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Soy re'pendejo para leer lo mío. #poet #StreetCam #poetacallejero #mifavorita #instagram #instamoment (en BANDINI Espacio Cultural)
La noche anterior.
Antes de discutir, estábamos frente al cuadro de esa hermosa ventana, lo único que recuerdo es tu desprecio; tus palabras tan duras e insensibles que gritaste. Al separarte de mí, grité no querer saber más de ti. Por dolor o por despecho, desee tu muerte; pero nunca creí que esto hubiese pasado. Días después no supe de ti. En esa misma tarde, me levante de la cama y me puse mis pantalones con una tranquilidad, haciéndolo tan ritual sin saber lo que me deparaba. Salí corriendo directo a tu casa y cruzando la avenida sentí un terrible dolor en mi pecho como si alguien estuviese llamándome. En ese preciso momento llenaste mis pensamientos. Un grito estruendoso a mi lado. Cuando voltee a ver al otro lado de la acera una enorme multitud rodeaba una manta blanca, me acerco temeroso y vi lo inesperado, lo que nunca quise ver con mis ojos; lo que desde ese momento me arrepiento de haberte gritado. Estabas ahí, ahí tirada en el piso totalmente ensangrentado; con tus muñecas cubiertas de vendas manchadas de sangre. En tu bolsa el estuche donde guardabas tus pastillas y la marihuana… Desesperado por tener esa caja, me adentré en la multitud para tomarte entre mis manos y plañir por tu partida. Saqué la caja, la abrí y me sorprendí al ver que estaba vacía, sólo un papel donde leí las peores líneas que marcaron mi vida:
“se cumplió lo que deseaste, he muerto, y no estuviste para ayudarme, has logrado perderme, y esta vez para siempre. Lo único que tenía que decirte en esa terrible discusión; era… ¡Felicidades vas a ser papá!”
Aun estando rodeado de esa enorme multitud, escuché cuando mi corazón caía pieza por pieza al fondo del terrible sufrimiento. El saber que ella estaba muerta no causaba tanto dolor como el haberla dejado que se fuera sin un “te quiero” (muy tarde), sin poder decirle lo mucho que la amo (más tarde aún). Me siento terrible. Iba a darme una noticia alentadora, con la que nuestra relación se haría más fuerte (Se haría) pero todo acabó, y esta vez para siempre.
Un día muy triste, me encontraba desolado y lamentando lo que pudo ser (pero no fue) en el cuarto aquél, ese en el que solíamos estar juntos; frente a mí, el cuadro aquel. Esa hermosa y enorme ventana. Girando la cabeza en torno a las ideas y lágrimas que por ti derramaba. De pronto, regreso la mirada al cuadro, ahí estaba ella. ¡Era ella!, asomándose como si supiera que estaba en su espera, como si estuviera viéndome. Entonces, decido acercarme; observo a la perfección el cuadro, y en efecto. Era ella, observándome desde aquella ventana invitándome a acompañarla.
Cerré los ojos de mi desesperación. No supe qué hacer (hasta la fecha). Tallé mi rostro confundido, de un momento a otro como un flash dentro de mi mente, advierto un cuchillo en mis manos, regreso la mirada al cuadro… Ella estaba más cerca, se veía ella con la blusa llena de sangre, igual a la última vez que la vi. Ahí tirada en el suelo, ya muerta… Caigo en el sillón desvanecido con la imagen de ella observándome desde la ventana del cuadro aquél. Caigo en un profundo y eterno coma.
Minutos después, despierto exaltado. Aún sin poder abrir los ojos; sentí un caluroso rose de mejillas que hizo una explosión dentro de mí y abrir los ojos a la velocidad de la luz.
Ahí estaba ella:
- Buenos días amor, el desayuno ya está listo -
En ese momento me sentí petrificado al saber que todo esto… Fue un terrible sueño.
#Botas #Lostfusion #Pulqueria #Hijadelosapaches #StreetCam #Photography
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Ni el demonio mismo.
No soporto el dolor que por las venas recorre mi cuerpo e intuye una destrucción mortal, el veneno es diluido con sal y desprende un brazo lacerado por el desprecio de aquella vez que no quisiste llorar. Optar a la venganza como una cría que a tu corazón perpleja.
