Sus párpados se entornaron, Sonja adoptando una faceta casi retadora que permaneció adornando sus facciones durante un par de segundos extra de lo que había planeado con anterioridad. Su atención se desvió ligeramente al conductor molesto encargado de soltar un sinfín de insultos en dirección a quien parecía ser el culpable de la detención del tráfico, cuando claramente el chihuahua y la rubia se repartían la culpa en cantidades iguales, quizá ella mereciendo cargar con un poco más que el pobre animal que yacía en el suelo cerca de un charco pequeño que humedeció por completo el pavimento. La alemana frunció la nariz y, antes de siquiera tener la desfachatez de añadir algo más como bien estaba acostumbrada, el automóvil comenzó a moverse y la rubia no pudo hacer nada más que retroceder un par de pasos y mostrar su faceta más horrorizada. “¡Has terminado de matarlo!” pero la vibración viajaba a través de la correa que, por muy extraño que pareciera, la profesora seguía sosteniendo en una mano. Solía dramatizar de la nada misma cuando así se lo proponía. “¿Finalmente te has dado cuenta de que quien merece ser atropellado eres tú? Porque ya había llegado esa conclusión segundos antes” cruzó los brazos sobre su pecho, alzando el mentón y su principal objetivo siendo el no dejarse intimidar por absolutamente nadie. Sin saber en qué momento ocurrió, la fémina perdió el poder de la correa y ésta pronto se encontró colgando de la diminuta figura que el contrario se encargó de proteger entre sus brazos. “Quince dólares y no pienso añadirle ni un centavo más,” resopló con tintes entretenidos cuando una idea cruzó por su cabeza. Descolgó el bolso y lo colocó en la parte frontal del automóvil, pasándose las manos sobre el vestido que llevaba puesto cual si se encontrase sacudiéndose el polvo. “Ahora que lo pienso, me estarías haciendo un enorme favor,” se giró sobre sus propios pies sin moverse ni un solo centímetro. Antes de avanzar un par de pasos, volteó el rostro y le lanzó una de sus mejores sonrisas. “Las instrucciones detalladas para un excelente cuidado se encuentran en el bolso frontal,” alzó la mano en forma de despedida.
Una sonrisa carente de gracia se encargó de curvar los labios masculinos, consiguiendo borrarse al momento de pronunciar:— No sabes cuándo es mejor mantener la boca cerrada, ¿no? —porque con cada palabra sólo conseguía aumentar sus deseos por convertirla en material de trabajo. Exagerando, tal vez. Ahora era capaz de entenderse con el cachorro a un nivel espiritual, él tampoco desearía estar mucho tiempo cerca de aquella mujer y consideraría más de una vez el caminar hacia el loco tráfico si la otra opción era tolerarla por incontables horas. Estaba loca, ¿y qué sentido tenía pelear con una loca? Guardó silencio, escuchándola hablar y hablar mientras deseaba que el tembloroso y nervioso animal dejase de hacer vibrar su mano, la sensación era en verdad incómoda y le hacía desear el entregárselo de una vez para asegurarse de no tener que volver a verlos jamás. Y sin embargo, en algún momento la fémina pareció cambiar de opinión, provocando que su mirada siguiera de cerca los movimientos inesperados que parecían tener como propósito el dejarlo a cargo del pequeño animal que permanecía a salvo en una de sus manos. Sabía que "estar a salvo" no era algo que pudiese definirse como posible en su vida, ni siquiera algo que pudiese considerarse capaz de conseguir para sí mismo.— ¿Hablas en serio? Ahora comprendo, el dejarlo correr hacia los autos ha sido una estrategia para librarte del pobre animal —lo observó, aparentemente indiferente de lo que sucedía alrededor, su menudo cuerpito cediendo de aquel temblor que poco a poco parecía perder su intensidad.— Bien, ¿sabes? Me consideraría un ser cruel si le permitiera regresar contigo. Pero desde ya debes saber que no estaré dispuesto a regresártelo cuando te arrepientas —¿en verdad estaba planeando quedarse con aquel cachorro? Lo que era seguro era que no se lo entregaría a ella; lo que haría con él tendría que pensarlo de camino al sitio de encuentro con la persona que lo había hecho viajar hasta allí.














