MI EXPERIENCIA EN TERAPIA CON UN MACHISTA
Estuve en proceso terapéutico con un hombre en el que confiaba mucho y en el que deposité mucho de mi, desde el 2014 hasta el 2022. Lo dejé porque por fin le hice caso a mi intuición y mi mejor amiga me ayudó a ver que lo que hacía este tipo (porque no puedo llamarlo de otra forma) estaba mal.
Lo conocí mientras estudiaba la especialidad en gestalt infantil y adolescente, fue mi maestro y como buena alumna me deslumbró su conocimiento, sus técnicas para indagar en la psique de los pacientes y algo me daba confianza, así que lo elegí como mi terapeuta. Recuerdo bien el día en que le llamé para concertar la cita, estaba muy nerviosa, en ese tiempo sentía que algo no estaba bien conmigo y con mi vida, y así comencé el viaje de autoconocimiento de la mano de un hombre machista.
No digo que no me sirvió estar con él en terapia. Me reconocí, recuperé mi autenticidad a cuestionar cómo quería que fuera mi vida, a quien quería tener a mi lado como pareja, mi autoestima subió y con ello los cambios comenzaron a verse en mi trabajo, en mi matrimonio. Identifique al hombre agresivo con el que me había casado y las heridas de la infancia que me habían llevado hasta ahí. Pero también hubo muchas cosas dentro de la terapia que mi brújula interna me decía: esto no.
En ese tiempo yo no veía las señales de alerta que de repente comenzaron a aparecer en las sesiones… ahora las identificó perfecto. La primera fue aquel comentario que me hizo cuando recordó la primera vez que me vio en clase: ¡Wow! Yo quiero una de esas”, me causó extrañeza pero no le presté atención, era mi primer sesión y yo iba inmersa en mis problemas. Al cabo del tiempo, comenzó a incluir en mis momentos de terapia lo que sucedía con la relación que él tenía con la que fuera mi amiga en ese entonces, psicóloga también, aproximadamente 10 años menor que él. Dejé la terapia porque no sabía cómo decirle lo que me incomodaba de la misma. En mi vida, yo había aprendido a no hablar de las cosas que me molestaban, incomodaban o hacían sentir mal, me aguantaba o me iba, así que me fui.
Deje de ir con él aproximadamente 3 años, durante este tiempo asistí con otra maestra, regresé cuando se terminó la relación que tenía en ese momento, yo estaba muy mal, dos duelos no trabajados por el fin de mi matrimonio y ahora de esta relación. De nuevo dejé la terapia, esta vez no recuerdo por qué.
Yo quería volver a terapia, pero no quería ir con él, algo en mi adentro me decía que tenía que cambiar, pero no sabía hacía donde irme. Volví a terapia con él porque una vez me lo tope en uno de los círculos de mujeres a los que su pareja (mi amiga en ese entonces) me había invitado. De nuevo, volví, aunque más que por ganas, por compromiso y necesidad y a partir de ahí no lo solté hasta el 2022.
Sentía una dependencia enorme, me daba miedo hacer cosas en mi vida personal porque siempre me decía: “me va a meter una cagada este tipo”, aunque yo quisiera hacer las cosas, me sentía culpable. En la terapia era muy frecuente que me hablara de la maternidad, de cómo no iba a dejar una huella mía en el mundo a través de un ser humano, la insistencia en trabajar ese tema me llevó en un tiempo a instalar la idea de que si quería ser mamá. En relación a mi deseo de aprender a construir una relación en pareja distinta a lo que yo ya conocía, él me frenaba mucho, dándome a entender que las cosas tenía que hacerlas “bien”, con los pasos convencionales para las parejas.En el tema familiar era muy incisivo en sus comentarios, en que tenía que dejar de ver a mi familia, desapegarme en todos los sentidos y yo sabía que sí, pero no de la forma en que él me lo hacía ver.
Ahora alcanzo a ver este vínculo de dependencia que tenía con él, sentía que no lo podía dejar, que él me había rescatado, pero no era así, yo me sentía en un hoyo, preguntándome si tenía algo pero nunca fui capaz de decirle lo que estaba sintiendo, sentía que me comía.
Cuando por fin lo dejé, yo había salido de viaje con mi actual pareja, esa vez viví una de las experiencias más bonitas: subí el nevado de colima. Al llegar a nuestro destino, observar aquel paisaje y sentir el silencio en lo más profundo de mi, tuve muchas ganas de llorar y así lo hice. Lloré porque a pesar del pronóstico lo subí, porque haber alcanzado mi objetivo me hizo sentir que podía con todo, lloré porque el silencio fue abrumador en mi interior, porque sentí la compañía de la montaña y de los árboles, porque me sentí tan cerquita de mi.
A los días tuve terapia con este tipo y le conté mi experiencia y su comentario fue: ¿Qué onda con las mujeres que por todo lloran? ¿Crees que un hombre va a querer volver a salir con una mujer así de sensible?, me quedé callada, no tuve palabras para responderle pero me cimbró todo mi interior.
Mi brújula interna gritaba: ¡VETE DE AHÍ! Comencé a hacerme muchas preguntas: ¿Cómo era posible que el terapeuta que me había ayudado a reencontrarme conmigo misma, a descubrir que soy una persona sensible me hubiera dicho eso?, no sentía que yo estuviera mal, lo platique, lo hablé con mi mejor amiga y ella me ayudó a ver lo que estaba haciendo este tipo: un psicólogo debe ser un lugar seguro. Así que me fui nuevamente, esta vez sí me despedí.
Al mes comencé terapia con la que es mi actual terapeuta. En la primera sesión me dijo: estás deprimida y entonces comenzaron a revelarse muchos síntomas, comencé a revisar y comprender desde otra óptica las conductas, pensamientos y emociones que había experimentado durante mucho tiempo y todo cobró sentido. Comencé también a ver el proceso que lleve con este tipo, sentí enojo por haber estado tanto tiempo dependiendo de él, por haberme dejado llevar, me compadecí de mí y de mi dolor y entendí que esa, fue una relación más en donde buscaba sanar esas heridas emocionales que surgieron en mi infancia.
Haber vivido esta experiencia también me reafirmo lo que siempre he sabido: antes que ser un profesionista de la salud, somos seres humanos tratando con otr@ ser humano y si no estamos atent@s a nuestra vida interior (llámese apegos, heridas, traumas, proyecciones, etc) inevitablemente estas van a impactar en el proceso de pacientes, alumnos o a quien sea que esté acompañando.
Ahora reviso esa etapa de mi vida y aunque si me duele, agradezco mucho lo que aprendí, lo que ví y viví, porque en este momento, con más fuerza y conocimiento puedo afrontar y hacerme responsable de mi vida, con todo y todo, luz, sombra, experiencias agradables y desagradables, con lo única y auténtica que soy.
8M 💜🌸
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