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Reflexiones de un alma en pena.
Katherine no solía salir luego del trabajo; más bien no solía salir nunca de las cuatro paredes de su lujoso apartamento, pero hoy haría una excepción. Hacía una tarde hermosa y hoy era uno de esos días en que se encontraba de buen humor. Algo raro, pero de vez en cuando sucedía. Dejó su bolso sobre la cama de su habitación y se dispuso a cambiarse la incómoda ropa de trabajo por un jean oscuro y una simple sudadera gris. La mayoría de sus atuendos contaban de ropa oscura a causa de sus inseguridades. Frunció el ceño al ver los cortes que rápidamente cicatrizaban en su muñeca izquierda. Se los había hecho en la ducha dos días atrás. Los tapó con un poco de base y un par de pulseras; no podía arriesgarse a que los descubrieran, ni siquiera un desconocido.
Tomó su teléfono celular y las llaves de su hogar y luego salió a la calle principal. El clima era perfecto. Ni mucho frío, ni mucho calor. Comenzó a caminar sin rumbo fijo, no sabía a dónde terminaría, pero no le importaba demasiado. Sólo quería despejar su mente, dejar de pensar en cosas depresivas. Tenía que admitir que era tarea difícil, pero a veces lo lograba.
Su celular comenzó a sonar en el bolsillo de su pantalón pero sabía que era su madre, por lo que no contestaría. Hoy no tenía ganas de hablar con ella. Sólo le repetiría lo mismo de siempre: “Debes alimentarte más, hija. Luces demasiado desnutrida, en cualquier momento caerás enferma en un hospital.” Y su pensamiento siempre era el mismo. ¿Ahora se preocupaba por ella? Su madre era la principal causa de cada uno de sus problemas. Ella y sus hermanastras eran quienes la habían arrastrado a la bulimia, y luego de eso a la bipolaridad.
Metida en sus pensamientos no notó que chocaba con alguien. No quiso mirarle a la cara, no tenía ganas de ponerse a discutir con nadie tampoco. Murmuró un leve “lo siento” y se dispuso a seguir su camino con su hombro un poco adolorido; había sido un choque fuerte.
¿Qué demonios ocurría con ella? Todo parecía que se estaba enfermando. A pesar de su inteligencia, no podía sacar deducciones, ya que muchos de sus síntomas eran silenciosos ¿Qué podría ser? No era descuidada con ella misma, pero algo... algo la había alertado. Suspiró levemente, hacía cosas locas, era extrovertida en pocas cosas, en otras, evitaba sacar su lado friki, no quería que la gente dijera que era una "nerd", "ñoña", que no tenía incluso vida social, porque eso era extremadamente certero.
No sólo su enfermedad, le parecía raro, también ese extraño puñetazo que le soltó al chico rico, sí, era cierto que le cayó mal por ser el típico niño rico. Además, muchos Mercedes se habían atravesado con ella. Lograba esquivar a la gente, pues cualquier golpeteo le afectaba terriblemente en su físico. No obstante, chocó con alguien que no esperaba. —No hay de que... —Decía en respuesta al leve murmuro de la rubia. No iba tan distraída como parecía, hasta que reaccionó que seguro en su hombro tendría otra herida.
— Si madre, voy a estar bien. — repitió Andrew por tal vez, tercera vez mientras revisaba los medicamentos que le habían recetado y los que tenia en la bolsa de plástico.— Es sólo gripe, no tengo porque ponerme en cuarentena. — rodó los ojos y asintió como si su madre pudiera verlo.— Si, claro, adiós. — una vez que colgó, comenzó a caminar más a prisa como era habitual en él y estando a tan solo unos metros de su auto, Una persona le empujo de su brazo, haciendo que se resbalara su frasco de pastillas y este cayera al piso.— Maldición. — dijo girándose apenas para mirar a quién le había empujado, aunque eso realmente no servia de mucho.
Se giró de nuevo y comenzó a buscar entre los muchos pies que se movían a su al rededor, el pequeño bote de pastillas que era más que necesario para él en esos momentos.
