Agua Zarca (parte final)
Nuestro último día, sin duda fue mágico. Conocimos a Doña Paula, que es una de las mejores panaderas de la localidad, nos platicó de la historia de fundación de su panadería y como de pasar de hacer ventas en su “canastita” casa por casa, llegó a enviar pedidos hasta Estados Unidos.
Aprendimos cómo llevaban a cabo la elaboración de pan en hornos de leña y el amasado en recipientes de madera artesanal.
Después de allí, acompañamos a otras cocineras tradicionales a conocer cómo elaboraban el “zacahuil”, degustamos la diferencia entre la cocción de Agua Zarca y la de San Luís potosí y los diferentes sazones en las salsas rojas que acompañan la carne de cerdo.
Conocimos la huerta familiar de Doña “Nori” y nos platicó de cómo era su vida de jóven, la cantidad de plantas que crecían y crecen cerca de sus tierras y la forma en que acostumbraban cocinar. Elaboramos queso con la ayuda del metate, aprendimos a “hacer lumbre”, elaborar bolillo de agua y como limpiar las tripas del cerdo para hacer chorizo.
Después conocimos a la bisabuela de Nahomi, la cual fue la “curandera” durante mucho tiempo de la Agua Zarca y cumplía el papel incluso de partera. Ella nos enseñó sobre la herbolaria local, los ciclos de la luna y su importancia con los partos y malestares en general, las emociones y hasta cómo arreglar un ovario caído.
Concluyendo con broche de oro con una de las visitas más esperadas al inicio de nuestro viaje: Conocer el origen del caldo de “chiles rayados”. Para ello, visitamos “mesa del jawey” donde hemos de confesar que toda la comida sabía deliciosa. Si pensábamos que el sazón de Agua Zarca (centro) era rico, esta comunidad los dejaba atrás. Los productos que ocupaban para hacer sus comidas diarias, eran sacados directamente de sus matas, en estufas de leña y realmente era algo mágico, no solo la comida sino las buenas pláticas entre familia y su propias descripción de aquellos platillos que estábamos degustando.
Sin duda alguna es un lugar que necesitábamos más tiempo para disfrutarlo, pero eso solo nos exhorta a hacernos otro espacio en la agenda para hospedarnos nuevamente entre las verdes montañas.















