"Esa chica nunca se separa del ordenador." "Siempre esta en su propio mundo." "Se encierra y no se expresa." "Es obvio que le falta madurar..." "Esta claro que tiene problemas." No, eso no es verdad, eso es lo que piensan al ignorar su
estado, ¿acaso no lo sabian?, ella vive un tormento, por eso se encierra, creo su propio mundo, un lugar donde nadie podia tocarla, herirla, corromperla, un mundo perfecto, pero vacio.
Estos "problemas" que todos destacan, fueron creados por ellos mismos, las miradas, palabras, secretos, no lo soportaba, vivir en un lugar perfecto para que luego todo se quebrase en sus manos, una estructura que para ella siempre habia sido la ideal, no era más que una vil mentira, ya no lo soportaria, tantos años creyendo ciegamente en los mismo, tantos años deseando la perfección, ese amor, siempre se repetía "va a pasar..." se subía el animo constantemente, optimista, única, ahí su error.
Esa niña, que se sienta al final, en una esquina, se encadena a sus aparatos, no los suelta, los necesita, son vitales para que ella viva, son necesarios, para poder seguir caminando. Esa niña, que mantiene una sonrisa, se cansa, ya no puede más, la irrealidad le trae soledad, ¿cómo puede vivir sola pero protegida?, esta a salvo pero frágil; delicada, se tensa constantemente, se preocupa por cada detalle, la perfeccion, aquello que jamas obtuvo, aun lo busca.
La esperanza sigue en su corazon, ¿pero por cuanto tiempo?, en algun momento recibira un golpe de realidad, es imposible, nuca cumpliria su meta....
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Tenía sueño, probablemente sean muchas incoherencias, c: algun dia terminare esto.
Nuevamente, la respiración del joven se iba apagando a medida que avanzaba el tiempo, tic tac, sonaba el reloj acompañando aquella triste agonía, la cuál cada vez parecía alargarse más. El joven abrió los ojos, un espacio negro y vacío le abrazaba, recordandolé los brazos maternos de su niñez, tanto tiempo había pasado, tiempo que él había perdido en cosas absurdas que para ese entonces parecían inútiles, pero en su momento, eran una dicha.
En su eterna agonía comenzó a recordar con detalles los sucesos más relevantes en su vida, aún lograba recordar cada pequeño e infimo punto de aquella majestuosa pintura que se había encontrado escondida en la habitación de su amigo, el rostro de vergüenza y tristeza que dejaba mostrar en cuanto su secreto había sido descubierto, el golpe que le dio luego de alabarlo, la forma en que gestionaba sus palabras, la expresión de sus ojos, los movimientos de brazos, aquellos aleteos llenos de desperación que asemejarian el como se vería un pingüino tratando de volar; en seguida, el joven esbozó una sútil sonrisa; prosiguió por recordar las frases que aullaba el adolorido muchacho. -¿Por qué entras sin permiso? ¡T-te dije que no podías!- Aquél grito con tartamudeos y respiraciones agitadas, escondiendo un frágil corazón que estaba a punto de ser quebrado, "¿cómo pude ser tan estúpido?" pensó junto un agobiante dolor, no podía asegurar si era su corazón el herido o aquél golpe que había recibido, ¿cómo podría hacerlo?, los dolores eran tan parecidos, ¿eran?, lo siguen siendo, esos dolores que te quedan grabados en la mente, que al sentirlos de nuevos te traen mil y un recuerdos, los cuales deseas eliminar en ese instante, pués en esa situación había entrado el muchacho. En su vida pasada, su característica más "buena" era su gran memoria, tan amplia, lograba recordar todo, ahora eso le atormentaba, recordando todo lo que no deseaba, en ese momento, lo que más deseaba era un golpe en su cabeza, pero no había nadie ahí para darselo, ni siquiera para ayudarlo, no, el se encontraba solo, todo por sus errores, uno no suele tomar malas desiciones de una manera continua, pero él se había empeñado en hacerlo, siendo cegado por una mala influencia, siempre creyó que era lo correcto, si hubiese sabido que le traería a este futuro, jamás lo habría hecho, no sería tan idiota.
-Ayuda...- Un frío susurro logró escaparse de sus labios, junto a una pequeña lagrima que recorrió su mejilla derecha, poco a poco la situación se iba aclarando, ¿dónde se encontraba?, aún no lo sabía.
Tic toc, el reloj no paraba de sonar, parecía hacerlo cada vez más fuerte, con el fin de idiotizar aún más al muchacho, sería algo bastante cómico, por su puesto, en dicha situación, cualquiera querría vengarse de él. Al rato después un luz blanca y exageradamente brillante le cegó por segundos, parpadeo con el fin de aclarar su vista, una habitación parecida a la de una pesadilla lo encerraba, con lentitud comenzó a sentarse, sintiendo un dolor electrizante que recorría toda su espalda, una vez sentado, pasó a examinar la situación.
