kxsparr:
Aquel tono de voz, que claramente no pertenecía al molesto guardia que le acompañaba, le hizo voltearse instintivamente. Era una voz que reconocía y que, francamente, no esperaba encontrar en este lugar. Sin embargo, era una grata sorpresa; cualquier relación que implicaba a un miembro que no pertenecía a la realeza o nobleza, le resultaba mucho más interesante, sin mencionar que la actitud de la chica le agradaba. Pese a todo esto, el guardia que les observa de cerca no duda en soltar palabras ‘Señorita, este hombre es un traidor a la corona, no recomendaría acercarse a él.’, Kaspar solo suelta un bufido frente a tales explicaciones, retomando su mirada hacia la danesa. “Bueno, creo que esa es la explicación más lógica de porqué me tienen así.” Señala encogiéndose de hombros, pero no pierde oportunidad de bromear con la chica. “Pero supongo que también está el hecho de que soy malo en las pijamadas. Se quejan de que soy muy ruidoso.” Un chiste que cierra con un guiño de su ojo.
Descaradamente se llevó una mano a la frente y realizó una especie de saludo militar como única respuesta a la advertencia emitida por el guardia. Ciertamente habían varios de esos hombres uniformados alrededor del campamento, pero ninguno con tanto interés de mantenerse cerca de algún sujeto. “¿Qué mierda hiciste para que te llamen traidor a la corona?” Enfatizó en el apelativo utilizado por el guardia y no pudo evitar repetirlas nuevamente, esta vez acompañándolas de una risa sonora, y hasta de algún aplauso. “¿Siempre es así de dramático? Espera … ¡Ni siquiera sabía que estabas vinculado a la corona!” Añadió la danesa sacudiendo la cabeza; puesto a que haciendo revisión rápida a todos los recuerdos que tenía del muchacho, en todos llevaba el clásico delantal negro que lo señalaba como empleado del bar. “Ah, y un consejo: si quieres dejar de ser ruidoso por las noches, deberías dejar de comer sobras y cosas en mal estado.” Añadió con una mueca. “Pero en realidad, más que tus problemas gástricos, me sigue interesando saber qué mierda hiciste para que te manden a la esquina de la vergüenza.” Insistió; no se sentía ajena al sentimiento de ser tachado como una mala influencia, una revoltosa, mujer de dudosa moral y hasta “un daño para las futuras generaciones”.













