No están escritos.
Siempre ignoré los títulos cuando los escribía, En realidad ni los pensaba, buscaba lo alternativo. Me alterna la austeridad, me fatiga el cambio, tedio estruendo, me engriseo el fuego, ¿En dónde estoy? ¿En quién me convierto?
Me falta al mismo tiempo, todo, Aunque de ello no carezco. Las cavidades de la necesidad me iluminan la herida. El historial se hace mártir, me romantizo, me auto simbolizo. Y como siempre bajo los escritos, me desvanezco. Aunque el tiempo me alcance, Siento el paso curvo desde el odio interno. Desconozco la entrada y sobretodo la razón. Aun siendo consciente de la novedad, la exploración de la rabia, La impotencia, La falta de congruencia.
El hábito nace, Adornan los colores de las líneas, Marmoleo de onda, Soledad salina, cristalina, profunda, brillante, de aroma agua, Húmeda… que empapa.
La nostalgia asomada, como que espiando, Ojos negros, vacíos y fríos que inspiran soledad, Ella de fondo a la esquina de un cuadro aparece, Paralizando a la vista con helado aliento al testigo.
Al ser libre me obstruye la libertad, La casi nula satisfacción es vana. Por su cuenta, el drama a la espera, Por las letras que todavía no son escritas.























