You’ve just got to be personable and talk to people, even if you don’t want to. Put on a happy face and buck up. Grow a pair of balls, don’t be a little wuss.
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...
Estaba a punto de irse aĂşn con mal humor, hasta que vio que no le habĂan dado bien el cambio. Molesto se regreso y vio al que estaba detrás de Ă©l hablando con la cajera. ParecĂa que le estaba pidiendo disculpas por lo ocurrido. —Si ya terminaste de hablar con tu noviecita, supongo que puedes irte.—DespuĂ©s de esto mirĂł a la cajera molesto y se acerco a esta. —Creo que no sabes contar bien, o tu maquina no sirve. —Le dio el ticket y le mostro el dinero que le habĂa dado esperando a que la chica reaccionara.
Al momento de escuchar la voz del muchacho que creĂa habĂa abandonado el recinto, no pudo evitar sobresaltarse pues, debĂa admitir, su presencia le daba una mezcla de sentimientos que fluctuaban entre la sorpresa y el temor. Nervioso, se apartĂł con la intenciĂłn de que el joven pudiese realizar tranquilo sus trámites, sin interĂ©s alguno de molestarlo. Lamentablemente sus piernas no estaban de acuerdo con sus decisiones, por lo que en vez de hacerse a un lado suavemente, terminĂł enredándose con su propio cuerpo y empujando ligeramente al chico. Si bien no fue más que un pequeño toque, tuvo la fuerza suficiente para desatar una cadena de reacciones que no podĂan tener un buen resultado para Thomas: en primer lugar, las monedas que el desconocido tenĂa en sus manos terminaron rodando por el suelo de todo el recinto y, en segundo lugar, su botella de agua, a penas abierta, golpeĂł el suelo con la fuerza suficiente para terminar de abrirse y desparramarse por todos lados, incluyendo el calzado de ambos muchachos involucrados. SintiĂł como los latidos de su corazĂłn aumentaban a medida que el tiempo se detenĂa. AlzĂł la vista intentando mantener la calma y evitar el contacto visual con el joven, mientras balbuceaba algo que sonaba como una disculpa pero que, en realidad, no eran más que un montĂłn de sonidos ininteligibles. Estaba completamente mudo.
...
Niklaus esperaba en la fila para pagar un refresco que habĂa comprado. La cajera era tan lenta que llego a frustrar al chico. RodĂł los ojos una y otra vez molesto. Se cruzo de brazos con el rostro aparentando enojo. Si la persona no se apuraba arrojarĂa su refresco que aĂşn no pagaba a la cabeza de esa cajera. Descanso los brazos, y mirĂł con enojo la caja. —Querida si no quiere terminar golpeada por esta botella será mejor que te apures. —Dijo en voz alta dirigiendo aquello a la persona que se encargaba de cobrar.
HabĂa salido de su hogar con la intenciĂłn de tomar un poco de aire, pero el calor del ambiente no lo acompañaba asĂ que decidiĂł cambiar ligeramente su rumbo y dirigirse a la tienda a comprar algo para calmar su sed. Una vez allĂ, no tardĂł mucho en elegir una botella de agua y ponerse en la fila. NotĂł que la cajera se tardaba bastante, pero no se hizo mayor problema pues no tenĂa apuro alguno. Sin embargo, parecĂa que el muchacho que estaba delante suyo no opinaba lo mismo. ObservĂł el alboroto un poco avergonzado y preocupado por la integridad de la muchacha. No era de aquellas personas que intervenĂan frente a cualquier situaciĂłn problemática, por lo que esperĂł a que fuese su turno para dirigirse a la cajera. —Uhh... lamento... lo que ha ocurrido. —se disculpĂł, mientras realizaba la transacciĂłn y esperaba que el joven que se encontraba antes en su posiciĂłn no lo escuchase.
