El Guerrero es un explorador de toda posibilidad, de toda experiencia, de todo itinerario.
Su curiosidad es muy viva, aunque no compulsiva; todo mira, de todo aprende, a todo le saca inspiración…de ahí que nunca haya lugar para el aburrimiento, mucho menos para la timidez y el ánimo indiferente.
En ese explorar consume mucha energía, pero aprende a renovarla acumulando energía y haciendo uso de todos sus recursos.
Cuando se siente débil se conecta con la fuente primordial, de ella toma su fuerza, su coraje sereno, su intrepidez para penetrar en universos vedados para el ser humano común.
Él es un instrumento de esa fuente primordial, es humilde pensando que solo es una mota de polvo en los vastos universos, pero se tonifica sintiendo que esa mota forma parte de esa fuente primordial, sabiéndose instrumento de un poder superior a él.
No se identifica con la acción ni mucho menos con los resultados de la misma, pero procede con toda su destreza y hace lo mejor que puede en cualquier momento.
Participa sin participar, no se entrega a desconcertantes aprehensiones, no se deja desbordar por la inquietud, no se lamenta, no se auto-compadece, no abre los portones de la duda por la duda.
Confía en su energía de criatura viviente, y si sus esfuerzos están a punto de agotarse, se refugia en su corazón y en su cueva, escucha la voz que sabe y le infunde nuevos ánimos.
Así el Guerrero recupera su espíritu virtuoso, que es su mayor tesoro, su más espléndida riqueza.











