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@lemechant-loup
“Día de trabajo” o lo que para Tony quería decir “Día de tortura en la peor periódico del mundo”, por suerte las horas que tenía que pasar en el periódico, habían disminuido considerablemente, su contrato había pasado a medio tiempo, gracias a que podía solventarse también con sus trabajos freelance, aun así las horas que pasaba fotografiando para el periódico, seguían siendo una completa tortura.
La misión imposible que tenía que desempeñar aquel día, era que en una de las calles principales debía preguntar acerca de ¿qué tema? Ni siquiera se acordaba (para empezar eso era trabajo del reportero, que no fue y dejó solo como siempre al inglés), así que se inventaría las respuestas sin remordimiento alguno, pero lo que si necesitaba eran las fotografías…
–¡HEY HEY HEY!- llamó el Beta de Tonyglen a nadie en concreto, solo quería que le prestaran atención, entre más se acercaran, más rápido podría irse–¿Te gustaría una fotografía? ¡Es gratis! Y si no te gusta la puedo retocar- no era muy fan de utilizar Photoshop, pero todo fuera por cumplir con su trabajo además de pagar la renta de él y su mamá –Adelante- invitó a su set imaginario, ya que no había nada donde estaba señalando, más que una simple pared típica de Detroit.
— Quoi? ¿Tan feo soy que tendrás que retocar mi rostro en photoshop? —
Ah, sólo bromea, a Vincent no le preocupa que utilice la foto si es que la necesita, duda que: — ¿Es acaso tu nuevo hobby acosar gente en la calle, tomarles una foto y llenar tu pared con rostros ajenos en un especie raro de fetiche? — Por supuesto que no, pero su mente se mueve muy rápido y a veces crea los escenarios más extravagantes que alguien podría imaginar.
Nah, seguramente es una de esas labores de su trabajo que tanto detesta, ese periódico que tanto odia muchas veces. El alfa lo sabe porque ha escuchado al pobre beta quejándose mil veces al mes, y como buen amigo le escucha mientras le palmea el hombro en compasión. Como en esta misma ocasión. — C’mon, te ayudo. —
Beth
Se echó a reír en cuanto lo vio darse la vuelta de aquella manera tan teatral. Seguía siendo igual que siempre… Quién le diría que estaría sufriendo grandes cambios. Aplaudió aquella puesta en escena y se encogió de hombros sutilmente. -Debería de enmarcar esta visión… Te haría una foto si eso no resultara problemático. Bromeó aunque aquella no era la primera vez que lo veía arreglado, estaba segura de haber coincidido en algún evento formal en el que había tenido que tunearse por etiqueta formal.
-Entonces veo que en el trabajo estás teniendo suerte… Resumió, a lo mejor no era el ideal para el alfa pero de seguro que pagaba facturas y demás con un sueldo. Le sonrió amable y miró de reojo a Hope, que había vuelto a centrarse en los libros al ver que ya había dejado de prestarle atención. -¿Y qué hay de tu vida? ¿Todo bien? Preguntó sin pretender ser entrometida.
Además él había preguntado primero por la suya… A lo que Beth emitió un suspiro largo y tedioso. Fingir que tener una hija no le había cambiado por completo la vida era inútil, por supuesto que lo hacía… Y aún no sabía si estaba encantada con todos ellos. -Bien… Supongo que podría hacer determinadas cosas mejor… Pero no creo que haya nada grave de lo que tenga que preocuparme. Hope se veía feliz y sana, eso era todo lo que le importaba.
— ¿Nada grave? ¿Qué, sólo bien?! —
Utiliza un tono de exagerada incredulidad, para luego reírse y negar por la cabeza. — ¡Yo creo que lo estás haciendo fantástico! — Haciendo uso de toda su sinceridad, no podía creer que la pelirroja no se diera los méritos que merecía especialmente en el ámbito de la maternidad. — ¡Con lo difícil que debe ser! y Hope se ve tan feliz, tan bien cuidada, tan protegida. — Deroeux niega con la cabeza, lograr todo aquello parecía tan difícil y allí estaba la banshee haciendo lo mejor que puede y más. — Yo creo que jamás podría hacerlo, por eso te admiro. — Y esto último lo dice menos entusiasmado, esta vez más solemne queriendo darle importancia a sus palabras.
