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lindzcn:
Desde el momento en que vio la manera en que la menor arrojaba el libro y luego este formaba el arco perfecto directo a la multitud que se alejaba, supo que no había manera en que aquello fuera a terminar bien. Ahogó una risa cuando el libro por fin aterrizo en la cabeza de otro alumno, escuchó ‘plopf’, un gruñido, susurros de preocupación y finalmente un puñado de risitas. -Fue un buen tiro- le aseguro a la contraria, acercándose desde atrás, con una sonrisa en los labios, aun con ganas de reír -La mejor forma para comenzar el año es eliminando a la competencia, claro- y, sin poder seguir aguantando, echó otra risa.
Abrió los ojos con cautela y se encontró con el rostro enojado de un estudiante a la distancia. Freya hizo lo que siempre hacía cuando algo no salía bien: se hacía la desentendida y la que no había visto nada, así que se dispuso a perderse entre la multitud cuando oyó las carcajadas de otra chica que al parecer no le importaba dejarla al descubierto. “Shhhh” se apresuró en decir y corrió hacia la chica para taparla de la vista de la víctima. Estuvo a punto de llevar un dedo a los labios de la chica para que dejara de reír, pero se contuvo y la miró con preocupación. “Por favor, no me delates, no quiero pasar otro año en la cárcel”.
aidnvge:
Usual la velocidad impuesta en los pasos, como quien sigue un ritmo apurado y siempre está llegando tarde a algún lado. Reflejos involuntarios, de inercia son los que hacen mover el cráneo ligeramente a la derecha, esquivando el proyectil proveniente desde atrás, casi tocando la oreja, casi siendo maldición. “¿Qué carajo?” sílabas articuladas mientras se gira en dirección a la encargada de aquel acto sorpresa “¿No te han enseñado a nunca tirar con los ojos cerrados, huh? Podías lastimar a alguien”
“¿No?” respondió fingiendo inocencia. Se acercó de todas formas y se agachó para recoger el libro. “No quería lastimar a nadie” comenzó a explicar. “Solo quería alcanzar a ese chico” y dicho eso, apuntó con descaro a la espalda de un chico alto que se alejaba y que se perdía con la multitud.
alexandra--webb:
Se volteó hacia la muchacha cuando escuchó la voz, iba a preguntarle a qué se refería, pero no vio venir el libro en dirección a ella. Tuvo que acuclillarse para esquivarlo, pero terminó sonriendo, divertida por las acciones ajenas. “¿Qué clase de conspiración es esa?” bromeó, al mismo tiempo que recogía el libro. “Marcaré el hoy como el día en que casi me mató una obra de Roald Dahl,” dijo, refiriéndose al libro.
Freya no pudo evitar ante las palabras de la chica e intentó ocultar su risa detrás de las manos, pero ya había sido bastante obvia. “Roald estaría encantado” bromeó y se acercó a paso seguro. “Lamento eso, pero quería devolvérselo a ese chico que... ya se fue” dijo ahora que se ponía a mirar en la dirección que el otro se había marchado.
ingeniumx:
Lo último que espera es sentir un golpe a su espalda justo cuando está tomando rumbo hacia su destino. Con obvia sorpresa en su rostro, Bailey da media vuelta y se encuentra con con su libro de tipografías en el suelo y el rostro de quién parece haberlo aventado hasta él. “¡Ah…!” Exclama al tomar el libro del piso. “¿Has sido tú la del libro?”
“¡Tu libro!” exclama a modo de respuesta. Un par de personas se giran para ver de qué se trata el alboroto, pero Freya comienza a caminar como si no hubiese pasado nada. “Casi se te queda el libro” repitió ahora con una sonrisa. “Lamento habértelo tirado, tengo complejo de spiderman”.