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Su cuerpo se relajĂł inmediatamente al notar como el chico tranquilizarse y dejar los temores a un lado. TenĂa una especie de conexiĂłn con Ă©l, y siempre notaba cuando su cambio de humor pasaba. Al menos cuando estaba a su lado.Â
Andrew era una persona reacia al contacto humano, pero como con muchas manĂas y miedos que tenĂa solo, parecĂa buscarlo cuando estaba con Thomas. Su piel cosquilleaba y dolĂa cada segundo que no pasaba con la del rubio tocándola. Por eso, no le importĂł que el chico cogiera sus manos, de hecho un peso que no sabĂa que tenĂa en sus hombros desapareciĂł. Su impresiĂłn de que Thomas estaba enfadado con Ă©l o no querĂa seguir con aquello ya no era tan real, y eso le hizo todo lo feliz que podĂa estar en un lugar como aquel.Â
“No importa, vamos a mi casa.” suspirĂł. Ahora que Imperia no estaba, vivĂa solo hasta que le reasignaran una nueva pareja, y le venĂa increĂblemente bien. Tener la casa vacĂa para Ă©l y ocasionalmente el rubio era una cosa que quizá solo tendrĂa una vez en su vida y no iba a desaprovecharla. Si alguien les veĂa, solo tenĂa que decir que eran amigos. Todos se creĂan eso.Â
Su corazĂłn pareciĂł explotar cuando sus labios entraron en contacto, abrazando al chico por la cintura y bebiendo del beso como si no volviera a besarle nunca más. EmitiĂł un quejido casi imperceptible cuando el chico se separĂł pero al escuchar el susurro besĂł el cuello del rubio, que le habĂa quedado tan convenientemente expuesto, con cariño. “Lo sĂ©. Pero pensaba que te ibas a ir. ParecĂas tan dispuesto a dejarme…” susurrĂł con voz cansada. “No puedes hacerlo. Por favor.”Â
Se sentĂa vulnerable pero por alguna razĂłn no le importaba que Thomas le viera asĂ. QuerĂa compartir todas las cosas de su vida con el chico, y sus diferentes modos de ser eran parte de esas cosas.
—¿Estás seguro? —preguntĂł, temeroso. El parque no era el mejor lugar para estar juntos, pero tampoco lo era la casa de ninguno de ellos. HabĂa tres cosas en el mundo de las que Thomas estaba totalmente seguro: uno, darĂa su vida por Andrew; dos, La Sociedad tiene ojos en todas partes y tres, odiaba a La Sociedad. La odiaba por no dejarle vivir su vida en paz y plenitud, la odiaba por sus estĂşpidas tradiciones y, por sobre todo, la odiaba por no permitir que Ă©l y su amado pudiesen realizar las actividades más comunes del mundo.Â
Ansiaba poder salir a caminar de la mano de Andrew como lo hacĂan todos sus vecinos y amigos. Ansiaba poder acurrucarse junto a Ă©l en las butacas del cine y dejarse llevar por lo que veĂan en la pantalla sin temor a que alguien les increpara. DespuĂ©s de haberse sentido incompleto y ajeno al mundo por tantos años, por fin habĂa encontrado un espĂritu afin con quien compartir hasta el lugar más recĂłndito de su alma y su mayor temor era que por un descuido se lo arrebataran de los brazos. No podĂa permitirse el lujo de si quiera pensar en perder a Andrew.
Hizo a un lado estos pensamientos rápidamente y se obligĂł a volver a la realidad, esforzándose por recordar la sensaciĂłn de las manos del muchacho a su alrededor y disfrutar del suave cosquilleo que el contacto con ellas producĂa en lo más profundo de su ser, que se hizo notorio cuando, al notar los labios del castaño posarse sobre su cuello, respondiĂł con un suave estremecimiento.
 —No lo haré. —prometió— Lo nuestro es algo que ni La Sociedad puede eliminar. —declaró mientras se aferraba al brazo del muchacho, emprendiendo la marcha hacia el hogar del castaño.
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...
No sabĂa porque pero aquel chico le agradaba. Además de que su sonrisa le daba confianza. Tal vez si se lo volvĂa a encontrar se harĂan buenos amigos. Kimberly no era  de tener amigos. Ya que su humor solĂa cambiar constantemente. Y habĂa veces donde trataba mal a las personas. Pero con Ă©l no sentĂa la necesidad de ser mala. Aquellas actitudes se debĂan a que por mucho tiempo las personas la habĂan hecho sentir mal. Y sentĂa que era su tiempo para demostrar que nadie podĂa hacerla sentir asĂ. Aunque notaba que su amabilidad aquella semana habĂa estado muy presente. —SerĂa bueno si lo hicieras. —RespondiĂł y le dio el ramo de flores para que asĂ la ayudara. —Yo soy Kimberly, un gusto.—Le darĂa la mano pero ambos las tenĂan ocupadas.