Luego viene el largo suspiro. Y deja caer parte del peso de su cuerpo en su mesón, bajando el rostro un tanto pensativo y sin dejar la teatralidad. — Yo estoy bien, pero estancado, atascado, detenido y todos los sinónimos dramáticos que te puedas imaginar. Los veo a todos... avanzar. — Ser distintos, haciendo cosas distintas, y ugh.
— ¿Qué diablos? — Dijo el castaño mientras esperaba en la fila de la pastelería, sin embargo desde hacían tres minutos no tenía una de sus donas mañaneras, pensando que quizá pretender ser una persona normal no valía tanto la pena, pero como había aprendido simplemente respiró, resopló y siguió esperando.
No tardó demasiado hasta que lo hartó un hombre. —¿Esa es de chocolate?, no, quizá esa, ¿es de chispas de menta?, oh pero mira esa, ¿de qué es? — Eso fue el colmo para caminar al inicio de la fila e intervenir. — ¡Menta, chocolate, dulce de crema francesa, rainbow glow, vino blanco!, no tengo idea de que es esa mierda pero se ve asquerosa, ¿qué le hicieron a esa pobre dona?, coco, vainilla, black berries, bubblegum, las otras no son tan buenas. Ahora, ¿¡quienes elegir tu maldita dona por el amor de Satanas!? —
El hombre que era algo tímido no supo que contestar, el Wendigo rodó los ojos y tomó una dona que mostraban encima del exhibidor. — Toma, cómela y estarás feliz. Ahora vete al carajo. — Le señaló la puerta. La gente a su alrededor le miraban perplejos, Jeffrey eligió a uno al azar y le lanzó un comentario molesto. — El pobre idiota nunca habría elegido una, además la pagaré yo, deja de mirarme antes de que…. — Bufó. — Olvídalo. — “Malditas series policíacas” pensó.
— Pensé que habías cambiado. —
Ah, para mala suerte del wendigo; Vincent se encontraba en la cocina del pequeño local, pero incluso estando en otra habitación pudo escuchar el escándalo que se dio en el mesón de la pastelería. Todos los demás comensales del lugar parecían atónitos ante la escena, temeroso del carácter demostrado por el otro hombre, pero el hombre lobo se muestra impasible ante la imagen de Jeffrey.
Suspira. Acá no pueden levantar sospechas, y le señala con una mano una de las sillas altas y un espacio en la baranda, una pequeña zona para quienes quisieran desayunar en el lugar. Al menos así podría vigilarlo y asegurarse que se marchara del lugar sin haber tenido una rabieta y una venganza personal contra alguien.
— Relájate y come. — Suena a una orden que duda que el otro siga al pie de la letra pero lo intenta, todo sea por la paz del momento. — ¡Te regalaré una dona más si lo haces! —
Échapper un moment ▬ Queen
Queen
Queen le observa entre dudosa y divertida, una vez que la extraña escena había ocurrido ya no quedaba más que gracia sobre ello. No le sorprendía en lo absoluto que Vincent se metiera en situaciones similares, pues le había visto en muchas peores, ya fueran buenas, malas o incluso divertidas.
Vuelve la mirada hacia atrás, observando al hombre que había retomado su lugar de trabajo, finalmente se encoge de hombros como si simplemente estuviese dispuesta a dejarlo pasar, la compañía a esa hora le venía más que bien, pero ese pensamiento fue reemplazado por la confusión nuevamente “¿Prometido? ¿A qué te refieres?” Se habían detenido y no lo recuerda hasta que su vestimenta es mencionada.
Baja la mirada y se inspecciona a sí misma, arquea una de sus cejas “¿A dónde iremos?” Ni siquiera imaginaba a que podría estarse refiriendo, pero le seguiría sin duda, no sin antes hacer tantas preguntas se le ocurrieran.
Retomó sus pasos, pasando de largo el elevador para subir las escaleras que le llevarían a su piso y por ende a su puerta que había quedado abierta “¿A qué promesa te refieres?” Estaba intentando rememorar, pero no tenía pista alguna. Sin aviso se dirigió a su habitación, dejandole atrás para poder cambiarse por algo adecuado, pero cómodo y una vez que había calzado sus tenis volvió a la sala de estar donde Deroeux seguramente le esperaba.