Se había quedado toda la noche en el hospital en observación y tenía la ligera esperanza de alcanzar clases, aunque no pareciera necesitarlas, iba adelantada, como siempre. La señorita de la recepción terminaba de darle las citas para sus próximos estudios, esa herida realmente no había cambiado. Parecía un edema, sin embargo, estaba segura que no era un edema. Extraña, bastante extraña era su situación. Asintió con cada indicación que le comentaba y finalmente salió del lugar. Observó la acera... ¡Qué tráfico peatonal había en la calle! No sabía si era anormal o normal, casi no estaba en esas horas por el rumbo.
A pocos metros de allí se percató de lo que hacía el chico. ¿Buscaba algo? Entonces hizo una mueca, probablemente alguien lo pisaría... ¿Qué estaría buscando entre los pies de la gente? Ella no se arriesgaría a buscar allí. Se subió una banca del lugar y silbó, llamando así la atención de las personas, lo que provocó que la gente se detuviera. —¡Señores! Quiero informarles que está noche en un Bar de Upper East Side, tienen barra gratis, además, me pareció entender que harán más ofertas a aquellos clientes que asistan esta noche. —Espero hasta que el hombre terminara de hacer lo que fuera que hacía.
Por suerte llevaba boletines que le pidieron entregar el día anterior. Sabía que de alguna forma irían. El Upper East Side era de los mejores lugares de Nueva York, y tanto empresarios, como adolescentes irían; los primeros para cerrar negocios o buscar clientes y los segundos sólo para divertirse.
Al bajarse de la banca, ya al final, le dio un tirón en su pierna izquierda y se sensibilizó, provocando que casi cayera, logró sujetarse de un poste cercano. Algo andaba mal en ella, y se percató bastante tarde.
Datos Curiosos.
Desde hace tiempo que llegaba tarde a casa, no le veía mucho sentido estar solo en una casa repleta de cachivaches que le enriquecían de manera material. Vale, que no se estaba quejando aunque pareciera así, simplemente, y pese a que su madre era una buen madre, había sido de ese tipo de chicos que creían con una niñera a su lado dándole lo que le venía en gana con tan sólo pedirlo; si no hubiesen sido por los golpes de su padre hacia su madre probablemente Christopher estaría convertido en un egocéntrico, arrogante y hostil sin remedio, lo típico en los sitios ricos de la ciudad. Pero no, había que agradecer el carácter de su madre y el nuevo domicilio.
En fin, no era eso que lo que quería decir.
Había pasado toda la mañana tratando de captar el mejor encuadre de Central Park, todo estaba ya tan visto que era más difícil de lo que pensaba, pasadas unas horas se rindió y levantó su equipo. Lo metió detrás de su auto, un Mercedez Benz color negro, lo suficiente lujoso para él, pero completamente ajeno a su aspecto. Qué vamos, nos e podía dejar pasar su porte al puro estilo hippie en algunas de sus ropas.
De nuevo, no estaba no se refería a eso.
Las luces delanteras iluminaron muy tarde la zona por la que pasaba, un auto le vinó de lado sin mirarlo, apenas alcanzó a frenar, aunque un poco del daño ya estaba hecho.
No entendía cómo su padre seguía utilizando la chatarra que tenía por auto; era más un peligro para los que lo manejaba, como para los demás, en cambio, era casi inservible y, el colmo es que... ¡Parecía resistirse al manejo! Lo primero que pensaba era en llegar al primer hospital de Manhattan que fuera barato, no gastaría toda la quincena que acababa de recibir en algo así, tenía más pagos que hacer y además, ayudar a sus padres un poco.
Al darse cuenta de lo que acababa de ocurrir, hizo como pudo para que se detuviera el vehículo. Movió la palanca para regresar y una vez estando a la altura del pelirrojo, asomó la cabeza.
—¡Lo siento! ¡De verdad discúlpame! Esto es terrible para manejar. Supongo que la necesidad de mi padre por moverse, puede más que pensar en su vida. —Hacia referencia del carro. —Pero... tengo que llegar al hospital lo antes posible —Se mordió el labio inferior. Lo que ocurría era su leve sospecha. La anormalidad de su herida era lo que le preocupaba.
—¿Te encuentras bien?