Vago el sufrimiento convertido en gritos ahogados de pasión por entregarme a la primer persona que intenta escucharme. Como basura los arrojas a ese vacío que yace en ti, donde nadie escapa quemando el suplicio de la soledad. De pronto, la muerte acecha. Frente a ti se posa en forma de botella de licor, con aroma a cigarrillo. Frustrando su deseo de llevarte, de hacerle compañía a esa mujer de blanca alma con negros pensamientos.
Escribo pensando que al morir volvería a estar contigo, en un encuentro eterno y hacerte la vida tan infeliz que ni el mismo infierno acepte mi estadía. Los ángeles suplicarán y tus demonios llenos de verborrea, huirán de mi.
Espera... Antes de morir quería decirte que pronto estaremos juntos.
Odio nocturno.
10 de la noche y la oscuridad ilumina el recoveco más profundo de mi habitación. Las luces opacan tu vida, la mía, la de él. 3 cigarrillos y una botella de vino, enojo, tirria, odio, suplicio de una vida utópica carente de todo sentido. Las palabras pierden su significado al ser escritas, pierdes, pierdo la noción del tiempo, la vida y mi resistencia hacia ella, su resistencia. Más quiero, mas no puedo. Desdicha del más delicado sentir por la sensatez del ser que no logra ser. Letras vacías y mas huecas que su cabeza, que mi cabeza. Un ser de dos cabezas habitando la misma situación. Premoniciones mortales donde la muerte más horrorosa se hace presente. La muerte que nadie conoce, nadie llora porque está presente en vida. La muerte en persona, cerebral y natural, tu muerte, la mía. Deja de sentir silencio, grita, llora patea las paredes dentro de el mismo, de mi mismo. ¿Qué mierda está pasando? ¿El mundo está loco? ¿Por qué estoy sobrio? Quiero el poder del universo, tenerte cerca. Abrázame, abrázalo. Es tan necesario que el mundo está por caerse. Mundo, vete mucho a la mierda.
La puta y el violador.
¿Cómo es posible decir que un hombre no sufre por su mujer? Heme aquí sentado en la esquina de este bar, viendo como las chicas y los chicos se divierten, bebiendo y gritando estupideces al techo. Soy una de las personas que nadie espera, por ejemplo, el día de hoy. Recuerdo que tenía una cita, esta tarde la chica "más buena" en la oficina, se enteró que fui promovido y enseguida me invitó uno par de tragos. Tenía que negarme, como si no supiera que la golfa esa, solo me quería por mi dinero, por mi estatus o por lo que sea que yo pudiera darle. No pude. Me negué hasta el cansancio. Total, con el dinero que ahora gano, me alcanza para poder invitar tragos a esas chicas abandonadas que gozan con la primera palabra que les cantas al oído. Cada vez me convierto en el peor patán, y cómo no. La mujer que me invitó el trago, era mi esposa. Abrí mi libreta, bebí un sorbo de mezcal, y escribí: "El bar, escena más lúgubre de tu decadente amor, mi alcoholismo y diferentes personas deseosas por encontrar al amor de su vida en una copa y un colchón. Obsesionados por la seriedad, con el sentimiento de vacío dentro de sí, queriendo olvidar, desterrar y odiar aquellos que hacen daño..." Las palabras menos filosóficas se iban tatuando en mis hojas. Tuve que detenerme. Una mujer, esa mujer con cuerpo de niña. Esa cadera que al moverse provoca erecciones emocionales y la mía, era física. Estaba buenísima. No pude evitar recordar que estaría bebiendo con una igual. Para mí situación, era más que necesaria una botella entera y un par de condones para el final de la historia. Pero no, ahí estaba ella. El lugar estaba vacío, no había más que dos ebrios, a nada de caer dormidos en sus asientos, y ella; mi objetivo. Con sigilo, iba caminando hacia la barra, intentando llegar sorpresivamente por su espalda, acariciarle y conseguirle un trago. Después de todo, el patán lograría convertirse en caballero. Mirar su cabello cayendo sobre el escote en su espalda hacía que mi corazón bombeará más sangre a mi entrepierna, sentía el pantalón desgarrarse. Recordé que me gustaba escribir, una nota podría hacer la diferencia para poder acercarme a ella y leerle un par de letras, pero no. Ese no hubiera sido el