“¿Es en el bosque?” Se apresuró a preguntar, buscando respuestas de donde sea que pudiese obtenerlas.
— ¡Sssh! ¡Sssh! No mas preguntas, sólo sigue el momento ¿si? — No quería revelar más, ya ha dicho suficiente mencionando que el lugar donde irán no es apto para pijamas, por lo que acompaña a la loba a su apartamento para esperarla a que se cambie de muda. Nunca deja de mirar interesado todos los lujos de este edificio, parece distraído pero vuelve en sí cuando la rubia vuelve a preguntarle por el significado de esa promesa. — Una promesa que tengo en mi cabeza. Si te soy sincero; no sé si lo soñé o fue algo que dije hace mucho tiempo atrás, pero sea cual sea, te prometo que valdrá la pena. — Sabe que al menos deber ser algo interesante si la fue a buscar a las cuatro de la mañana (no quiere ni imaginar las quejas si no cumple sus expectativas, ops.)
Se cruza de brazos, mese el peso de su cuerpo de un pie a otro, suelta un “mmmh” pensativo. — Tendremos que pasar por el bosque, pero no es en el bosque en sí. — Detiene un momento antes de murmurar: — Tampoco es el claro, no te preocupes. —
Rotundo silencio.
— Lo lamento, eso fue una broma cruel. —
Él está listo para marchar a la aventura. Es el mismo camino recorrido con anterioridad, aliviado de poder salir de lo encerrado del edificio y sentir el aire frío en su rostro. La sensación de libertad y el silencio de la madrugada, respira profundo y se siente renovado. — Ah, y merci, por querer acompañarme, Reine. —
Beth
Sonrió de oreja a oreja al escuchar al alfa, quién obviamente siempre era bienvenido a la tienda (o cualquier otro encuentro). Lo saludó con un gesto de mano, sin importarle que estuviera allí solo por el hecho de visitarlas y no por un material de lectura. Se apresuró a bajar el volumen de la radio para que no molestara en la conversación, la había tenido demasiado alta para venirse arriba con aquella canción que le traía tantos recuerdos.
Volteó para ver al lobo que ahora le prestaba toda la atención a su hija, quién no desaprovechaba el momento para reírse animada habiendo apartado el libro que consultaba mientras su madre bailaba. Le agradaba y aliviaba ver que su hija era querida por sus amigos más cercanos.
-¿Estás trabajando por aquí cerca o te encuentras de paso? Preguntó con curiosidad más por saber dónde había acabado metido esta vez el alfa.
— ¡Trabajando! ¿Acaso no ves mi traje a la medida? Mesero de la burocracia, jamás había lucido tan “bien” siendo del proletariado. —
Y se da una vueltita para lucir el uniforme que le habían entregado, ya había salido del turno y ni siquiera tuvo tiempo de cambiarse pero bueno, no es como si creyera que dudaría demasiado en aquel local de alta alcurnia. Hasta incluso llevaba tomado el pelo por protocolo. — Dicen que la necesidad tiene cara de hereje. — Encogiéndose de hombros, habían cosas que no cambiaban como lo esporádico de sus horarios laborales.
Pero hey, otras cosas cambian radicalmente. Sólo tenía que ver a Beth siendo mamá. Esa idea hizo que los gestos de su rostro se suavizaran y dejara de un lado las payasadas por un momento. — ¿Cómo te ha ido con la pequeña? ¡Cómo te ha cambiado la vida! —
Échapper un moment ▬ Queen
Queen
Había estado lista para dormir… Hace cuatro horas atrás, y como si ya fuera una costumbre, el insomnio la había “atacado”. Le fastidiaba el solo hecho, mucho más cuando aquella fatídica costumbre había amainado hacía un tiempo y parecía volver de manera repentina, haciendo de las madrugadas aún más duraderas.
La rubia no sabía con que entretenerse para esas alturas, cuatro de la mañana acababa de marcar el reloj sobre su mesa de noche y sobre su cama había desde libros, papeles sobre negocios, hasta viejas fotografías. Aunque, como si alguna fuerza poderosa quisiera salvarla de su propia mente, el intercomunicador suena logrando que se exalte ligeramente.
