Parábola.
Apenas perdían sabor los sinsabores.
El terror se erigió letra por letra.
La muerte exhaló sus polvaredas.
La angustia corrió todos los pestillos.
Comenzó la travesía de las interrogaciones.
A la maldita, deshonesta, estridencia; siguió el rechinar de dientes y certezas.
Dio inicio el deletreo del pánico, del coraje, de la esperanza.
Se derrumbó el color y los escombros –todos- adquirieron el gris de la impaciencia.
Fueron 32 años, 32 tragos de saliva. Qué de posible hay en la inclemencia. Qué de barbarie en el capricho del tiempo.
Qué maldición hay en la justeza.
Se cerraron los paréntesis del miedo.
Quedó agrietado el infinito.
Todos queremos que sea nuestro silencio el que se escuche.
Desde ahora todo es contracorriente.
Volvemos a salir.
Volvemos a salir.
Volvemos a salir y levantamos el puño y vamos deshaciendo todos los crujidos.
La calle es el destino de los pueblos. La sede de todas las edades.
Le sostenemos la mirada a la ruina.
Piedra a piedra le hacemos cenotafio a la memoria.
La gloria sigue en pie.
La gloria sigue en pie.
La gloria sigue en pie, aquí está el mundo.