Midnight in NY
Respiró hondo y asintió--. Estoy bien, enserio… — Miró lo que hacía, agradecida de no tener que hacer más esfuerzo por el momento, se iba a quedar ahí unos minutos más hasta que el dolor bajara, no era grave, solo no quería ir cojeando a casa—. No, vengo del metro — Soltó una pequeña risa y guardó sus cosas—. Gracias -- Sonrió ligeramente y respiró hondo—. Solo es una torcedura — Asentó el pie y lo miró—. ¿Vez? No es grave, pero… Si que duele cuando acaba de pasar…
—Sí, supongo que es porque acaba de ocurrir. —Decía analizando bioquímicamente los procesos por los que tenía que pasar por un accidente como tal: la adrenalina, el contacto de los nervios, e incluso estaba segura que probablemente afectaría un poco el ácido láctico. Se encogió de hombros al llegar a ese punto. —¿Te parece si me espero un poco hasta que puedas caminar de nuevo? —Preguntó dudando, no conocía a la chica, y seguramente, ella no querría a una desconocida a su lado... Pero quería asegurarse que estuviera mejor. —Si quieres... —Dijo esperando la respuesta de la chica.
Le miró inexpresivo mientras escuchaba su alterado y poco interesante discurso. Cruzó los brazos y sonrió amplio. Le encantaba que dijera las cosas tan fácil. ¿Y ella que sabía? ¡Vamos! Tenía una asquerosa y convencional bicicleta. Seguramente era de esas muchachas denominadas hipsters, jugando a que son diferentes y fingiendo que les interesa el planeta tierra. Ella no sabía lo que era lidiar con el pago de las letras, de las placas y del mantenimiento constante. ¡¿Ella qué diablos sabía lo que era tener un Mercedes Benz?! Ella que iba sabía lo que costaba ir a un viaje hasta Asia.
Y sin embargo, a pesar de su cantidad de pensamientos altisonantes, intentaba guardar la compostura y ser el hombre maduro que se supone aparentaba. Y la chica lo bofeteó. Llevó inmediatamente la mano a su mejilla y se quedó con la vista baja fulminando cualquier cosa que pasara por el suelo.
— Ahora entiendo por qué te pasó lo que te pasó— rió y levantó la mirada mientras se sobaba, esbozó una amplia sonrisa que mostró sus dientes— Ni siquiera puedes controlar tu carácter. ¿Cómo vas a poder controlar una bicicleta, verdad? — Preguntó achicando los ojos y negó la cabeza— No, no perderé mi tiempo con mujeres desquiciadas— dió vuelta y avanzó hacia la pizzeria.
Esto se había salido de sus manos, no le molestaba que ello ocurriera, pero sí la actitud que tuvo y los sentimientos que tuvo que dominar, pues nunca había sido tan violenta con nadie. "Siempre hay una primera vez para todo". Pensó. Además, no estaba tan mal, creyó que al menos necesitaría algo ese niño rico, señor o lo que pretendiera ser.
Observó a cada detalle al ser vivo que tenía a su frente, cada acto, su postura. ¿Qué estaría pasando por su mente? —Ahora entiendo lo que te pasó —Repitió las palabras y la entonación del sexo opuesto. —A la bicicleta sí la controlo. Al contrario, que parece que no te fijas antes de agacharte en busca de las llaves. Traté de frenar y por eso ocurrió aquello. —Apretó la quijada. —Desquiciada —Volvió a repetir. —Eso soy para ti, claro... No hay problema —Dijo aquello porque sabía que para los demás, no representaba nada.
Datos Curiosos.
¿En qué momento se había oscurecido? Odiaba cuando perdía la noción del tiempo y últimamente era muy seguido. Eso no estaba bien, tenia que prestar más atención al mundo que la rodeaba si no quería terminar muerta o perdida algún buen día, aunque lo segundo lo dudaba mucho.
Comenzó a caminar con más prisa y ahora era una mas de los que empujaban a todos en esa ciudad, una vez al año no hacía daño ¿no? Si, era más fácil pensar en eso. Al cabo de unos minutos se detuvo en una esquina y miró a ambos lados, las luces de los autos se veían lejanas y aprovechó aquello para cruzar la calle corriendo.
Entonces una luz la dejo casi ciega y se obligó a detenerse, miró a los lados y observó como un auto se dirigía directamente hacía ella. Dio dos pasos hacia atrás y después intento correr en otra dirección, logrando sólo tropezarse y caer sobre sus rodillas, afortunadamente, ya en la orilla de la acera donde estaba a salvo de ser atropellada.