shervll:
Justo iba cruzando el pasillo cuando vio volar aquellibro, así que retrocedió atemorizada de inmediato y al esperar un par desegundos salió para ver que era realmente lo que estaba ocurriendo, la idea deque los libros en aquella universidad tenían vida propia estaba más quedescartada… “¿Tú lo has lanzado?” pregunto a la única y menudita chica que estaba en medio del camino
Abrió la boca para responder, pero la cerró al darse cuenta de que no tenía una buena excusa salvo su odio por la actividad física, en especial si esta implicaba correr. “¿Me creerías si te dijera que fue un alien? Están en todos lados” contestó con todos los signos de culpabilidad en el rostro. “¡Juro que no era para ti! ¿Estás bien? ¿No te hice daño, verdad?”.
weslev:
“Disculpa acep…” iba a mirar aquella parte de su pantalón pero no era el lugar y mucho menos iba a caer en la broma, no señor. Chasqueo la lengua “Buen intento, pero NO caeré” negó y sin autorización despeino a la contraria, a quien le llevaba por mucho unos 10 cm o un poco más
Se quedó con la boca abierta para protestar y con todo el cabello sobre los ojos. “No quiero volver a apuntar allí, pero lo digo en serio” repitió, y es que si ahora no le creía, no iba a insistir más, tampoco quería que le preguntaran cómo es que se había dado cuenta.
alekpark:
Le habían dicho exactamente 278 veces que se limitara a portar el balón únicamente en la cancha, no por todo el campus ¿y qué hacia? Ignoraba completamente a los directivos y continuaba con su hábito. El balón botaba mientras el jugador avanzaba por el pasillo, realmente no esperaba ser atacado con un libro —¿y quien si?— pero como pudo sus reflejos se las arreglaron para dejar ir el balón y golpear el libro con el brazo ❛ ¡Ah soy un puto ninja! ❜ victoreo adjuntando con una ello una pose digna de una película de acción antes de inclinarse para tomar el libro ❛ wow sabia que aquí enseñaban de todo pero ¿el kamasutra? ❜
Al final, terminó corriendo igual. Aunque ahora para acercarse al chico al que había atacado. Había perdido una vez más contra la actividad física y suspiró resignada cuando llegó hasta el chico (no iba a sacar su inhalador, Freya ya era una mujer independiente que no necesitaba de inhalador alguno en su vida --era una mentira, una mentira gigante--). Iba a disculparse cuando logró ver aquella pose en toda su gloria. Ni siquiera pudo fingir que era inocente, comenzó a reírse con descaro frente a él, ocultando su risa contra sus manos. “Oh Dios, eso fue genial, tienes que enseñarme” comenzó a decir y se congeló cuando el otro sacó el título del libro. “Uh, no es mío, se lo guardaba a un amigo”.
applcc:
Últimamente lo que le mantenía tranquila era su música, los audífonos en su lugar, bloqueando el sonido de la realidad y centrándose en el sonido encapsulado contra sus oídos, estaba tranquila ahí. Pero claro, la tranquilidad no le duraba demasiado ya que algo golpeó en la espalda, poco más abajo de sus hombros, casi golpeándole la cintura de pronto, Apple giró sobre sus talones y observó con furia a aquella muchacha que había sido la culpable de su pronta bajada al mundo real “¿Cuál es tu problema, Huh?” elevó la voz, la muchacha estaba algo lejos, incluso Apple se sorprendió de que el libro llegara hasta ella.
Se quedó en silencio y sorprendida de la reacción contraria. Era de esperarse algo así, a nadie le gustaba ser atacado por un libro volador, pero Freya confiaba en que la gente siempre se apiadaba de ella (ya fuera por su altura o porque la veían como una niña). Supuso que en la universidad ya no sería igual. “Uh, lo siento mucho, no quería golpearte. Solo quería que le llegara al chico que va por allá” dijo una vez que se acercó lo suficiente para ver a la otra chica. “Mira el lado bueno, acabo de descubrir que tengo talento para lanzar cosas a larga distancia. Eso podría salvar vidas en una guerra”.
bodhicalhoun:
Parece demasiado concentrado en sus propios pensamientos que el impacto de un libro contra el suelo lo descoloca de manera excepcional, la confusión que se tatúa sobre sus facciones y sus manos que avanzan hacia el ejemplar para tomarlo. Gira sobre sus talones, aún un tanto extrañado hasta que sus ojos se clavan en una muchacha que, a su juicio, parece culpable. “¿Lo has lanzado tú? ¿Pretendes herirme? Eso es causal de suspensión, ¿sabes?”
