Llevaba apenas un par de días en el hospital y estaba desesperada por irse ya. Su despertada después del accidente había sido un tanto extraña pues evidentemente las cosas estaban muy confusas para la morena, si bien recordaba los rostros que veía, muchos de ellos no los asimilaba completamente, le había costado saber que estaba en el hospital y su cabeza parecía totalmente perdida y fuera del mapa pues algunos datos relevantes de su vida estaban medio mezclados y raros, pero al menos estaba con vida y lo demás podría curarse con el tiempo o eso esperaba. Sin embargo en esos días, la habitación se había llenado de flores; si había algo que la de ojos claros adoraba eran las flores, pero no estaba segura si en exceso como en ese momento que inclusive le llegaban de gente que ni recordaba aunque más que todo de parte de su familia y amigos desde España. Aún no la dejaban tener muchas visitas más que Mick, sus hijas y sus padres, pero ya poco a poco se iba sintiendo algo mejor. En esa mañana Mick decidió llevarse a las niñas a casa un rato y sus padres decidieron acompañarlo para dejarla descansar, aun así Adrianna solo quería irse a casa pues la gente del hospital se pasaba por ahí y ella tenía la cabeza toda revuelta, además las heridas de su rostro eran demasiado notorias y no le gustaban. Era pasado el medio día cuando tras volver a dormirse cuando la dejaron sola, abrió los ojos al sentir a alguien cerca de ella. Por un momento se asustó pero enseguida sonrió sin divisar aún de quién se trataba — lo siento, estoy un poco paranoica — se disculpó por el pequeño susto que le había pegado aquella persona.
Cuando Dylan escuchó la noticia de que habían encontrado a Adrianna sana y salva, al fin pudo dejar de sentir aquella opresión en el pecho que había estado intentando ignorar, pudieron haber pasado muchas cosas entre ellos, y sobre todo habían pasado mucho años, pero lo que Adrianna significaba para él era más grande que cualquier conflicto que hubieran podido tener, y vaya que habían tenido muchos.
No corrió a visitarla, como hubiera deseado hacer, no. Se contuvo por algunos días, porque sabía perfecto que no era su lugar, pues después de todo ni siquiera amigos cercanos habían logrado ser durante un corta estancia en la isla, ni siquiera sabía si ella estaría feliz de verlo y lo que menos quería era causarle más incomodidad de la que seguro ya estaba. Aquella noche por cierto impulso paso frente a la habitación de Adrianna, (habitación que había estado ignorando deliberadamente), se atrevió a medio asomarse por el vidrio para checar su estado, sin embargo las persianas estaban cerradas, respiró hondo antes de poner la mano en el picaporte de la puerta, una enfermera que pasaba le informó que la paciente estaba dormida, Dylan sólo asintió pensando que quizá era mejor así.
Entró a la habitación aun dubitativo, de inmediato su vista fue atacada con decenas de flores que se esparcían por la habitación, se sintió culpable, debí enviar flores, por supuesto, eso hacen los amigos adultos, pensó. Sus pensamientos se aclararon cuando al fin se atrevió a mirarla en la camilla, se veía mal, bien en realidad, angelical y hermosa como siempre había sido, pero las heridas en su rostro eran un reflejo del infierno que había vivido y el corazón de Dylan se encogió con dolor, no quería imaginarse por lo que había pasado, debí llamar antes, debí estar con ella, debí ayudar a buscarla¸ pensaba mientras la seguía mirando aun parado al lado cuando ella abrió los ojos lentamente. “Hey” la saludo suavemente como si aún estuviera dormida y no quisiera molestarla. “¿Cómo te sientes?” preguntó por impulso. “No tienes que contestar, soy un idiota” se apresuró a agregar, tomó asiento junto a ella. “Pensarías que todos estos años me habrían preparado para hablar contigo ahora… pero no”