jalea. Una sonrisa ocupando sus labios al pensar en morderla.
En lugar de asustarse y gritar, como se suponía debía reaccionar a la situación, se echó a reír. No era una muchacha valiente, o al menos no se describía así, pero aquella noche se sentía más poderosa que nunca y un simple disfraz no le asustaría–. Definitivamente un globo rojo iría muy bien con mi túnica –concordó con la muchacha y miró ella también hacia la colección de globos que flotaban sobre sus cabezas, de verdad quería uno.
“¿Qué es lo gracioso?”, chilló con voz aguda, saltando sobre sus pies de forma violenta y más cerca de caperucita. No creía que su disfraz fuera para reír, ¿o sí? Giró para buscar un espejo, pero no encontró ninguno para contemplar su magnífico maquillaje. “¿Te gustan mucho? Creo que te daré todos porque pareces ser una niñita bien linda y buena”, volvía a enfrentarla tras haber estado dispersa, inclinándose sobre la chica al entregarle el puñado de globos para que los sostuviera, entonces saltando una vez más con su machete en la mano izquierda en alza. Quería que los globos se pinchara para bañar de porquerías a caperucita, sin importarle que ella se viera agraviada también.
Ah, perfecto, lo había arruinado y ahora la desconocida quería asesinarlo y no besarlo; pésimo plan, pero nadie podía culparlo, era nuevo en este papel tan peculiar de seductor profesional— Bueno, es clásico, sí, pero en hombres. Supongo que por eso eres más atractiva en él que cualquiera, —chasqueó su lengua, aproximándose sigiloso a la muchacha— ¿qué? No imito a nadie, no necesito imitar a nadie. Capitán Jack Sparrow, único e irrepetible. —soltó, presuntuoso, con las manos cruzadas sobre su pecho. Una sonrisa sutil se formó en sus labios al escuchar las palabras que entonces expresó la supuesta asesina— Mi sangre es insípida, asquerosa por tanto ron y mala alimentación, no te la recomiendo para nada. —habló con frágil seriedad, dando otro par de pasos hacia su objetivo, y de cerca se veía aún más tentador que antes— Tengo otras cosas que saben mejor, en todo caso, por si deseas probar.
Sus ojos se entornaron ante los nuevos halagos, su mano izquierda apuntándolo con su machete mientras llevaba la bebida a sus labios para calmar el ardor en su garganta. “¿Quién quiere ser atractivo en Halloween? Callado te ves bonito, esparrago”, y rió entonces con ganas, feliz y divertida por su juego de palabras. Por momentos se olvidaba de que estaba en la fiesta para asustar, pero a quién le importaba si podía disfrutar a solas pero frente otros también. Con sus ojos entornados otra vez, dejó que la punta de su machete se posara contra el mentón del pirata, dejando que sus labios se cerraran y estiraran para formar una aterradora sonrisa por segunda vez. “¿Qué es lo que sabe mejor? Muéstrame aquí y ahora si te atreves, y si no deseas sangrar”, porque por supuesto, había captado una doble intención en lo pronunciado.