La habitación era de un color brillante, parecida a la de un hospital, tenía cerámicas blancas que cubrían todo el piso, una pintura blanca manchada cubría las paredes, se notaban manchas de varios tonos, unas rojizas, que sin duda no quería saber de donde provenían. Elliot giró su cabeza para encontrar una sola puerta, blanca, esta era de color metálico, a diferencia del resto de la habitación, relucía de manera única, bastante extraña, atemorizante para el muchacho, en la parte superior se lograba ver un pequeño cuadrado de vidrio, tapado con un papel, aún no se explicaba que era lo que ocurría, ¿era esto un sueño? ¿una pesadilla?, no podía responderlo por si mismo, ya empezaba a creer que había perdido todo rastro de cordura, aluscinaciones, eso debía ser, ¿no?.
Unos pasos interrumpieron su tediosa meditación, un chillido que parecía infernal le hizo, de manera automática, tirarse hacía atrás para volver a fingir que dormía, ¿volver a fingirlo?, no lograba recordar con claridad, por primera vez, pero sentía que ya había ocurrido todo esto. Los pasos parecieron acercarse con lentitud y fuerza, deteniendose justo a su lado, la respiración del muchacho comenzaba a cortarse, una tensión recorrió su cuerpo junto a un miedo casi del inframundo, tenía intenciones de abrir los ojos, pero no podía, mejor era que creyesen que estaba muerto, o si no el tormento continuaría, aún que no sabía si en realidad lo estaban torturando. La figura que yacía junto a él comenzó a examinar su brazo izquierdo con delicadeza, parecía un toque angelical, algo fuera del mundo en el cual se encontraba, pronto, se acercó al rostro del muchacho, un contacto tan frío que logró erizar la piel de este, la respiración sonaba como una caldera a punto de explotar, el miedo había retornado, ¿miedo?, no, esto era más que eso, a penas lograba respirar debido al terror, la respiración se detuvo, y en seguida la boca de la persona conjunto se abrió lentamente, Elliot no soportó más, abrió los ojos rapidamente para ver un ojo azul pálido, que le hipnotizó en seguida, la boca articuló unas palabras que sonaron como el viento al pasar entre las hojas "ten cuidado." fue todo lo que logró reconocer entre tantos murmullos.
Elliot abrió los ojos de manera precoz y llena de pánico, se encontró con un techo blanco común, se sentó rapidamente para examinar en seguida su alrededor, estaba sobre su cama, en su habitación, se tocó la frente para quitar aquél sudor frío, todo había sido solo una pesadilla, paseó su mano hasta llegar a su cuello, un cuello que se encontraba vendado, un dolor punzante le recorrió aquél lugar, el muchacho bostezó para volver a acostarse. "Maldigo esta memoria..." pensó al cerrar los ojos para caer nuevamente en un eterno sueño, del cuál deseó no despertar más.
Autor: Un pequeño escrito, ¿adivinan de que es?, exacto, vampiros, vampiros feos y malvados, nada parecido a crepúsculo. :D
No lograba conciliar el sueño, luego de 10 horas de eterna tortura, Louise no podía ni siquiera pestañear un solo ojo, un dolor horroroso le cubría la parte frontal de su cabeza, introduciéndose en su pensar y actuar, la muchacha ya no era la misma de hacía 7 meses, no, ahora se veía mucho más agotada, desgastada, aquella pulcra piel blanca con pecas en las mejillas había tomado un tono más moreno, debido a su exposición al sol, sus ojos, tan azules como el mar, que solían verse alegres e inagotables, ahora se veían tristes, melancólicos, impacientes y nerviosos, bajo ellos se escondía una oscura capa de piel, que simplemente daba más a conocer su triste realidad. Louise, simplemente ya no era la misma joven que vivía con su madre, abuela y hermano, quién a pesar de trabajar e ir a estudiar seguía día a día tan viva como si no hiciese nada durante toda una semana, ¿Qué había llevado a esa muchacha a tales extremos?, en tan poco tiempo, se volvió alguien completamente desconocido, ¿Qué ocurrió?.
Ella cerró los ojos, en un intento más por lograr dormir, unos pasos le molestaban, mientras otros murmureos le agobiaban por completo. "Me encantaría volver..." pensó sin remedio ante su situación, se sentó con ambas piernas dobladas y las abrazó debido al nerviosismo que podía sentir. "Por favor, devuélveme, por favor." su mente nuevamente habló, lo que más anhelaba era irse de aquél lugar, más bien, época. No tenía más remedio, que esperar a un milagro, o simplemente ponerse en acción, pero su cuerpo ya no lo soportaría, por lo que decidió esperar, pacientemente, a que algo o alguien divino le rescatara de aquél tormento. ¿Qué tal un lindo recuerdo?, su madre siempre le decía que para olvidar las penas debía recordar todo lo bueno que le había pasado, comenzó por cerrar los ojos y recordar.
