Mucho. Negó lentamente la cabeza tras dar un respingo al notar la mano del espectro en su pierna. ¿Qué estaba haciendo…? Nunca, jamás de los jamases, le había dado una señal de que pensara en ella de esa forma… Por lo que ¡ah!… Debía de ser que estaba siguiendo su juego. Lo había calado. Aurora sonrió para sí misma, aceptando el resto. ¿Se creía que iba a echarse para atrás solo porque estaba jugando sus cartas…? ¡JA! Ella tenía la mejor baraja de todas. (Y de verdad se lo creía). Aunque había apartado las manos en un principio, volvió a posarlas sobre el espectro. Esta vez deslizando suavemente la yema de los dedos por los antebrazos del castaño y subió hasta los hombros dónde las dejó apoyadas. Lo miró y avanzó el rostro un poco más, dejándolo cerca del suyo. (Había intentado adoptar una expresión inocente, pero no formaba parte de su repertorio). -¿Es que quieres ponerme nerviosa? Porque si es así, será mejor que te esfuerces un poco más.
No la escuchó, no supo que le estaba diciendo. Su cuerpo solo podía posicionarse en reaccionar ante aquella caricia, en el roce de sus dedos por su piel. Le arrancaba un escalofrío placentero. Aquel no era su cuerpo pero sabía bien lo que era que alguien te diera aquella atención. Y de todos modos, ahora se sentía como suyo. Cada célula y cada sensación. Además llegaba un momento que no podía discernir si la atracción que lo llevaba a presionar contra ella era de Dan o de Theo. Retuvo las muñecas de su bruja, deteniéndola de sus caricias, empujó contra ella para arrinconarla contra la pared de una de las casetas. Sus labios estaban sobre los de ella, besándola y saboreando la suavidad y calidez. Era nuevo, porque aquellos no eran sus labios, pero a la vez conocido, dado que no era su primer beso. Se volvía un cúmulo de sensaciones diversas que lo empujaban a querer más y más. Pero un pensamiento cruzó su mente y se detuvo, separándose de ella y dando un traspié al retroceder varios pasos. -Lo siento, Au.