Voltea a ver el reloj nuevamente: 4:02 a.m. y no evita fruncir el ceño. Su expresión demuestra toda la confusión posible, cuando abandona su cama, su habitación y alcanza el intercomunicador en el pasillo “¿Sí…?” Ni siquiera le hace falta preguntar cuando la exclamación llega a sus oídos sin necesidad de colocar el intercomunicador próximo a su oreja y por supuesto que reconoce esa voz. Si, sigue confundida, pero no evita rodar los ojos.
Camina directo a la puerta del departamento y sale tan rápido como puede para atravesar el pasillo y bajar las escaleras sin importarle dejar la puerta abierta detrás de sí. Le toma solo unos segundos el llegar del primer piso a la planta baja, justo donde el conserje parece querer golpear al francés que aún le llamaba “¡Oye! ¡Déjalo en paz!” Se acerca con un toque de total molestia acompañando incluso su andar hasta haberse acercado al par de hombres “¡Pondré una queja! ¡Me encargaré de que te echen de aquí y no consigas ningún empleo si no le quitas las manos de encima!” Queen sabía que podría estar siendo injusta… Pero ¿qué le importa?
Se encuentra negando cuando se encuentra a un lado de Vincent y le toma del antebrazo para jalar un poco de él y le siga los pasos. Guarda silencio tan solo dos segundos… “Son las cuatro de la mañana y el conserje quería golpearte” No suena a algo tan loco cuando se trata del Alfa, pero lo repite sin saber muy bien como tomarlo “¿A qué se debe?”
— ¡Queen! — Vincent había estado más feliz de ver a la joven rubia aparecer ante sus ojos, era una ironía como antes su sola presencia le recordaba a una calamidad, pero ahora le venía a salvar. Bueno, no es como que el conserje pudiera hacerle mucho daño a un lobo pero aquel hombre no tenía por que saberlo. — ¿Ve? ¡Le dije que nos conocíamos! — Suspira aliviado cuando el guardia asustado de la mujer le deja suelto y libre, por suerte Vincent no le ha guardado rencor sabiendo que el sujeto sólo estaba haciendo su trabajo. — Yo que usted le hago caso, no la querrías de enemiga-- — Pero su discurso de consuelo fue cortado rápidamente en lo que Queen le tira de un brazo para alejarse de la bizarra escena a las cuatro de la madrugada.
Tuerce una mueca un tanto avergonzado del espectáculo mostrado hace un par de segundos atrás, se lleva una mano a la nuca aún pensando como poder explicarlo. — No quería dejarme pasar, iba a tomar la llamada por el intercomunicador a la fuerza y él sólo hizo su trabajo, aunque un tanto bruto el hombre. — Este era Deroeux; siempre viendo el mejor lado de las personas hasta que estas lo decepcionan y lo hieren.
— El punto es que, yo no podía dormir, sabía que tu no podías dormir y dije; bueno, quizás podría mostrarte algo que te había prometido hace tiempo...
...(o que creo que lo hice, si mi memoria no me falla). — Ante lo último lo dice en un tono mas bajo. Dudando de su propia memoria, han sido demasiados años acá.
— Aunque no te recomiendo ir en pijamas. — Y mejor mira hacia otro lado.
De las tres bicis que tenías, de las tres bicis que tenías, ya no más te queda una una una una una y está bien loca loca loca loca ;D
— Pero no vamos hablar de eso ahora, o nunca.
— Y sí está bien loca.
VINCEEEEEEEEE PARASTE EL TAXI! (el chiste bien de 2015 but who cares)
— Ya quisieras tu saber.
Vinceeeeee bi mai valentain
— No de nuevo.
“I goooot a pockeeeet, got a pocketful of suuuunshine” Canturreaba Natasha Bedingfield al otro lado de la radio, como uno de los grandes clásicos de todo los tiempos (en opinión exclusiva de Beth,), lo que hizo que la pelirroja subiera a todo volumen el aparato para disfrutar al máximo. Su hija le mandó una mirada confusa, levantando la vista del libro ilustrado que había estado manoseando desde la sección infantil de la librería de su madre, con el ceño fruncido y desaprobando aquello movimientos espasmódicos que su madre consideraba el baile. -¡Baila, Hope, baila! ¡Si es una gran canción! Sonrió divertida y dio vueltas sobre sí misma, incitando a la pequeña que la imitara.
