- A qué hora salgo para allá?.
- Te aviso cuando llame al taxi.
Era la tercera vez que nos veíamos, la segunda vez fue un tanto incómoda. Había sido en su conjunto, no hablamos más de una hora. Fue como un bache, pero nos habíamos visto de nuevo y ya eso era suficiente.
- Estoy llegando ya, la señora que me está haciendo de taxi no sabe exactamente dónde es.
- Ya bajo- Le dije. Me metí un par de galletas en el bolsillo y un envase de plástico pequeño con Nutella para regalárselo.
- Esta señora se perdió. Acabo de pasar por una clínica que está en la avenida.
- Dile que retorne y en el primer cruce a la derecha, que entre. Verás el conjunto al lado del colegio que según tú, nunca ha existido.
Se bajó del taxi vestido de negro de pies a cabeza. Negra la franela, negro el jean roto a la altura de las rodillas. Perfectamente peinado y con un perfume que me saludó primero que él. Seguía sin gustarme por completo ese perfume.
Le dí la mano y lo abracé. Ya en ese momento el corazón había retomado su ritmo normal y yo podía gesticular palabra.
- Ves que no es tan difícil? Estamos cerca y ahí está el colegio. No hay pérdidas.
- Lo del colegio aún lo dudo.
- Lo viste en Google maps y aún lo dudas?
- No sé- Me vio como quien busca descubrir una mentira. Me reí.
Le mostré el conjunto donde vivo como lo había hecho él días atrás. Le enseñé cuál era mi casa.
- Nos quedaremos aquí en estas escaleras a la piscina para hablar tranquilos. Si subimos al apartamento no habría problemas, pero sería incómodo.
Nos sentamos a hablar de decenas de cosas. De medios, de periódicos, de Juego de tronos, de los menos de seis grados de separación entre nosotros, de sus amigos, de los míos, de nuestras familias. Lo escuchaba con atención mientras lo detallaba. Sus manos regordetas del tamaño de las mías, lo blanco de su piel, sus ojos casi chinos delineados naturalmente, su 1.68 parecido a mi 1.62. Debíamos vernos muy bien en foto juntos. Estaba emocionado. Feliz.
- Deberíamos practicar tu inglés ahora, tenemos días sin hacerlo- le quise cambiar el tema por un momento, hablándole de una canción que habíamos quedado en escuchar juntos. Algo de un grupo que por primera vez escuchaba, Love of lesbian.
- No, no, después escuchamos la canción, eso puede esperar. Practiquemos un rato. A partir de ahora todo en inglés.
- Ok, pero me tienes paciencia. Voy a hablar mas lento que tú para no decirte cualquier sinsentido.
Empezamos a hablar y en medio de una frase inicial se detiene - ya va, que por estar imitando acentos, siento que a veces no se me entiende.
-Qué acentos sabes hacer?
-El de negros del Bronx un poco- empezó a hablar como una versión de Kevin Hart o Queen Latifah. Me reí de lo bien que lo hacía.
-Bueno el británico también- al momento estaba al frente de una versión chubby y guapa de Lyam Payne que me encantó. Mi entrepierna lo aprobó.
-Sigue hablando con ese acento. Me gusta cómo suenas. Se te oye muy natural y yo siento una debilidad enorme por el acento británico.
El tiempo pasaba como si nada, fumábamos, nos reíamos, hilábamos un tema y otro como quienes se conocen de años. Pasábamos de hablar de los brujos caraqueños, a intercambiarnos series, de acompañarme a ver Dunkirk al cine, a acompañarlo yo a su trabajo como fotógrafo. No quería que se acabara la noche, sentía que estaba en una de las mejores.
Seguíamos hablando en inglés cuando salió el tema del beso. Del primer beso.
Yo había descartado que ocurriera ese día por un sinnúmero de razones, las escaleras de un caney, en un conjunto de edificios con vecinos de ventana, como en todos los edificios; yo no tengo 22, él sí. Además, él ya me había comentado el valor que le daba al contexto de sus primeros besos. Esa noche era todo menos visualmente memorable. Esa percepción estaba a punto de cambiar.
- Yo no quiero que sea hoy. Y me he preparado mentalmente para eso.
- Por qué no quieres que sea hoy?
- Porque esta noche no tiene nada de lo que me gustaría que hubiese cuando te bese por primera vez. No hay estrellas, ni siquiera la luna que te gusta tanto se logra ver entre tantas nubes. Estoy en desventaja.
- Pero qué tiene de malo esta noche- su cara miraba hacia el cielo- tenemos este cielo sobre nosotros, no está haciendo calor, estamos los dos aquí. No le veo lo malo.
- No. Ya te dije que no- jamás en mi vida había demostrado tanto carácter en una situación como esa. En realidad quería que fuera bonito, que fuera inolvidable para él.
- Tus manos son más de hombre que las mías. Dame tu mano.
- De qué hablas? Mis manos son pequeñas, no tienen cayos. Las propias manos de quien nunca ha pegado un bloque. Cero trabajo duro.
- Sí, pero tienen venas y nudillos más anchos. Las mías no- Sí, ciertamente sus manos eran incluso más "limpias" que las mías. Más computadoras que yo, más cámaras que yo, más piano que yo.
Nos tomamos de la mano con la mirada enterrada en el otro. Quería besarlo en ese momento, ahí, en las escaleras, con el cielo ese para el olvido y con cualquier vecino esperando que pasara eso para horrorizarse y gritarlo en algún grupo de Whatsapp.
-Juguemos- me dijo. Los cuatro dedos de su mano derecha se apretaron contra los míos, dejando nuestros pulgares frente a frente.
-Está bien, juguemos. Pero, hey! Es solo un juego, no es un campeonato mundial de batalla de pulgares ok? Tómalo con calma y deja el espíritu competitivo a un lado por un momento. Si ganas, bien, si no ganas, no pasa nada.
-Yo siempre gano- Me picó el ojo y supe que en realidad lo estaba viendo como un campeonato de pulgares transmitido en vivo por ESPN.
Cuando ya estábamos por empezar, la exigencia -Si gano, me darás mi premio-
-Ok, le respondí restándole importancia.
Mi pulgar estaba esperando por el suyo, que se moviera. Nada. Empecé a buscarlo y cuando el suyo de acercó al mío, quitó los ojos de nuestros puños, me miró -deja el miedo, es solo un juego, nada más- subí la mirada -yo sé que es solo un juego, no soy tan competitivo como tú- No había terminado la frase cuando ya mi pulgar estaba aplastado por el suyo. Vencido, subo la mirada y cuando lo veo a los ojos de nuevo, su sonrisa y luego con perfecto acento británico "I win". Lo miré a los ojos y lo besé en los labios por un segundo. Sin soltarnos los puños pisó de nuevo mi pulgar con el suyo. De nuevo la sonrisa y de nuevo en inglés: "I win again". Lo besé nuevamente por varios segundos. En mi cabeza saltaban fuegos artificiales por doquier, mientras mi Yo sentado en una silla de director de cine le gritaba emocionado a su numeroso equipo de "minis me": "Lo tenemos señores. Acabamos de producir el momento más cinematográfico de 2017 para este tipo. Felicitaciones!".
Los "minis me" aplaudían mientras los fuegos artificiales acababan y yo ponía esa noche en mi top 3 de las mejores del año.