Carta final.
Acaso estas líneas lacrimógenas sean desechadas en cuanto la policía, alertada por algún vecino conflictuado, derribe con prisa mi puerta para hallar, entre asqueados y gozosos, mi cuerpo inerte. Sin embargo hay algo que me arroja a escribirlas; una fuerza incomprensible. Es una despedida sin destinatario. Tal vez el inconformismo ante el panorama de marco lapidario, siempre tan acotado en sus…
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