Nos conocimos de la forma más inesperada, o bueno, actualmente de la más rara ya que en ese sitio uno no suele encontrar a esta clase de personas. No era feo y aunque no podían apreciarse con claridad todas sus facciones había algo en él que me llamó la atención. Todo empezó con un simple saludo, ese “Hola” que desencadeno todo. ¿Qué tenía de particular? Hasta la fecha me lo pregunto, por qué él, por qué de todas las personas con las que pude coincidir, él. Tal vez era su forma de hablar, o la frecuencia con la que lo hacía. Definitivamente fueron sus gustos musicales, nunca había conocido a alguien con unos tan buenos o más bien que conociera y disfrutara de la música de mi amado Hunter Haynes. Él hablaba de cuán diferente era, de su odio a la gente, de preferir actividades al aire libre a una noche de fiesta, de sus gustos, todo. Al principio sólo cría que era algo intenso pero al mismo tiempo podía mover algo dentro de mí y peor aún empezó a mal acostumbrarme a que fuera alguien presente en mi día a día. No logramos vernos mientras yo estaba en su ciudad y en un momento de impulso creo en mi la necesidad de querer verlo. Lo invité a visitarme a mi ciudad, aceptó y compró el vuelo para hacerlo. No negare que un par de minutos después de ver el recibo de compra, algo dentro de mi colapso, no puedo decir con certeza si para bien, mal o peor, sólo pensé en algo que justo discutía con un buen amigo “sé hacer que la gente haga lo que quiero”. Comenzamos a aumentar la frecuencia con la que hablábamos y la confianza crecía y crecía. Desarrolle sentimientos por él. Fue difícil, la verdad no quería apegarme a alguien que vive en otra ciudad, ya he tenido suficientes malas experiencias por lo mismo y arriesgarme a salir con el corazón roto una vez más no era algo que estuviera dentro de mis metas de este año. Hablábamos diario y todo el tiempo, necesitaba contarle mi día y cada que algo me pasaba él era el primero en enterarse, mis amigos y familia alucinaban que no soltara el celular, pero sentía que él me entendía perfecto, que apreciaba mis locuras e incluso disfrutaba hablando conmigo. Él ama el alpinismo, encuentra una paz mágica en el exterior y la lejanía de la gente. Me encanta. Sabe cuánto amo las flores, llevo flores a una de sus excursiones y me envío un vídeo de ellas con mi canción favorita. Movió algo muy fuerte dentro de mí. No me gusta admitirlo pero soy una persona sumamente insegura, con un humor tan negro y agrio como él solo, tengo miedos estúpidos y confío ciegamente en las personas. Tengo un carácter muy complicado y soy difícil de tratar. Amo los exteriores y el tiempo conmigo misma. Al fin llego el día y vino a mi ciudad, cabe aclarar que antes de esto tuvimos ciertos inconvenientes en lo que definíamos que esperábamos del otro y de la indefinida relación que llevábamos. Llegó el día, 4 de febrero de 2016. ¿La cita? Galerías Insurgentes 1:30pm. Salí corriendo de clase ya que justo ese día el Dr. Decidió tardar ligeramente más en terminarla (12 minutos para ser exactos). Disparada y llena de adrenalina llegue al lugar correspondiente antes que él, me senté a esperar en una banca cercana a la entrada de la plaza citada, típico, saque mi celular y me puse a escribir sobre lo ansiosa que estaba. De la nada recibí un beso en la mejilla ¡dios! Se me fue el color de la cara y no estaba segura si soltarle una cacheta o regresarle el beso a quien me lo hubiera dado. El hombre notó mi pánico y se presentó, era él, ese muchacho con quien tanto había hablado hasta la fecha, aquí estaba, parado frente a mi dándome un beso. ¿Acaso puedo pedir un momento más espontáneo y perfecto? Caminamos a mi casa y hablamos de su vuelo, la verdad es que fue todo un thrill ya que había neblina y no era seguro