Abuelo,
A veces me sorprendo buscándote en las cosas pequeñas.
En una brisa que llega de pronto, en el silencio de la tarde, en una mariposa azul que cruza justo cuando más te extraño.
Y entonces entiendo… sigues aquí, de otra forma.
Aunque la vida siguió y los días pasan, tu ausencia no se llena.
Te extraño. Te pienso.
Y hay momentos en los que daría todo por escucharte reír una vez más, por sentir tus manos, por abrazarte fuerte y quedarme ahí.
Crecí, como tú me enseñaste: con valor, con ternura, con respeto por lo simple.
Pero hay días en los que ser fuerte no me alcanza.
Días en los que ser valiente duele.
Abuelo, ojalá pudieras ver en quién me estoy convirtiendo.
Ojalá supieras cuánto de ti vive en mí.
Cada vez que dudo, cada vez que algo me asusta, cierro los ojos y me pregunto qué me dirías…
Y de algún modo, encuentro calma.
Gracias por haber sido mi raíz, mi refugio, mi guía.
Gracias por enseñarme que el amor no termina con la distancia ni con el tiempo.
Porque aunque no estés, te siento.
Y cuando una mariposa azul aparece, sé que eres tú, diciéndome que todo va a estar bien.
Te llevo en cada paso, en cada sueño.
Y aunque me duela que no estés, te prometo que tu amor no se ha ido.
Vive conmigo. Siempre.
Con todo mi corazón,
Caren.

