plan perfecto. Me detuve detrás de esa mujer, mi respiración se hizo lenta para no sorprenderla, mientras que el tipo que sirve los tragos me seguía con su mirada acusadora. Esa mirada de voyeurista que tanto me gusta. Ser observado, ser deseado, admirado. Al fin que el ego es mi arma más poderosa para hacer servil hasta la mujer más testaruda. Me estaba viendo. Gritar, amarrarla, dormirla o drogarla y después abusar de ella, todas las imágenes al mero estilo de película corrían por mi mente mientras bajaba el cierre de mi pantalón y con mi miembro en mis manos, me le acerqué. Al fin la tomé. Pareciera que todo estuviera arreglado, todos huyeron del lugar. La fortuna que me ahorré en un cuarto de hotel. Dos dedos bastaron para cerrarle la boca, mi cerveza derramada sobre su blusa hacía ver que no usaba sostén, esos pezones oscuros que tanto había deseado ver y besar al fin eran míos, para cómo iba la cosa; la mujer forcejeaba pero con ganas de no alejarme. Me acerqué mucho más, haciéndole sentir mi hombría tras su trasero y con la otra mano buscando la ropa interior que tal vez estorbaría a mi momento de triunfo. Fácilmente, sus bragas cayeron al piso, manchando su dignidad como la zorra que era por no hacer escándalo alguno. Sabía que le gustaba. Ella quería voltear, quería conocer a su violador. No podía darle ese lujo, la incógnita hacía que la sensación por muy prohibida que fuera, era más satisfactoria. Sin embargo, con las bragas húmedas en el piso, sus senos al aíre llenos de cerveza y el lugar para nosotros solos, no pude evitar montarla en la barra y hacerme de ella. Le penetré hasta el alma, con ganas, con coraje, con sentimiento de olvido. La escena más perfecta. Ver su rostros, sabía que ella era mía, la indicada. Sí, mi esposa. Vistiéndose de prostituta y yo de violador.
Matarte debiera.
En el rincón oscuro, esa penumbra en mi ser Se escucha el deseo de tu muerte. Se acaba tu vida, se acaba lo inerte, Todo brilla color oscuro. Te odio por linda, te odio por puta. Te odio por odiarte, cuanto lo que pudiste llevarte. Si yo fuera Dios, te haría mi diosa, Aunque los angeles a diario nos visitarían Y con ello, violarte lograsen. No hay pureza en tu oscuridad, Tu mezquindad destroza, destruye, arruina. Debería matarte, debería acabarte. Hoy estoy feliz de tu partida y con ello, Poder extrañarte.
Síndrome del Rey Midas.
Como el monstruo que eres, atacas. Coraje, celos; lleno de rabia, apesumbrado, destruyes todo lo que tocas. Obsesionado con lo que eres, no dejas de ser aquello que todos rechazan. Dolor perpetrado como intravenosa que da valor a tu vida. Espacio cóncavo interno donde nada hay, nada sabe. Sumerges en desdicha a cualquiera que te despierta. Osaron despertarte y nadie quiere ocultarte; sembrado estás. ¡Calamidad humana del desprecio emocional!, todo va mal. Los ojos a tu alrededor, observan, sólo callan. Eres digno del perdón, ese que nadie te tiene. Mira, la chica del libro intenta sonreírte. Ese gesto que a todos vuelve loco, su sonrisa, la más sana, la más perfecta. Pero no es para mí, no le merezco ni siquiera un poco. La conocí a ella a mi vista era la mejor, no quería arrastrarle. Me enamoré de ella, esa sincera sonrisa que sin conocerme me ha regalado. Mira a la gente viéndote. Personas comunes arrastrándose a la diferencia social, los hace peores. Pero... Pero sólo tal vez vine a este mundo a enamorarme de las migajas que como palomas levantan lo que los otros dejan tirado en el parque, esos parques llenos de musas y extravagantes mujeres llenas de pasión y deseo. Esas que todo lo dan por un pendejo haciendo su pesar y quedando como las putas de la colonia. Era esa chica, la del metro. Sonrisa cálida y ojos brillantes. Esa que quería verse hermosa para el patan que escribe letras sobre una libreta vieja y la observa desde el asiento de frente. Sí, así sucede. Ella se enamora, y yo, de tanto sufrimiento la deshago a mi manera. La tomo del cabello y beso su ser. Sin acercarme, la miro sucumbir. Mis redes atraparon sus bragas y con brandy embriago su alma. Sólo quiero estar solo.