que mis padres partieran, retrasaron todos los vuelos n cantidad de horas y mi pánico crecía conforme él me avisaba que llegaba a la ciudad y mis padres que ellos aún no partían. En casa lo presenté como un amigo a la chica del aseo, claro que con la maleta que traía era evidente que mi amigo no venía como visita de entrada y salida. Yo tenía clases por la tarde así que confiando plenamente en él, le deje llaves de mi casa y partí. Antes de hacer esto le robe el primer beso en la boca, fue en mi cuarto poco antes de irme. Nunca explicare la gloria que se sintió al hacer eso, me moría por hacerlo desde hace tiempo aunque tal vez no lo hice con toda la pasión que llevaba dentro. Quizá se debió a nuestro extraño encuentro y que mi confianza no podía ser plena aún. Al regresar de la escuela él insistió en que le avisara por donde iba ya que me tenía preparada una “sorpresa” y vaya que lo fue. Llegué a mi casa alrededor de las 8 p.m. y todo estaba apagado, entre y había un camino de rosas las cuales debía seguir (ya sé suena irreal, o a película pero puedo presumir que me pasó a mi); seguí el camino que guiaba hacia la sala del 2º piso, ahí se escuchaba mi canción favorita “Wanted” la cual él ya me había dedicado antes. Y ¡pum! Ahí estaba él, vestido con jeans y una camisa color guinda (si supiera cuánto amo ese color en camisas) algo desabotonada, en la mesa del centro un corazón formado con velas y una caja misteriosa a lado; una cena preparada por él que desde lejos se veía bastante apetecible (lasagña, carne, sangría y helado de vino tinto –mi favorito-). Me mató, era lo más bonito que ningún hombre había y tal vez hará por mí. Me sentí en las nubes en ese momento, la verdad esperaba esa pregunta del ¿quieres ser mi novia? La cual no llegó en toda la noche, pero la verdad no me importó, todo fue perfecto, la caja misteriosa contenía un arreglo de flores rosadas y blancas hermosas. Por un momento muy loco pensé que de verdad al fin alguien me quería de verdad, alguien quería esforzarse por mí, que le importaba a alguien. Para una psicópata medio depresiva como yo, esto no pasa a diario. Toco algo dentro de mí que iba mucho más allá que un vil enamoramiento fisiológico que acabaría en un par de meses. Nunca podré decir a ciencia cierta si las almas gemelas existen, creo en la idea planteada por algunos autores de qué todos tenemos un alma universal y ésta nos conecta; sin embargo somos partes de un mismo corazón el cuál con el paso del tiempo se ha ido dividiendo y esparcido, y que al menos 1 vez en la vida debemos encontrarnos con esa parte faltante. Y así me sentí, sentí esa conexión, ese reencuentro, ese querer proteger a alguien porque a la vez es parte de ti mismo. No puedo explicarlo pero fue una sensación extraordinaria. Sacudió mi mundo por completo, tenía examen al día siguiente para el cuál ni siquiera intenté estudiar. Fue la primera vez que dormimos juntos, amo está cita de Milan Kundera “El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.” De verdad quería dormir con él, sentir su cuerpo abrazado al mío, su calor siendo transferido al mío y su olor ¡ah! Amo su olor, creo que la felicidad absoluta sólo la he sentido contadas veces, ésta fue una de esas, esa sensación de paz y bienestar que sólo Notre Dame me había dado hace 2 años, ahora la sentía aquí conmigo, abrazándome y permitiéndome acurrucarme con él. Según Buda esa es la sensación que debe darte el amor, paz. No puedo evitar sonreír al recordar esa noche, creo que esos sueños que nunca te habías atrevido a tener se estaban volviendo realidad y de la forma más hermosa posible. Al fin mi cabeza acepto cuán real era esto. Que él podría ser la excepción a toda regla y barrera que mi corazón había construido respecto al amor. ¿Será?