Debía de admitir que había estado fisgoneando los mensajes del profesor, pero todo se debía al hecho de que por casualidad había terminado ahí. Estaba tomando una clase extra de escritura creativa y necesitaba encontrar al profesor para que le entregase su borrador de una historia que estaba escribiendo, pero se había desviado y ahora estaba en la oficina de alguien más completamente desorientada. – ¿Sabe cual es la oficina del profesor Stokes?– preguntó, ofreciéndole una sonrisa apenada.
El hombre le sonrió amablemente a la desconocida, pues le había resultado bastante atractiva. Le resultó bastante divertido el apuro que le había dado a la chica el haberse equivocado de oficina. “Sí, linda.” respondió, levantándose lentamente de su butaca para posarse delante de la castaña. “Es justo la que está al lado de ésta.” respondió. Él sabía que era bastante fácil perderse por Harvard, sin embargo la zona de los despachos le resultaba bastante sencilla para orientarse, puesto que todos los despachos tenían un cartel en la puerta donde ponía la asignatura que cada profesor impartía. “¿Está usted en mi clase?” preguntó curioso.