Se dio cuenta del accidente que ocasionó, no era intención suya causar cualquier accidente. Su noche iba bastante mal para ser cierto. Salió para ver a la chica que tenía en su mente, sintió la ráfaga de aire intensa a la altura de sus piernas, aún no se daba cuenta de su apariencia y mucho menos de su vestimenta. Dejo la puerta abierta y se puso enfrente de la chica... —Lo siento —Pronunció cuando se dio cuenta que no llevaba pantalones —¡Mierda! ¡Qué estúpida soy! —Se insultó. Pues la escena casi le recordaba al Diario de Bridget Jones.
—¿Te ocurrió algo grave? —Trató de tranquilizarse, pues antes de llegar al médico, tenía que regresar por unos jeans o un pantalón deportivo. Y no le importaba realmente lo que pudieran decir la gente que pasaba. —De verdad lo siento, llevaba prisa y no me di cuenta de muchas cosas. —Le extendió la mano para ayudar a levantar a la morena.
Crónicas nocturnas.
— ¿Se me nota tanto? — Preguntó de inmediato, sin poder evitar hacerlo. Sabía que sus comportamientos no eran precisamente americanos, pero con el tiempo, esperaba poder aparentarlos, aunque su acento no iba a perderlo con tanta facilidad. — Sí, en Francia. He vivido allá toda mi vida. Me mudé recientemente por aquí. Pero… no lo sé. Aún no me siento segura en la ciudad. Necesitaría conocerla más. — Dijo, más para sí misma que para la otra chica, negando con la cabeza casi de inmediato al escuchar su sugerencia, por más amable que le hubiese parecido. — Sí, bueno… la cosa es que yo no vivo en el campus. Yo… vivo en Upper East Side. A una hora y media de aquí.
Esperaba pacientemente con la chica. Tenía en conocimiento que no volverá a descontrolarse como lo hizo esa misma noche, no volvería a golpear a nadie, mejor con las palabras, tal vez así podría ganar, sin necesidad de la agresividad. —Se te nota como a cualquier turista o extranjero. —Sonrió un poco y luego prosiguió —Me ofrezco para enseñarte a conocerla, claro, si nadie más se me ha adelantado. —Suspiró al escuchar el lugar en dónde vivía la castaña. Upper East Side, casi no conocía a nadie de ahí. —No importa, puedo acompañarte a casa.
Midnight in NY
Se quedó unos segundos en el suelo, esperando a que, su tobillo dejara de dolerle. Juntó sus cosas en el suelo rápidamente, no eran muchas, pero, estaban algo dispersas. Alzó la mirada al escuchar la voz de la chica y divisó a la castaña en la oscuridad, respiró hondo y meneó la cabeza—. Sí, creo que tal vez — Soltó una pequeña risa ante su celular un tanto lejos de su alcance. Con cuidado, se levantó y apoyó el pie de la misma forma, aun le dolía y se sentía torpe.
Observaba a la chica mientras se movía, no parecía estar bien, al contrario, parecía que al menos eso era más que un pie fracturado, tal vez, un esguince. —No creo que estés bien. —Le hizo señas con sus ojos en dirección a su pie. Se apresuró a tomar el celular y a los otros objetos que estaban más cercanos a ella, después, tomó los otros, y se los dio en las manos de la castaña. —¿Traes un vehículo o alguien puede venir por ti? No creo, realmente, que estés bien —Repitió las palabras anteriores.
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Datos Curiosos.
Lo primero que hizo al llegar a su casa, fue revisar el vientre, no le importaba estar en calzoncillos en su habitación, después de todo, era sólo suya. Ya era tarde, y no esperaba encontrar a nadie despierto, aunque se descubrió una gran sorpresa al notar que uno de sus hermanos, se encontraba en la mesa de la sala con una botella de tequila. "¿Tequila? Ese hombre se quiere suicidar, definitivamente se quiere suicidar" pensó. ¿Y qué le importaba a ella? Después de todo era el hermano que peor la trataba, pero eso no le iba a impedir arrebatarle la botella y subírsela a su habitación; su hermano era alérgico al tequila. Muy pocos sabían de ello, le daba vergüenza al pobrecillo. ¿Y a quién no? Si se trataba de ser popular con sus compañeros adolescentes, el no beber alcohol, podría estropearle sus planes. Y el tonto no hallaba la diferencia entre el tequila y las otras bebidas alcohólicas.