El negocio de la librería iba bien pero a últimas horas solía bajar la afluencia de gente, por lo que no era raro que se encontraran las dos solas cerca de las ocho de la tarde. Hope aprovechaba siempre para cotillear todos los libros y Beth a hacer los pedidos para el día siguiente mientras no le quitaba los ojos de encima a su hija, vigilándola.
-Taaaaaaaake meeeeee-¡ey! Se paró en seco al darse cuenta de que alguien había entrado a su tienda sobresaltándose al no esperar ver una persona conocida o no a aquellas horas. -Heyyy... Hola. ¿Necesitas material de lectura?
— Mmmh, no realmente. No es por un libro por lo que vengo... —
Y aunque tampoco vino para el ver el show de danza y canto de Beth específicamente, si era por ella. Cada vez que Vincent tenía un empleo cerca de la librería el francés se acercaba a esta para poder saludar a la alegre pelirroja y por supuesto a:
— ¡HOPE! — La pequeña no dejaba de crecer, día tras día, semana tras semana el licántropo no podía dejar de maravillarse al ver como la hija de la banshee crecía y crecía. El “tio” Vincent, por que sí; se auto proclamó tío putativo, levantó sus brazos en fiesta para animar a la niña, mientras le hacía caras junto a gestos graciosos.
Si, esto animaba sus días en plena semana crisis existencial.
Échapper un moment ▬ Queen
— Buen señor, le digo que soy amigo de Queen, sólo llame y verá. — Este era Vincent intentando convencer al guardia de la puerta del edificio donde vivía la alfa de Polmaide. Aunque claro, la mirada de pocos amigos del otro hombre se entendía especialmente si el francés se aparecía ante él a las cuatro de la mañana a la espera de que llamen a una residente del condominio.
Pero bueno ¿Cómo es que el licántropo se encontraba en esta situación? Pues muy simple, no podía dormir, no había forma de conciliar el sueño teniendo que levantarse y sentir que debía hacer algo, moverse, buscar las naturaleza. Además una idea había rondado su cabeza, una promesa que le había hecho a Queen hace un par de añor ya pero que nunca había juntado el coraje para concretar, pero en un momento de insomnio y loca valentía decidió que era el momento.
Aunque bueno, el buen señor ni siquiera hizo un esfuerzo por dejarle pasar y ya estaba exasperando a Derouex. — ¡No me juzgue por como visto! Le prometo que si llama al apartamento ella podrá confirmar que todo lo que le digo es cierto. — Pero claro, estaba más que sabido que el conserje desconfiaba del francés por su vestimenta y por ser... él.
Frunce el cejo ligeramente y suspira pesado, no había querido llegar a esto. — Usted se lo buscó. — Una advertencia bastó para que el hombre se le abalanzara encima con la intención de noquearlo, Vincent simplemente iba a... tomar el citófono y apretar al número de departamento de la rubia. Al menos lo logró pero lo que se escucha es por el auricular es: — ¡QUEEN! ¡QUEEN! ¡TU GUARDIA ME ESTÁ ATACANDO! — El lobo ni siquiera le pega de vuelta, sabe que no es una batalla justa.
Ah si, y todo esto a las cuatro y tanto de la madrugada.
¿Qué pasó en estos dos años?
Ah, no demasiado. Bueno, ¿quizás si? Tuvo que establecerse de manera definitivamente como el alfa de Toryglen y sacrificar sus propios sueños por los de su manada, no es algo de lo que se arrepienta tomando en cuenta la devoción que siente Vincent por los suyos. Además de acompañar a Queen en la labor con su propia manada, de esa manera ambos se encontraban en un silencioso estado de paz, que duda que alguien en Detroit osara a subestimar o a confrontar.
Dentro de eso su esencia no ha cambiado demasiado, aún si se ve a si mismo más maduro y paciente. Aún sigue mirando las estrellas, creyendo en las cartas, balancear sus decisiones con la fortuna y por suerte su corazón ha sanado con el paso del tiempo lentamente.
