Pandémico;
Pandémico;
Durante una mañana él estaba de frente al espejo con un mejor de ánimo que ayer, se miró un par de minutos. Miro sus propias cejas, fijó vista unos segundos en la cicatriz de la derecha, miro un poco pero no mucho tiempo sus labios gruesos, se observó la nariz, con un par de puntos negros, se llevó pequeñas cachetadas en ambas mejías pensando; estoy vivo, aún estoy vivo. Con mucho entretenimiento miro el nacimiento del bello facial y miro un cabello más grueso que otro. Luego sin mucha intención se apoyó contra el lavamanos, se observó directamente a los ojos, y con mucho castigo se dijo; en realidad soy infeliz, realmente me cuesta lo doble.
Afuera había pasado ya tres meses quizás cuadro. Él se había quedado en un trance dentro de una nebulosa de cuatro por doce metros, atrapado en una confusión constante. Quizás por dentro había una semana o dos. El tiempo se había detenido, un día consumía al otro, y el otro al próximo al otro y así sucesivamente. Unas veces llovía y otras veces hacia un calor del carajo. Afuera habitaba entre nosotros los humanos un virus mortal, que la titularon de una forma abstracta ¨La pandemia del COVID 2019¨ que en vez de ayudar los gobernantes nos geminaban miedo paranoico. Hacia correr a las personas de aquí para allá para abastecer de comida y hasta de papel higiénico, hablaban mucho, pero nada en concreto. Todos decían saber, pero nadie sabía nada.
Unos cuantos, en una ciudad detenida se detuvieron a pensar... a pensar en su vida, en objetivos, prioridades y otros tantos a pensar y a reencontrarse con sus fantasmas, miedos y resentimientos. Por las noticias resaltaba en sus titulares el respiro que tuvo el planeta tierra en el tiempo ¨pandemia¨ avisaban de vistas de animales supuestamente ya extintos, de aguas más claras en puerto marítimos, en pureza de aire y hasta los cantares más alegre de los pájaros.
Él había escrito durante todo ese tiempo un poemario para su querida, se levantó con ese impulso y lo logro hasta agotar palabras. Se dijo a sí mismo con una niñez ingenua; quizás un día ella lo pueda leer y me ame. Pero él sabía en un trasfondo que eso no iba a suceder.
Unos cuantos desaparecidos aparecieron diciendo ¨Cuídate mucho, es un gusto saludarte, cuida a tu familia, saludos¨ él de vez en cuando les escribía animando y empoderando a otros.
¿De dónde sacaba tal cosa? Nunca lo entendió, pero era bueno para hacerlo. Metafóricamente lo veía que era como otra persona que vivía en él. La buena, la integra, la que encontraba lo positivo a todo. Todo lo contrario, a él.
¿El cigarro? El cigarro lo había dejado hace mucho tiempo por un frio que invadía sus pulmones y que en una visita al médico llegaron a la conclusión que tenía una cosa llamada; estrangulamiento pulmonar.
¿El alcohol? Había bebido hasta lo imbebible, perdido hasta lo imperdible... pero seguía puntual a sus compromisos laborales.
¿Soñar? No, eso sí, soñaba como loco todo el tiempo, con los ojos los abiertos y muchas veces con los ojos cerrados, soñaba con despertarse entre los brazos de ella, bailar con ella, comer con ella y recitar para ella...la ingenuidad de los poetas siempre se replica en la mente.
Esa mañana era el comienzo de la normalización escalada, de la reactivación económica, y con una regla que era como el décimo primer mandamiento ¨uso obligatorio de mascarilla¨ unos cuantos, pero nada más unos cuantos marginados, buscaba y generaban teorías conspirativas, otro tantos usaban la mascarilla debajo de la boca, otros debajo de la nariz cubriendo la boca... y otros desafortunados usaron la misma mascarilla para toda la cuarentena.
Él en esa mañana después del enfrentamiento consigo mismo, de desconocerse y conocerse, del examinarse con excesivo pulso, se rasuró y decidió empezar... decidió empezar de nuevo en lo que más le gustaba hacer, que era escribir. Bueno, no es que lo haya dejado de hacer, pero coincidió durante esa mañana, lo que realmente lo mataba no estaba afuera de el. Estaba dentro de él.
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