No aguantaba el dolor que ya era bastante agudo, así que lo único que pudo hacer, fue revisarse la herida y observar que no fuera más que la sangre coagulada en la región. Tecnicismos, estúpidos tecnicismos. —¡Maldición! —articuló cuando notó que no se trataba sólo de sangre coagulada, sino de algo peor, esos no eran síntomas normales, claro que no, ella tenía algo más en su piel.
Salió de su casa por la ventana, nada podría ser peor que ese día completo. Todo el día había sido un asco, y lo peor sucedió cuando vio aquellas fotos que acababa de revelar. ¡No era posible! ¿La novia de su hermano estaba embarazada? ¿Dónde la meterían? Ellos no trabajaban, sólo su padre y ella. Encendió el carro de su padre, aquella chatarra que casi no encendía, tenía que ser convencido de alguna estúpida manera para que se moviera; ahora se dirigía al hospital.
Crónicas nocturnas.
Al escuchar una voz detrás suyo, finalmente, se detuvo. Suspiró, buscando algo de tranquilidad, y dejó que la chica que habló detrás de ella, la alcanzara. —Yo… la ciudad me pone algo nerviosa. He escuchado horrores de la seguridad por aquí, y es… tan diferente a Lyon que… no lo sé. También supongo que es mi culpa por salir tan tarde del campus. — Comentó, encogiéndose de hombros, más tranquila, con la mirada en el suelo por unos instantes, antes de alzarla, buscando reconocer el rostro de la persona frente a ella.
Espero a que la rubia terminara de hablar. ¿Qué ocurría? La ciudad no era tan mala como las otras ciudades. Había escuchado en las noticias que estaba peor en otros países. Entonces pensó que ella probablemente no era del país o del mundo... o que realmente no estaba enterada de la situación del mundo. —Me pude percatar de ello. Pero vamos, la ciudad no es tan mala, ni tan insegura. Y mucho menos aquí en Manhattan, hay partes donde sí está feo. —Se calló al darse cuenta que probablemente eso la alterara más, al intentar calmarla. —¿Lyon? —Sabía que esa región no era de su país, claro que sabía pero no recordaba dónde se encontraba... Europa, tal vez era de Europa... ¿Dónde? A veces ser tan inteligente no resultaba tan favorable, su mente todo el tiempo pensaba otras cosas.¡Lo tenía! Pertenecía a Francia. —¿El de Francia? ¿En Francia? —Corrigió después de parecer tonta. ¿Cómo se le había pasado el nombre de la tercera ciudad más poblada de Francia? Eso no era normal en ella, seguro tenía que ver con su último enfrentamiento. —No importa, no está feo aquí, estarás a salvo... ¿Quieres que te acompañe de regreso al Campus?
Memorias en Manhattan.
Caminó hasta las llaves y justo cuando iba a agacharse por ellas, una cosa, no, una muchacha sobre una bicicleta se las llevo consigo y no precisamente en sus manos sino atoradas en la rueda de esa cosa. Abrió los ojos grande y se acercó a ella para atraparlas con las manos. Revisó el llavero que colgaba de ellas, tenía grabado el ying yang, lo había comprado en sus últimas vacaciones en China. Apretó los labios y meneó la cabeza:
— ¡Oye, no! — Le gritó aguantándose maldecir de más, y sin querer, se rió irónico. Al final era otro modo de mandar al carajo— ¿Crees que las cosas no me cuestan? ¡Mira! —Levantó su mano las llaves colgando y gruñó— Casi las destrozas. ¡Por poco y le quitas las teclas! ¡Y rayaste mi llavero! —Señaló con el dedo la zona y rodó los ojos— Si no sabes andar en bicicleta, muñeca, mejor no te subas.
Estaba a punto de subirse a su bicicleta cuando los gritos del chico parecieron llamarle la atención, no pudo evitar regresar el pie que tenía arriba, hacia el suelo. Dejó recargada la bicicleta en un poste y se dirigió al chico, no tenía ganas de quedarse con las palabras en la boca. Después de todo, nadie, nadie más que ella, incluyendo la gente de su condición, sabían lo que costaba la vida, no habían nacido en cuna de oro, y mucho menos saldrían de allí.
