Soy la novia que se manchó de sangre 2 veces.
Siento como si te odiara.
Haz intentado volver a humillarme, querías volver a verme rota, llorando y sufriendo.
Esta vez no estaba dispuesta a detenerte si te ibas. Ni a quedarme más de 5 minutos. Ni a hablar si no es necesario. Quería cortar todo de raíz porque así el dolor es fuerte pero sólo una vez.
Tú no me dejaste. Pude ver tu cara de contento cambiar a una seriedad entristecida cuando te hablé de que la notaria ya abrió. Admito que me sorprendió tu reacción. Esperaba que dijeras Ya listo, cuándo firmo?!
Y no te entiendo. Yo sólo pienso en todos mis llantos y humillaciones que pasé por creerme la domadora de infieles; y eso me es motivación suficiente para firmar el divorcio.
Luego te abalanzaste sobre mí y empezaste a querer bromear conmigo, como si nunca hubiera estado desangrandome mientras tú rajabas de mí a una recién puberta para que no se te escape. En tu cabeza eso nunca pasó o te importó una mierda. Sólo me abrazaste esperando que te corresponda y me preguntaste si yo regresaría contigo, me tocaste la mano mandando al carajo el coronavirus y el protocolo de seguridad, te acercabas lentamente como quien estudia a su presa, y me dijiste que no me vaya tan rápido, que querías acompañarme todo el camino a casa pero...PARA! NO! Te confundes conmigo. Fui tu esposa, y a alguien que se vistió de blanco para ti no puedes pretender hacerla sentir una cualquiera.
Comprobe que así eres tú:
- Casi 30 años y aún en tu mera inmadurez.
- Tu especialidad es clavar un cuchillo por la espalda.
- Si tuvieras sed aceptarías agua de tu enemigo porque mandas al carajo la moral y la ética por saciar lo que te conviene.
- Y tu gusto por bajarle las bragas a mocosas 10 años menores que tú.
- La caballerosidad es sólo uno de tus personajes que te lo creerán quienes no te conocen (para mi suerte).
Me aguanté las ganas de vomitarte encima de la rabia y me fui sin despedirme, es la mejor manera que tengo de decir Adiós.