Nerviosa
Las ganas encienden cada momento más por llenarte de letras. Cada hora que pasa deseo más, escribirte cada sentimiento. Desde mi pecho hasta la punta de mi hombría, segundo a segundo; centímetro a centímetro. Todo sería sin razón por ti. Te busco y no estas, levantó la almohada y sólo tus calzones encontraré, la prisa que tenías por irte no te dejo vestirte bien. Nerviosa te encontrabas por la llegada de tu marido, y olvidaste que ya estabas con él. Maldita perra.
Deja.
Deja que te haga el amor, quiero escribir en tu piel y dibujar con mi semen en tu espalda. Deja que te haga mía por cada suspiro que tú me das. Espera a que el viento deje de soplar y tú comiences a gritar. Esos gritos de placer, esos gemidos con mi nombre, ese llanto de satisfacción y decir: ya no más. Estoy cada vez más cerca de ti, cada día mi mente hace acelerar mi cuerpo, mi corazón palpita y no detiene, al grado de hacerlo ensordecedor. Mucha gente sólo mira, sonríe y se mofa. Ellos se mofan de la manera en que con el rabillo del ojo izquierdo te miró y por mi pena, no puedo acercarme a ti. Desde éste lado del vagón del metro, puedo verte, imaginarte. Si pudiera hablarte, jamás escribiría éstas líneas. Gracias a ti.
Camino eterno.
Con la soledad que atenúa el camino, voy paseando sobre tu recuerdo. No espero mas que el llamado de donde me toque estar. Sí, aún te extraño. No esperes más de mí en este mundo lleno de fervor y malas costumbres. No puedo hacer ya más por ti. Aunque así quisiera. Aunque así quisiera.
Amiga, estoy perdido.
Rotundamente perdido, pasó lo que tanto miedo tenía, y ahora no se como salir de ello. He buscado donde siempre solía encontrar las respuestas, he implorado por una de ellas, estoy perdido. Me enamoré otra vez, creí que era una más, pero desde un principio supe que me llamaba más la atención de lo normal... Le hablé, y aunque no me dijo mucho, esa misma tarde le escribí. Me drogué, bebí y me emborraché, perdí... Ya era tarde, es un completo sacrilegio y por cierto muy absurdo, no puedes enamorarte de alguien tres años menor sólo con haber visto el color de sus ojos, y haber escuchado la frialdad de sus palabras. Se llama Fany, es de pedagogía y es de primero... No sé cómo pasó, antes de hablarle tenía tres relaciones pasajeras que me daban lo que quería. Le hablé, me atrapo y esa misma semana mande al diablo a todas... No pude entrar en su vida de la manera que quería. Me volví un loco irracional, acabó con todas mis expectativas en dos palabras, perdí, yo no quería enamorarme y menos así, no de esta manera. No sé cómo pueda cambiar el rumbo, estoy desesperado porque no puedo entrar en su vida y no quiero sentir esto. Han pasado situaciones que me hacen pensar que en definitiva no va estar conmigo, que no quiere estar conmigo. Pero luego pienso y pienso. Estoy perdido, porque el deseo de buscarla y la necesidad de escribirle es horrible. Es cuando sé que ya fui, que le escribo y la inmortalizo en dos pedazos de papel pues sin ser nada ya es todo y ahora es importante. ¿Cómo cambio el rumbo? ¿Cómo escapo si salir herido? ¿Qué es peor? Enamorarse de una bailarina de ballet o que un cuenta historias como yo, intente enmorar a la bailarina de ballet. Estoy jodido por donde le veas... (Recordando épocas universitarias).
Cabello rojo.
Su larga cabellera roja combina con el carmín de sus labios, pero parece combinar más con los rayos del sol. Parece que le da vida a todo lo que cruza con su caminar, si ella misma quisiera. La tuve de frente, el solo ver cómo el espejo en el que se maquilla la observaba, me hacía sentir frustrado. Cualquiera se enamoraría. ¿Por qué no tengo el valor de sólo decir "hola"? ¿Por qué no puedo preguntar su nombre? Algunas veces siento que mi orgullo no está para pendejadas, mucho menos para recibir un 'no', como respuesta. -Hola, ¿cómo te llamas? (...), vaya nunca había escuchado un nombre tan bonito como el tuyo. Claro, yo sé que te gusto y por ello cruzábamos miradas como dos perros con sed de amor... ¿Lo ven? No puedo llegar y cortejar a una chica con tremendas y sutiles frases. Platón, Tasso y Séneca estarían divirtiéndose con la sarta de pendejadas que pienso. El destino es así, tal vez no sólo conmigo. Pero va de acuerdo que le gusta patearme las bolas y arrancarme diez gramos de valor, para comenzar una charla con esa chica... La chica de la larga cabellera roja.