Abrió los ojos asustada cuando procesó las palabras del otro. “¡No, no, no! Fue un accidente” se apresuró en aclarar. Siempre había sido una buena estudiante, jamás se había metido en problemas (excepto esa vez que casi mata por accidente al director de su escuela, pero fue su culpa por interrumpirla mientras veía el último capítulo de Gossip Girl detrás del gimnasio). “No quiero herirte, ni a nadie” añadió y levantó las manos como si la policía la hubiese descubierto infraganti. “Es que no quería correr, lo juro, por favor no me acuses”.
benjamurakami:
Benjamin había aprendido que la mejor solución para cualquier discurso que se sabía largo y aburrido eran un par de auriculares, buena música y sacar su mínimo talento de actor a la luz para intentar fingir estar entretenido con aquellas palabras que realmente no le importaban. A él y a gran parte del campus, que cada vez comenzaba a alejarse más y más del escenario principal. En una de esas y luego de un largo tiempo, se sumó al montón y se fue, y su mente hubiera seguido perdida no ser por el texto que voló frente a sus ojos cuando se acercaba al pasillo. “¿Así que este es el castigo que obtienes por irte de la bienvenida?” suspiró, agachándose para agarrarlo. “Es más fácil correr, antes que casi sacarle un ojo a alguien”.
Se encogió en sí misma, intentando hacerse más pequeña de lo que ya era, y abrió los ojos con miedo. Ni siquiera escuchó el impacto del libro contra el suelo o contra alguien, el bullicio de los estudiantes estaba en su momento máximo. Comenzó a buscar con desesperación dónde había caído el libro y suspiró con alivio al ver que no le había caído a nadie en la cabeza (no quería comenzar el año con un homicidio frustrado). Se acercó a paso rápido e intentó fingir inocencia. “¿Quién habrá sido el desconsiderado?” inquirió y negó con la cabeza como si estuviera decepcionada.
Aquel día no era el mejor de los suyos, y el punzante dolor de cabeza que se apoderaba de su juicio no estaba colaborando con su intento de terminar de arreglarse para el acto de bienvenida a la universidad. Aturdida por el titileo de la lámpara de su habitación, la pelirrubia apretujó sus ojos con intensiones de relajarse. Inhaló profundamente para luego exhalar de la misma manera y finalmente abrirse a la penumbra que ahora la rodeaba. “¿Pero qué-?” cuestionó en voz alta. La bombilla había colapsado. “¡¿Y ahora qué se supone que haga?!” irritada, exclamó hacia el objeto como si este fuese capaz de responderle. La noche caía fuera de su ventana y ella debía terminar su maquillaje si no quería salir como si acabara de levantarse. Rodó sus ojos y se levantó de la silla del escritorio que utilizaba como peinadora, pataleando hasta la puerta de la habitación para incorporarse en el pasillo. “¿Alguien tiene una bombilla que pueda regalarme?”
Había insistido en que podía mudarse sola. Era una mentira gigante, apenas podía sostener una caja con sus libros y arrastrar la maleta con la otra mano. Sentía que comenzaría a sudar en cualquier minuto por el esfuerzo de subir escaleras y no estaba dispuesta a eso. Podía salir sin cepillarse el cabello, con la camiseta sucia e incluso en pijama. Pero, ¿sudar? Jamás. Cuando llegó a la puerta de su nueva habitación, se vio en un dilema. Tenía ambas manos ocupadas, estaba a punto de colapsar del cansancio y la puerta estaba cerrada. Pero no pasaron ni dos minutos en los que estuvo pensando en sí patear la puerta era una buena idea cuando esta se abrió y se vio de frente con una chica rubia. “¿Nos quedamos sin luz?” inquirió casualmente.
“¡Hey, espera, se te queda...!” exclamó en medio del pasillo. La persona a la que llamaba siguió caminando y Freya, asmática y todo, no estaba en condiciones para correr detrás de ella, en especial cuando la multitud de estudiantes comenzaba a dispersarse. Así que hizo lo más lógico. Agarró el libro que se le había quedado a la otra persona, tomó impulso y lo lanzó con los ojos cerrados, sin siquiera apuntar.