¿Y que está haciendo ahora?
¿Actualmente? No demasiado tampoco, de hecho es algo que lo tiene actualmente frustrado, una crisis existencialista, que lo mantiene con su cabeza en las nubes y mirando hacia adelante, se ha cuestionado una infinidad de veces su necesidad de marcha, él no es una persona sedentaria, cuestionándose que ha perdido su espíritu nómada y se ha perdido, se siente perdido. Quizás está a punto de tomar una decisión; o volver a lo que era o encontrar algo o alguien a quien aferrarse. (Porque al parecer solamente ella puede retenerlo acá junto a darle un sentido).
ooc;
...Bullshit
queenof-detroit:
Observa el perfil del francés y niega suavemente, apenas un movimiento de su cabeza antes de que las palabras escapen por si solas, sin realmente ser meditadas—¿Acaso alguno de los dos tiene salvación?—Suena deprimente, realmente lo es, pero no quiere que parezca de esa manera, después de todo cada uno de sus remordimientos, pensamientos y responsabilidades habían sido por elecciones que cada uno tomó—Podría decir que ya tengo eso—Hace énfasis en aquella última palabra, porque si bien no le persiguen los mismos demonios que al Alfa, tiene los suyos propios.
Su mirada se mantiene aun en su rostro, apenas la desvía para observar el humo del cigarrillo abandonar la boca del contrario y de ahí, encontrarse de nuevo con la azulina mirada—A veces ser egoísta es la mejor opción—Porque no podía juzgarle por ello; quizá no tiene idea de lo que esté atormantandole, pero si una persona como él considera sus elecciones egoístas, la rubia probablemente piense que eran las mejores para él. Cree en él de manera ciega—Si crees que no es lo correcto, siempre se puede dar un paso atrás, cambiar las elecciones o mejorar los resultados—Pero no devolver el tiempo.
Escucha aquel apodo, realmente es su nombre sonando en un idioma distinto. Piensa sus palabras antes de soltarlas—Falta de cordura—Podría parecer una broma, pero realmente no lo es, tuvo largas horas meditando si realmente estaba enloqueciendo. Una vez más aparta la mirada, esta vez para apoyar la parte posterior de su cabeza contra el tronco del árbol que les sirve de sostén en medio del bosque—Vine a comprobar si ya la había perdido del todo.
¿Era ser egoísta la mejor opción? Vincent no lo cree, pero de vez en cuando se recuerda que también es humano y el ser humano tiende a pecar de vanidad, interés, de cobardía, de ansías y él también caía en estas, intentaba evitarlas pero a veces se cegaba y era imposible detenerse antes de un error. ‘¿Eso es lo que le había pasado a Queen?’ De una extraña manera; el castaño cree poder entender un tanto más a la joven rubia (ya no puede juzgarle). “No hay pasado que se pueda borrar; pero si un presente que sembrar para buenas consecuencias en un futuro degustar.” Recita. Es un verso que no recuerda el autor, pero la idea se había quedado en su cabeza. E irónicamente; cree que es una frase que le hace honor a la ex cazadora más que a el mismo. Ella la alfa quien sabía lo que significaba avanzar con consecuencias tras su espalda e intentar días tras día remediarlo.
Se le queda escuchando, y no puede evitar que la sorpresa se pose en las facciones de su rostro, de todas las respuestas posibles jamás imaginó en la ‘Falta de Cordura’. A los lobos se les llama ‘lunáticos’; pierden la razón a causa del astro, pero al parecer su contraparte no habla de un sentido literal. La contempla de reojo; silente, compuesta, controlada, nadie sospecharía que un animal la consume si ella lo dejara libre. Ella parece cuerda. (Pero Vincent siempre miró lo mejor de Queen, cae en la subjetividad).
No sabe que es lo que le ha pasado a la mujer lobo para que necesitaba comprobar que aún se aferra a un fragmento de racionalidad. Podría preguntarle la razón de su creencia, pero pregunta de manera diferente;
“Y... ¿la perdiste?”
“¿O aún gozas de un mínimo de cordura?”