El tiempo pasaba, el sonido del reloj resonaba con un melodioso "tic tac", los pensamientos empezaron a florecer con una nitidez única, y hermosa...
Que corto me salió >< que rabia, bueno, nada más que hacer, ahora a escribir la primera parte.
"¿cómo la describiría?, pues no lo se." pensó el muchacho mientras abría de par en par los ojos, mientras aún fallaba en conciliar el sueño, se dió un par de vueltas en su cama, mirando las cosas con detención para luego plantearse una simple pregunta. "¿Qué es una descripción?", se sentó en su cama y admiró fijamente a un punto que para él estaba vacío. "¿Cómo podría describir cualquier cosa?, no creo que sea sencillo, debe tener mucho detalle, bueno, todo depende de que sea y que no sea lo que esté describiendo, si quiero hablar sobre un papel, no tendrá mucha información relevante, ya que todos son iguales, ¿o no?, después de todo, el mundo es tan relativo, para mi un papel puede ser blanco, pero no cualquier blanco, si no uno pálido, y para otro puede ser un blanco cremoso, ¿Por qué es tan difícil todo esto?" una vez terminado su pensamiento volvió a recostarse para admirar el techo.
Luego de minutos de silencio el muchacho tiró ambas manos hacia su frente, tocando con suavidad sus parpados. "podría practicar, para lograrla describir de la manera más perfecta jamás conocida, ¿no es así?. Pero, ¿cómo empiezo?, veamos." nuevamente, se sentó, giró su rostro en busca de un objeto, lo suficientemente simple como para iniciar su proceso, es ahí cuando sus miradas se cruzan, un pequeño peluche que yacía sentado sobre su cómoda le miraba fijamente, grabando todo movimiento que hacia. Thoma se levantó y se acercó silenciosamente a él, lo tomó con ambas manos, acto seguido caminó hacía la puerta y cerró suavemente.
Una vez teniendo peluche en mano, se sentó en su escritorio, encendió la vela que se encontraba a su lado izquierdo y comenzó a escribir la descripción de aquél pequeño objeto.
" Es un oso de peluche, de color marrón, tiene dos ojos negros, su cabello está, aparentemente, alborotado, tiene 4 piernitas, o bien, dos brazos y dos piernas, dos orejas semi-redondas, una nariz y boca."
Leyó su escrito reiteradas veces, algo le parecía mal en él, ¿podría ser que carecía de algo?. ¿Qué pasa si su descripción de su amada salía así de vacía?, ¿cómo es que explicaría la carencía de emociones, de amor, de sentimiento en sus escritos?, el muchacho tomó la pluma con firmeza y comenzó nuevamente a escribir sus más profundos pensamientos.
"Érase un oso de peluche, del tamañano de la palma de mi mano, con un cabello color marrón claro, que parecía asemejar el color de la tierra mojada en el campo, su rostro sostenía dos ojos redondos y brillantes, con un tono oscuro, tal como la noche del cielo oscuro. Las mechas que muestra con orgullo, parecen querer arrancar de su cuerpo, no obstante, logran encorvarse pareciendo cría en brazos maternos. Tiene dos manos, redondas, inútiles para tomar objetos, pero perfectas para mostrar su afecto, sus pies, de tal forma, que cada paso parece un corazón recién pintado bajo un lienzo estrellado."
Thoma leyó su escrito, esbozó una sonrisa para luego soltar una carcajada. Para él, era completamente insólito la necesidad de escribir tales cosas. ¿Por qué Henry insisitía tanto en ello?, dejó el pensamiento de lado, y de forma placentera comenzó a escribir la descripción de la muchacha que le dejaba sin habla, estuvo así hasta las 5 de la mañana, hora en la cuál Henry se acercó a su habitación y tocó la puerta.
- ¿Thoma, ya estás despierto? - cuestionó a su hermano desde afuera de la puerta.
Thoma no pudo responder, estaba dormido sobre todos sus escritos, los había acoplado de tal manera que tomasen la forma de un cojín, su brazo, dejaba ver una simple frase, la más importante para él.
Ya se estaba haciendo tarde y la joven Asuka seguía sentada en el patio de su casa abrazando sus piernas, lagrimas recorrían sus pálidas mejillas mientras cerraba sus ojos que parecían pesarle de una manera indiscriminada, la imagen de su madre colgada seguía estancada en su cabeza, ya habían pasado varios meses desde que eso había ocurrido, sin embargo no podía olvidar aquella horrible expresión de tristeza y soledad.