Raphael tenía la pésima costumbre de correr a todo lugar al que fuera. Por supuesto, esto siempre traía consecuencias negativas. Por ejemplo, aquel día que trotaba a través de los pasillos de los dormitorios terminó tropezándose con una pila de cajas organizadas en la entrada de la habitación de la esquina, justo esa habitación que nunca lograba ver por andar demasiado rápido. Por un lado, afortunadamente el muchacho se salvó de no irse de boca contra el suelo. Sin embargo, la suerte no estuvo enteramente de su lado: Raphael había ocasionado que una cantidad absurda de artículos salieran volando de su contenedor y ahora se encontraban regadas en el suelo.
– ¡Oh, Dios! ¡Lo siento muchísimo! ¿¡De quién es esto!? –pregunta con clara preocupación e intenta buscar el dueño antes de inclinarse rápidamente para recoger cuanto le es posible.
Freya aún cargaba una caja llena de ropa interior masculina. Esto le pasaba por ofrecerse a ayudar. Había salido para saludar a sus vecinos de dormitorio cuando la chica que dormía al frente le pidió si por favor la podía ayudar con la mudanza. Freya no cuestionó el porqué, siendo que la chica había dicho que este era su tercer año, ella necesitaba una caja de ropa que no era suya, en especial si se encontraba en los dormitorios de los deportistas. Tal vez eran de su novio, tal vez eran de su hermano. No tenía forma de saberlo, pero comenzaba a sentir que algo no cuadraba. Sin embargo, justo cuando estaba por salir de ese pasillo ajeno, vio cómo un muchacho chocaba contra una pila de cajas, las que cayeron en dirección a Freya. Tuvo suerte de apartarse antes de que le cayera una encima, pero algo malo tenía que pasar. ¿La caja con ropa interior? Se le había caído de las manos y se había abierto al igual que las otras. “Oh, Dios” murmuró sin aliento e intentó hacerse la desentendida, a pesar de que la ropa interior estaba allí, a plena vista, y que el chico la podría recoger por equivocación. “¿Te encuentras bien?” preguntó después de unos segundos. “Mejor deja esas cosas ahí, puedes culpar al viento” añadió con una risa nerviosa, mirando de reojo las manos del muchacho. Freya comenzó a rezar para que no se hubiese dado cuenta de que ella llevaba esa caja.
“Perdida de tiempo… como si alguien de verdad tomara enserio o siquiera escuchara las palabras de apoyo que dan aquí” dijo tras despabilarse un poco y mirar a su alrededor. No sabía de donde salían tantos alumnos “Bien Wesley, haz sobrevivido a tu año de novato…”
No quería hacerlo, pero su deber moral le ordenaba a gritos que fuera una buena persona y que lo hiciera. Freya se acercó con lentitud por un costado del muchacho y se aclaró la garganta para llamar su atención. “¿Disculpa?” murmuró mirando algo avergonzada al chico. “Tienes el cierre de tu pantalón abajo”.
Se abre paso entre la multitud, pide permiso y perdón a quienes están tan abstraídos en su mundo como para correrse y dejarla pasar, hasta que, finalmente, llega cerca de la persona que busca. Coloca una mano en el hombro de su amigx, esperando que se de la vuelta, esperando que sea una grata sorpresa después de no haberse visto en vacaciones tiene bastante que contar. “Hola…” menciona con emoción pero antes de pronunciar un nombre se da cuenta que se ha equivocado de persona. Deja la frase a medias, y quita rápidamente su mano del hombro contrario.
Se gira asustada cuando le tocan el hombro, extrañada de que alguien le hable cuando apenas lleva un par de días en la universidad. Sin embargo, se tranquiliza al ver que es una chica y sonríe algo incómoda, intentando que no se note tanto. “¿Hola?” inquiere mirando a todos lados, tal vez la persona que la chica buscaba aparecería en cualquier momento para rescatarlas a ambas de la vergüenza, pero nadie parece prestarles atención, no con tantos estudiantes y tanto bullicio.