No tuvo problemas al aceptar las flores de la chica, habĂa notado que tenĂa un carácter particular y no tenĂa intenciones de alterarlo, por lo que al momento de verse requerido, asintiĂł sin vacilar. RecogiĂł el ramo con una mano y lo acomodĂł entre sus brazos.— ÂżEstás segura de que no necesitas ayuda con alguna otra cosa? —inquirió— Puedo cargar más de un racimo, Kim... berly —añadiĂł, con cautela, no querĂa sonar irrespetuoso.Â
Al moreno el rechazo repentino le hizo daño, lo admitĂa. HabĂa echado mucho de menos a Thomas todo ese tiempo y solo querĂa besarle y pasar toda su vida con Ă©l. Extrañamente, tambiĂ©n se sentĂa un poco orgulloso de sĂ mismo por haber conseguido ser silencioso y haber asustado al rubio. En su trabajo siempre decĂan que era demasiado ruidoso cuando tenĂan que entrar en la casa de alguien. HacĂa muy bien su trabajo, asĂ que no podĂan decirle nada sobre eso. “Te echaba de menos” admitiĂł Andrew, respondiendo al chico. Era verdad, no se lo podrĂa negar a sĂ mismo. HabĂa pasado toda su vida engañándose a sĂ mismo sobre su sexualidad, y ahora que habĂa conseguido encontrar a una persona con la que no tuviera que esconderse, no podĂa encontrar la manera de seguir haciendo eso. El chico le liberaba de una manera que nadie podrĂa haberlo hecho. “Claro que podemos, nadie nos puede encontrar ahora, crĂ©eme. No podĂa estar sin ti ni un minuto más, necesitaba saber que no estabas muerto. Que todo habĂa salido bien en el simulacro.” expresĂł con tono preocupado, dejándose llevar hasta debajo del árbol. BesĂł ligeramente a Thomas antes de que el chico empezara a quejarse, cogiĂ©ndole por sorpresa. “Vamos, Tommy, no tengo a nadie más. No puedo perderte.”
EscuchĂł atentamente las palabras del muchacho y notĂł la amargura en su voz, conocĂa esa expresiĂłn en carne propia y no le fue difĂcil identificarla en su compañero, haciendo que el peso de lo que habĂa dicho anteriormente se posara sobre sus hombros y llegase a entender lo que habĂa sido su reacciĂłn para Andrew.Â
No hicieron falta más que esas cuatro palabras para que todo el temor y preocupaciĂłn que habĂa sentido hace unos minutos abandonara su cuerpo y fuese reemplazado por otras emociones más agradables. No estaba tranquilo, jamás iba a estarlo, no hasta que el funcionamiento de sus realidades cambiase, pero eso era imposible.Â
MirĂł al chico a los ojos y, sujetando sus manos, emitiĂł una breve pero sincera disculpa.— Lo siento mucho... —dijo, con suma cautela. No querĂa entregarle una impresiĂłn equivocada al castaño, como si no le importasen sus sentimientos, pero le parecĂa difĂcil expresarse verbalmente. Lo suyo era el contacto fĂsico, sentir a su acompañante y sentir que lo que ocurrĂa era real.
DebĂa reconocer que en un momento la cercanĂa con el rostro de Andrew lo sobresaltĂł. HabĂan pasado dĂas sin haberlo sentido tan... suyo, y le parecĂa agradable, pero mantenĂa la convicciĂłn de que no se encontraban en el mejor lugar para un reencuentro romántico.Â
Sin embargo, decidiĂł confiar en las palabras de Andrew y, bajo la seguridad de la noche y la intimidad que les brindaba el pequeño bosque a su alrededor, intentĂł dejarse llevar por las acciones del chico. EntendĂa sus sentimientos porque Ă©l tambiĂ©n los habĂa vivido. Redujo el espacio entre ellos y aferrándose al muchacho como no lo habĂa hecho en tanto tiempo, decidiĂł corresponder el beso que anteriormente habĂa evitado.— No te preocupes, —dijo, alejando su rostro y acercando su boca al oĂdo del castaño— aquĂ me tienes. —susurrĂł, casi imperceptiblemente.