El segundo café, a medias.
“Los desayunos con usted, son muy peligrosos” -Citó ella, al abrocharse el sostén.
Era de día, la mañana estaba lista para su elaborado plan. Mirarla como venía desde lo lejos, era para él; ese canto celestial, como ir a misa los Domingos. Pero sin moralidad, esa que tanto enferma. Pues todo estaba listo, pareciendo que de verdad, hubiese elaborado un plan.
Recién el reloj marcaba las 8:45 am, se veía a él observando el reloj, como si le importara que ella estuviera de regreso a la hora que anticipó.
“Nadie mejor que él, para envolverte con palabras, escupiendo cada frase, a fin de hacerla sentir segura”.
Primera taza y sin que ella lo esperará, la besó. Tocó sus manos y acarició su cabello. Despertar con esa risa nerviosa de saber que ya la tiene. Ya es hora de hacerle saber que la desea. De un salto, ya la tiene entre sus manos, a ella le gusta, no pone resistencia. Él se hace el difícil, haciéndola creer que no era el momento, le da una nalgada como marcando territorio. A ella le gusta…
Tan tranquilos, sentados bebiendo su café.La misma risa nerviosa se hace presente, pero ésta vez haciendo ver sus ansias por el momento en que él arranque su ropa y la lleve hasta su cama. Mirando por el rabillo del ojo, nota cada segundo su sensual gesto de morderse los labios y este sonríe…
Se repite el proceso, -¿Te sirvo más café?, expresa él. Como si de verdad eso fuera lo que quería decir. Mientras por su mente cada letra escribía; “desnúdate, ya quiero verte”. El plan estaba listo, ella sorbe el primer trago de la taza de café, él sólo le miraba, como los leones cuando observan a su presa. El más ligero movimiento de sus manos le incita a besarla, abrazarla con una mano, mientras la otra hacía lo suyo con sus piernas, sí, su entrepierna. Como hoja de papel, tal cual; recorren la distancia que hay entre el comedor y su recámara. La toma del brazo y cierra la puerta para no sufrir interrupciones, y con ello, hacerla suya.
Era el momento, se besan. El candor de sus largos y fuertes brazos, la hacen bailar al ritmo que él quiere. Su cuerpo es pequeño, con esa sensualidad que los “treinta y tantos”, ella sólo podría tener. Él está extasiado, besándola y acariciando su baja espalda. Siente una erección a nada de rasgar el pantalón. Era cuidadoso de sus movimientos, todo estaba listo; nada tenía que arruinarlo. Ella cedió… Mientras que con su larga bufanda ataba sus brazos, no dejaba de mirarle ese pronunciado trasero, seguido de dos grandes y bien torneadas piernas. La hacía sentirse deseada, pues así era. La deseaba.
Embriagados de placer, del inicio de esa segunda taza de café, por dejarse llevar. Respira en su cuello al mismo tiempo que recoge su cabello y moviéndola al ritmo y dirección que él deseaba, que más le apetecía. La música de fondo, era la correcta. (Serpiente – Saltapatrás). Se escuchaba el celular que colocó discretamente en la mesa para retomar fuerzas y hacer con ella lo que tanto deseaba.
Sus pechos, hermosos ojos de la luna; tan redondos y frente a él que casi no lo creía. Su abdomen, tan plano como los desiertos que el viento hace recorrer hasta su monte de Venus, y es ahí donde está. Besando y acariciando sobre el pantalón lo que podía de su entrepierna. Con vista maliciosa, sonreía de verla gozando. Gozando con ese miedo culposo, lleno de gusto por su satisfacción. Al fin sucedió. Ella ya estaba siendo de él, para él… En un segundo, siente como sus pequeñas manos tocan su espalda. Es ahí donde Eduardo, sintiéndose victorioso, afloja el cuerpo y cae de espaldas… Era tiempo de irse.
Entre charlas, besos y caricias; en el reloj ya marcaban las 10:15. Bebe de un trago lo que queda de su café, coloca su bolso bajo el brazo, y sin más, ella dice:
-“Los desayunos con usted, son muy peligrosos. Pasas por mí antes de las 8, te veo luego…”
Él, petrificado, sólo sonríe y la acompaña hasta la puerta de la entrada para así confirmar, lo tanto que le gusta esa mujer…