—¿Qué las cosas no te cuestan? ¡Pareces del chico que puede ir al mismo lugar y comprar de nuevo ello! —Quería irse encima del chico, pero sabía que tenía que controlarse o iba a terminar en la estación de policía. —No fue mi culpa. ¡Yo no las tiré! Y traté de frenar, lo cual me llevó a lastimarme también... ¿Tú te lastimaste? No, no, es obvio que no. —Al escuchar "¡Y rayaste mi llavero!" "¿Qué mierda le ocurría?", pensó la chica... ¿También le importan los rayones? —¡Pobrecito llavero! Ha quedado marcado de por vida —Decía como si se tratase del rostro de una mujer, de aquella clase de mujer que le importa su aspecto. ¿Muñeca? ¿Le acababa de decir Muñeca? Optó por acercarse al chico y soltarle un puñetazo en el rostro. Lo hizo, y no se arrepentiría de ello, había lidiado con la palabra "Muñeca" mucho antes que ese hombre apareciera. —¿Muñeca? Dile así a tus novias. A mí no me molestes.
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¡Yeih!... Por primera vez disfruto totalmente un rp en tumblr. Perdón, pero creo que por eso no me adaptaba.-. y hace tanto que no hacía largas respuestas, ni escritos.
Crónicas nocturnas.
¿Y qué si era de noche? ¿Por qué limitarse? Sus clases habían terminado hacía ya dos horas, pero, ¿que importaba? A Juls le fascinaba pasar el tiempo en Yale. A veces se cuestionaba el hecho de que sus padres decidieran conseguirle una casa en lugar de simplemente internarla en la Universidad. Son cosas de ellos, se decía. Por algo lo hicieron, así que será mejor no cuestionarlo.
Suspiró profunda y lentamente. Estaba cansada. Necesitaba irse a casa, pero claro, estaba a más de una hora de distancia. Sería mejor salir lo más pronto posible.
Así que caminó, con el paso tranquilo, por las calles de Nueva York. Entonces se encontraban desiertas. Demasiado desiertas. Tal vez. Fue entonces que sintió una presencia detrás suyo. El terror comenzó a invadirla. No tenía más de una semana en la ciudad, ¿de verdad podría pasarle algo tan pronto? ¿Quién sería la persona detrás suyo? ¿Un ladrón? ¿Alguien que pretendiese hacerle daño? ¿Cualquier persona a la que no le interesaba su presencia allí? No sabía. No supo entonces, si fue el miedo, o la adrenalina, lo que le impulsó a caminar un poco más rápido.
Sabía bien lo que esa chica sentía, o al menos lo sintió cuando era más pequeña y salía por primera vez en las calles de Brooklyn, antes vivía en la peor parte de la ciudad. Supo entonces; cómo la chica comenzaba a sentir cosas que le incrementaban el miedo, pero ella era la que lo alimentaba, pues detrás de ambas, no había nadie más, había decidido bajarse de la bicicleta porque ya no aguantaba más el dolor, aunque eso significaba retrasar más la hora de llegada a casa.
—¡Hey!— Exclamó para llamar la atención de la chica a su frente. —Yo no te voy a asaltar, está bien que tenga esa apariencia, pero no hago más daño que unas palabras pueden causar. —Trataba de llamar la atención de la chica, y a la vez calmarla. —Y no hay nadie más detrás nuestro.
...
La chica sale del trabajo con un café en la mano y camina por las calles de la ciudad haciéndose espacio entre la gente cuando alguien la empuja logrando que su café caiga en los pies de alguien –Maldición lo siento –susurra mientras hace una mueca mientras alza la mirada.
Parecía que el destino estaba en su contra, era como si no quisiera que llegara pronto a su casa sana y salva. Minutos antes, se había enterrado el manubrio en el vientre, gracias a que a un "hombrecito de esos riquillos" se le habían caído las llaves. Y a pesar, de ir sobre Mily, le había caído gran cantidad del líquido obscuro. ¡Lo que le faltaba! —¿Maldición? Creo que esa es mi frase. Pero... después de todo lo que me ha ocurrido hoy, me temo que es lo mínimo. No te preocupes. —Decía con evidente molestia en la voz.