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—Yo soy un poco fan de la fotografĂa, pero me gusta auto fotografiarme y a cosas lindas que vea. La verdad mi cámara está llena de fotos mĂas y de mis amigos.—Confeso al mismo tiempo que reĂa un poco. —Eso está bien, supongo.—AsintiĂł estando de acuerdo con el rubio. Escucho al chico y mirĂł los lirios. —Oh, se ven muy lindas. La pared de donde las quiero poner es blanca, cualquier color resaltarĂa muy bien. —ComentĂł pensando si en llevar aquellos tambiĂ©n. —Creo que irĂ© muy cargada a casa. —SonriĂł y tomo el ramo de flores que el chico le mostraba.—¿TĂş piensas llevar algo?—PreguntĂł sonriendo.
No pudo evitar reĂr ligeramente ante la honestidad de la chica.— ¡Está perfecto! —comentĂł, entre risas. No sabĂa por quĂ©, pero habĂa algo en la muchacha que le provocaba una sensaciĂłn de tranquilidad, especialmente al escuchar su risa. AsĂ, no tardĂł en sentirse cĂłmodo frente a la presencia de esta nueva interlocutora, cuyo nombre aĂşn desconocĂa.— Pues... no, la verdad. —dijo— sĂłlo estaba dando un paseo. —comentĂł, pensando un par de segundos en lo descortĂ©s que estaba siendo.— ¡S-Si quieres puedo ayudarte! —balbuceĂł, estirando los brazos, listo para recibir un par de racimos de flores de manos de la chica.— Uh... soy Thomas, por cierto.
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AsintiĂł levemente dirigiendo su vista hacĂa la cámara del chico que no habĂa notado. Curiosa decidiĂł preguntar. —¿Eres fotĂłgrafo? Quizá sea un hobbie. —Se respondiĂł a si misma mostrando una sonrisa ligera. —¿Éstas? Son para adornar una mesita que está en la entrada de donde vivo. Creo que los colores animaran el lugar. —Dijo ladeando la cabeza mientras observaba las flores que llevaba en sus manos. DesearĂa poder comprar más pero no podrĂa cargar tantas ya que habĂa ido caminando.
EscuchĂł atentamente las palabras de la chica, asintiendo con su cabeza.— AsĂ es. —confirmĂł los pensamientos de la muchacha, al tiempo que le enseñaba su cámara.— Me gusta pensar que es tanto un trabajo como un hobbie. —sonriĂł.— Hmm... Siento que su color me tranquiliza más que darme energĂa... —comentĂł, mientras observaba el resto de flores del lugar.— ÂżNo te parece que podrĂas usar algĂşn color un poco más fuerte? —preguntĂł mientras tomaba un ramo de lirios anaranjados.— ÂżQuĂ© te parecen Ă©stas? —dijo, con un poco de nerviosismo en su voz, mientras se acercaba a la chica. Esperaba no sonar imprudente.Â
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Aquel viernes la chica de cabellos rojizos claros, decidiĂł ir a una tienda para comprar flores para adornar el lugar donde vivĂa. No sabĂa mucho sobre estas, solo lo básico. Pero al acercarse a unas de color rosa claro que venĂan junto a otras moradas, sus ojos se abrieron y las miro animada. Le habĂan gustado. Pero se preguntaba si podĂan tenerse dentro o a fuera. Tomo en sus manos las flores y camino hasta donde estaba la persona encargada. Pero antes de llegar observo a una persona viendo unos tulipanes. —Hey, esos son lindos. —ComentĂł con una voz más animada de lo normal y mostrando una grande sonrisa, aquel dĂa se encontraba de buen humor.
No tenĂa mucho que hacer ese dĂa, asĂ que decidiĂł ir a pasear por el mercado de flores, uno de sus lugares favoritos de la ciudad. DespuĂ©s del cielo nocturno, las plantas y flores eran sus cosas favoritas para fotografiar. Llevaba unos cuantos minutos de caminata cuando se detuvo a retratar un par de tulipanes especialmente bellos. Estaba en eso, cuando escuchĂł una dulce voz a su lado. Se volteĂł con curiosidad y le brindĂł una sonrisa ladina a la joven. —¿Tu crees? —preguntĂł, dirigiendo la mirada a las flores de la joven.— Las que llevas allĂ tambiĂ©n son muy bonitas. —dijo, sonriendo nerviosamente.