-" Así terminaré yo..."- pensó para si mientras se acurrucaba en sus propios brazos, -" Mi futuro es solo morir demente... justo como Madre..."- las lagrimas aumentaron y la respiración se entrecorto, pareciendo como si la muchacha se estuviese ahogando, se sentía tan sola y abandonada, ¿Por qué le tenía que pasar esto a ella?.
- Oi ¿Estás llorando? - Se escuchó una voz melodiosa y limpia que provenía de enfrente de la muchacha, esta se limpió las mejillas y alzó la mirada al extraño.
Era un muchacho de cabello blanco platinado, con unos ojos carmín que parecían no provenir de este planeta, tenía una mirada que calmaba a la desolada chica y una sonrisa que le provocaban ganas de sonreír también, Asuka solo se preguntó ¿quién era el chico que estaba frente a ella? y ¿Por qué se le acercó? no... ¿Por qué estaba allí? era un recinto privado ¿Cómo entró?.
- No. - comentó con voz seca y fría, se levantó y sacudió su vestido para luego mirar desafiante al delgado joven. - ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres? ¿Quién te dejó entrar?.- Lanzó las preguntas como si fuese una ametralladora disparando le a algún criminal peligroso, su mirada solo irradiaba una molestia notoria la cual suponía ella que ahuyentaría al muchacho.
-¿Yo?, mi nombre es Nagisa.- Esbozó una sonrisa aún más grande que la anterior y sus ojos comenzaron a mostrar alegría y calma, ¿Acaso era posible que este muchacho no le temiera en absoluto a la gran Asuka? ¿Cómo era esto posible?, la muchacha solo profundizó la mirada de odio y no le quitó en ningún momento los ojos de encima. -¿Qué hago aquí? aah, es difícil de explicar...- su mirada se torno un poco más triste y alzó la cabeza para admirar el cielo que estaba parcialmente estrellado, ya que la luz del sol aún se podía ver y esta no permitía que iluminasen las dulces estrellas emergentes. - Supongo que vine a conocerte. - Miró a la muchacha directamente a los ojos.
-" ¿Conocerme? ¡Qué ridículo! "- pensó con furia, a pesar de esta rabia que podía sentir al ver los ojos del muchacho se calmó por completo, su ceño levemente dejó de fruncirse y solo quedó con una expresión de indiferencia frente al muchacho para que luego esbozase una leve sonrisa, él le hacía sentir bien, ya no estaba sola. - ¡Soy Asuka!. - agrandó la sonrisa y le ofreció la mano. - Mucho gusto, Nagisa-kun. -
El muchacho tomó la mano de la chica y sacudió levemente, ese encuentro tan extraño sería el inicio de una gran amistad para Asuka, quien anhelaba un poco de compañía. -¡ASUKA-SAN!- se escuchó un grito lejano, llamaban a la muchacha a que volviese a su casa, miró hacia atrás por si venía alguien y luego miró de nuevo al chico. - Nos juntaremos aquí mañana a las 4 en punto, ¡no llegues tarde!.- exclamó con tono de jefa y soltó su mano, la muchacha realmente esperaba ansiosa tener a un amigo, pero ¿Qué pasa si el chico no acepta? ¿estaría sola de nuevo?, ese simple pensamiento le provocó escalofríos.
- Te estaré esperando. - El muchacho respondió con una dulce sonrisa y colocó sus manos en sus bolsillos, hizo una leve reverencia y partió en dirección opuesta a la cual se dirigía la pelirroja.
Así se siguieron juntando cada tarde en ese mismo lugar de la casa, el humor de Asuka había mejorado increíblemente cosa que sorprendía a todos los que le cuidaban, con el tiempo se puso más colaboradora y amable, todos apoyaban su amistad en esa casa.
Un día Asuka salió a buscar a su amigo como solía hacer, llegó al lugar de encuentro pero no le encontró, -" ¡Llega tarde!, estaré muy molesta por esto."- pensó a sus adentros, al ver que el muchacho no aparecía decidió esperarle sentada en el pasto. Pasaban los minutos y las horas y el albino no parecía querer venir, Asuka se levantó del piso y sobando un ojo solo susurró - Ojalá mañana vengas.- Y se devolvió a su casa. Pasó el tiempo y el muchacho parecía no volver a venir, Asuka lentamente empezó a volver a ser la misma de antes e incluso peor, decía que podía vivir bien sola y que no necesitaba a nadie...
- " No volveré a confiar en nadie, jamás." - esas palabras cambiaron por completo el futuro de la muchacha...